Orgullo, más que nunca
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Lamentablemente, hay que seguir manifestándose, mezclando fiesta con intensas reivindicaciones, por el Orgullo Gay en cada mes de junio. Y, ¿por qué digo que “lamentablemente”? Pues porque parece que no llega nunca el día en que no haga falta reivindicación alguna, y que la igualdad sea algo asumido por toda la sociedad o, al menos, por la inmensa mayoría. Falta mucho, pero mucho para que no haya que recordar que gays, lesbianas y transexuales tienen todo el derecho a ser como son, como quieren ser y con los mismos derechos que el resto de ciudadanos y ciudadanas, tanto en esta España donde muchos y muchas quieren restringir derechos y caminar hacia atrás, como en las partes del mundo donde hay persecución pura y dura, y sin salirse de las fronteras de la Unión Europea.
Se dice siempre que una vez conquistados derechos hay que cuidarlos, y estar alerta porque siempre hay quien está al acecho para restringirlos o abolir su reconocimiento. No es un lugar común, es una realidad en la España pionera, por ejemplo, en el reconocimiento del matrimonio de personas del mismo sexo, demostrando que ya no era aquella cosa tan lamentable de la “reserva espiritual de Occidente”. Pues bien, ciertamente, insistimos, cuando los derechos se reconocen, garantizan y avanzan surgen, y esto es una constante histórica, quienes los atacan, ofreciendo argumentos variopintos en su censura. La igualdad sexual, al parecer, atentaría contra la familia, contra los niños y niñas, contra el orden moral, y contra mil cosas más. Pero, en realidad, no sabemos muy bien cómo dos gays que se casan en un Ayuntamiento un día, se van a vivir juntos, trabajan, pagan sus impuestos, adoptan o no un niño, viajan, comen fuera de casa, votan o no, y, en fin, un día uno fallece y el otro cobra su pensión como viudo pueden afectar a las familias españolas heterosexuales. A veces uno piensa que, además de que las críticas y ataques obedecen a la sempiterna homofobia, los argumentos son de una estupidez supina.
Pero hoy existe una masa de hombres heterosexuales que piensan que tanto los gays, como las lesbianas, y transexuales, y las mujeres heterosexuales, colectivos que luchan por la igualdad, les atacan, y que deben defenderse. En esta línea estaría aquello del “orgullo hetero”, otra de las propuestas que, además, insistimos, de destilar intensa homofobia, es otro ejemplo de estupidez. Nos preguntamos ahora, ¿por qué un gay, o una lesbiana o un transexual o una mujer heterosexual atacan a un hombre blanco heterosexual joven o maduro? Al parecer, hay segmentos de la población que no entienden que la lucha por la igualdad es eso, que no se discrimine a nadie en función de su condición sexual, y que la lucha va contra los medios que dificultan el ejercicio de derechos no contra las personas. Al parecer, esto es muy difícil de entender y no termina de calar por mucho que lo llevemos enseñando durante décadas. Pero, claro está, ¿se acuerdan de la cruzada de la derecha y de la Iglesia contra la asignatura de “Educación para la ciudadanía” o aquello del “pin parental”? Pues no lo duden, al final es homofobia y machismo, una mentalidad marcada a fuego por determinados sectores de nuestra sociedad, y que ahora sale a la calle con fuerza, que se oye en muchos sitios, sin rubor, con otro tipo de orgullo, el que sí agrede a las personas. Hoy ser “machote” es algo que se vuelve a inculcar a hombres adolescentes y jóvenes, junto con las virtudes del autoritarismo frente a la democracia, o el desprecio hacia los inmigrantes y los desfavorecidos. Hoy esa mentalidad rancia que creíamos vencida después de haber sido la dominante en aquella atroz época del franquismo, ya no se esconde, renace, se expande como un cáncer social.
Por eso, hoy más que nunca carrozas, tacones, plumas, canciones, bailes, fiesta, pero, sobre todo, no nos confundamos, entre risas y besos, reivindicación y lucha siempre, por los que sufrieron la tortura y el escarnio en la época franquista, por los que hoy vuelven a ser insultados y menospreciados y para evitar que los que creen que tienen el monopolio no solo de España, sino también de la mentalidad, el pensamiento y la sexualidad, puedan hacernos volver a aquello. Hoy me acuerdo de Stonewall y de la legislación de vagos y maleantes, pero, sobre todo, pienso en el presente y en el futuro. Más allá del arcoíris cantaba Judy Garland, más allá, pero no hemos llegado, ni mucho menos. Falta mucho camino. No nos rendimos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.