El poder del silencio
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Aquellos ruidos, voces y gritos le aturdían y mareaban. Honorato que así se llamaba el protagonista de nuestra historia, buscaba con cierta ansiedad el silencio que le permitiera reflexionar y encontrarse consigo mismo. Se había propuesto transformar su realidad, convirtiendo un mundo escandaloso en un lugar sereno y hasta cierto punto silencioso que le permitiera reflexionar sobre lo que sucedía y lo que deseaba de cara al futuro.
El estruendo permanente de la realidad no se lo permitía y le impedía comunicarse con calma y serenidad con los demás para hacerse oír y escucharlos, para pactar y conseguir nuevos logros y anular lo que los destructores de ilusiones y esperanzas intentan abrir al mundo.
El silencio tiene el poder de nos conduzcamos en la dirección correcta, de concentrar todas nuestras fuerzas en construir realidades positivas y mostrar lo mejor de nosotros mismos, de encontrar las mejores ideas para vencer las dificultades, de enterrar los rumores y andar con los pasos de la verdad.
Debemos admitir en nuestra introspección que no podemos crecer sin limites y que podemos aspirar a aquello para lo que somos capaces y no querer tener de todo o ser más que los demás. La autocracia es el peor de los caminos para poder entender lo que nos ocurre y superar la confusión y el desasosiego.
Tener la tranquilidad y la concentración para adentrarnos en nuestro interior y descubrir lo que se mueve en nuestro exterior, aprovechar el silencio buscado para encontrar ideas y palabras para expresarlas, sin perder el humor y la curiosidad para anclarnos a la vida y que nuestros tiempos de parálisis y retrocesos, lo sean de avances y progresos.
Acompañados de nuestro amigo el silencio, experimentamos vivencias y recuperamos recuerdos que nos hacen gozar de lo que cabe en un instante, encontrando en los textos que somos capaces de leer toda la profundidad psicológica que puede haber en lo aparentemente simple.
También podemos sufrir y ser protagonistas del silencio no querido y deseado, porque es impuesto por no tener nada que decir, lo que no parece inadmisible, al igual que mantener la equidistancia y la neutralidad, mientras que haya individuos que limiten nuestros derechos o nos discriminen en el ejercicio de los mismos.
Las redes sociales han cambiado la cultura de la comunicación, y el poder del silencio a través de diferentes pantallas y los hay quienes sostienen y tal vez no les falte algo de razón, que los escritores tenemos algunos gramos de locura incorporados, para adentrarnos en mundo misteriosos, transgredir el tiempo y el espacio o inventar personajes estrafalarios que nos hipnotizan y nos sorprenden.
Nuestro tesoro es el lenguaje, con el que amamos, odiamos y experimentamos lo extraño y maravilloso que es mirar las cosas y las situaciones desde fuera y desde dentro y ser capaces de decir mucho con una sola palabra o no transmitir nada por muchos vocablos que empleemos.
Vemos como lo esencial puede ser visible a nuestra mirada, mientras que lo superficial no somos capaces de verlo aunque nos lo pinten de muchos colores o nos aburrimos soberanamente aunque nos lo repitan mil veces en todos los tonos y tenemos la impresión de estar envueltos en un estribillo sin fin.
En nuestras contradicciones y conversaciones con nosotros mismos en la ceremonia del silencio, empezamos a planear lo que haremos a medio y largo plazo, cuando no sabemos que nos ocurrirá en unos minutos.