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El asalto programado de la extrema derecha a la democracia


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

“Cui prodest scelus is fecit”

“Aquel a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido”

Marco Tulio Cicerón

Estas breves reflexiones, aunque son fruto de la indignación, quisiera que resultaran divulgativas y pedagógicas. Hemos llegado a un punto, en esta era de la posverdad con sus lenguas de doble y hasta triple filo en que la extrema derecha y la derecha extrema, son un peligro real para la democracia. Si no queremos que el futuro sea un “agujero negro” hemos de tomarnos muy en serio que los neopopulismos reaccionarios, fascistoides y de un nacionalismo agresivo llevan tiempo intentando “reventar” la democracia desde dentro, poniendo así fin a un periodo europeo de significativos avances sociales. No hay más que mirar a lo que está sucediendo en la otra orilla del Atlántico. Donald Trump, Milei y otros, con sus despidos masivos de funcionarios y sus drásticos recortes en gasto social son un aviso, para quien lo quiera ver, de lo que nos espera.

La situación es ya harto preocupante. Las vigas del edificio, llamado democracia, empiezan a amenazar ruina. Parafraseando a Karl Marx, a quien casi nadie lee ni comenta, en el inicio del Manifiesto Comunista señalaba “que un fantasma recorre Europa”, hoy podemos constatar que otro fantasma se hace presente con fuerza, el del nacionalismo ramplón, insolidario, neoliberal y totalitario

Hemos sido ilusos. Hemos mirado para otro lado y nos encontramos ya con “un monstruo crecido y amenazante”. Quizás, por eso, haya que hacer un esfuerzo por regresar a un pensamiento dialéctico, antes de que lo que ha costado tanto construir, quede convertido en material de derribo --Con frecuencia, no se han analizado con rigor, ni las características, ni las señas de identidad de estos neopopulismos fascistoides. Hagamos un esfuerzo por sintetizarlas. Parece que en este tenebroso regreso al pasado algunos añoran hasta “las infames leyes raciales” que implementaron Benito Mussolini o Adolf Hitler.

Lo que algunos científicos sociales denominan –“el espectro fascista”- deberíamos taxonomizarlo para saber a qué atenernos. La cobardía y la indiferencia han sido cómplices de su fortalecimiento y ha llegado el momento de reaccionar antes de que sea demasiado tarde.

Es preciso saber en qué consiste y qué respuestas deben implementar sin demora las fuerzas democráticas. En este movimiento internacional tóxico pese a sus contradicciones, existe un “ideario” común que se repite en todas sus variantes: nacionalismo exacerbado, xenofobia creciente, añoranza del poder patriarcal así como el desprecio más absoluto a toda diferencia. Cuestionan abiertamente la legitimidad de instituciones internacionales como Naciones Unidas o la Corte Penal Internacional. y niegan en la práctica la Declaración de los derechos humanos. Presentando en algunos casos un perfil supremacista. Ven en el movimiento feminista y sus logros, un peligro. Por ello lo denigran y combaten. Son negacionistas y minimizan el cambio climático.

Sus discursos llenos de odio ponen de manifiesto estos principios antihumanistas y amorales. Tras todo discurso de odio hay una violencia embrionaria, brutal, que aflora a la menor ocasión. Quizás, la reacción debe comenzar por combatir las tergiversaciones y toxicidades de las redes sociales que “calan” en algunos sectores con un efecto incendiario, notoriamente antisistema.

Bajar los brazos o claudicar es literalmente, ponernos en sus manos. Por el contrario, hay que generar un pensamiento antifascista, feminista, defensor de la biodiversidad y que asuma los principios y valores democráticos y de contenido social y que combata las desigualdades.

Una sociedad mal informada es fácilmente manipulable, de ahí que hemos de defender que sin una información veraz y contrastada, literalmente no hay democracia. Así como no tener reparos en insistir que una falsa equidistancia es el camino que más temprano que tarde, conduce a fortalecer los totalitarismos.

Es por tanto una obligación pulir y fortalecer “herramientas democráticas” y pasar a una actitud ofensiva contra los excesos de estos nacionalismos fascistoides.

A continuación me detendré brevemente en algunos libros, que aunque poco conocidos, su lectura resultará útil a la hora de establecer una hoja de ruta progresista. Por ejemplo, merece la pena leer y meditar sobre el libro de Márcia Tiburi “Cómo conversar con un fascista” (Ed. Akal 2018). En este texto y en algún otro que citaré más tarde, encontraremos ideas y proyectos que pueden ayudarnos a salir de la inercia, compartamos o no, algunos de los enfoques que postula.

El pasado fin de semana ha tenido lugar en Madrid un “aquelarre” ultraderechista, auspiciado por Vox. Están crecidos y no les importa incurrir en contradicciones como afirmar, sin ambages, su admiración por Donald Trump, sin tener en cuenta que sus aranceles tendrían un efecto devastador sobre la ganadería y la agricultura que dicen defender o por no poner más que un ejemplo, aplaudir a Marine Le Pen, obviando su propósito de gravar con aranceles, a los productos agrícolas de nuestro país. Estas y otras contradicciones son patentes, mas parece no importarles. Ya ni siquiera disimula su antieuropeísmo.

Debemos procurar, sin embargo, que estas ideas formen parte del debate ante tal cúmulo de “ocultaciones”. Lo mismo podríamos decir de los ataques indiscriminados a los partidos democráticos y sindicatos, avisándonos de que su programa máximo sería el partido único con la supresión de todo lo que les estorba.

Su matonismo y su actitud altanera y “perdonavidas” muestra, bien a las claras, quienes son y qué pretenden. Conviene que el lector se detenga un momento pensando en que la aplicación de la ley del más fuerte, lo que haría es incrementar su vulnerabilidad y dependencia.

Lo mismo cabría decir del “fetichismo de identidad” que predican, llegando a ensalzar, en algunos casos, un “pasado fosilizado”. Su actitud negándose a condenar la dictadura franquista, también, los define.

Hemos permitido que se expandan. Nos ha faltado valor para defender -pese a sus insuficiencias- el sistema democrático. Han conseguido presentar las sociedades democráticas como un “territorio” degradado.

Otra obra con análisis pertinentes, que convendría consultar, es la de Cas Mudde “Populismo: una breve introducción” (Alianza Editorial). Sus ideas son especialmente válidas para articular una agenda progresista. Tampoco me resisto a citar “Antifa, el manual antifascista” de Mark Bray (Ed. Capitán Swing), muy leído y comentado en ciertos círculos y ambientes y que algunos críticos e historiadores califican como la primera historia transnacional del antifascismo. Resulta especialmente interesante por las comparaciones que establece entre el neofascismo europeo y el norteamericano.

Dedicaré otro artículo próximamente a exponer quién financia a la extrema derecha. Los partidos ultra, procuran establecer “un tupido velo” sobre este particular, que impida conocer la verdad. Descorrerlo es muy útil ya que aclararía no pocas “extrañas alianzas”.

No está de moda, ni mucho menos, comentar o citar los textos de Karl Marx. Una vez más, voy a argumentar a la contra. Un texto del viejo de Treveris, poco conocido, lleva por título “Contra los nacionalismos”, reeditado en una selección de textos realizada por Constantino Bértolo y publicada por la Ed. Catarata. Como sostenía Antonio Gramsci, nación y nacional no es lo mismo que nacionalismo. Es preciso recordar que el nacionalismo es “la necrosis ideológica” de un concepto de nación absoluto, insolidario y excluyente. Precisamente por eso, no está en absoluto de más analizar la vertiente nacionalista de la derecha ultramontana que ataca con fiereza, a los nacionalismos periféricos, sin reparar hasta que punto sus postulados son propios de un nacionalismo recalcitrante y decimonónico.

Estos comentarios, creo que deben trasladarse al debate, para aclarar y posicionarse ante las tergiversaciones, ocultaciones y proclamas de un neopopulismo fascistoide cuyos líderes europeos (Marine Le Pen, Orbán, Salvini, Abascal…) están envalentonados gracias al matonismo de Donald Trump y pretenden trasladar “sus políticas regresivas y antisociales” a suelo europeo.

Por último, señalaré que todo intento de “blanquear” a la extrema derecha populista, xenófoba, negacionista, racista y enemiga acérrima de los derechos humanos, es literalmente suicida y sólo acarreará un debilitamiento democrático y un crecimiento de las perniciosas proclamas del populismo fascistoide internacional.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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