Los fantasmas que nos atrapan
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
La vida es compleja y en ocasiones desde la literatura jugamos a llenarla de fantasías y apariciones, de espíritus atrapados en nuestro mundo por medio de invocaciones, magias, brujerías o almas en pena que vagan por el espacio tomando distintas formas, visiones, encantamientos o fenómenos que desde el miedo a la burla, desde la tragedia a la comicidad, provocan terror o hilaridad .
Pero no sufran que no están estos tiempos complicados y difíciles para que este osado articulista les venga encima a dar la vara con fantasmas y seres fantásticos o e ficción, con imágenes que nos parecen o nos imaginamos los vivos, espectros de algo irreal o que se asemeja, productos quimeras, ensueños, alucinaciones o recuerdos distorsionados por invenciones.
Son a otros, a los que si ustedes que son tan amables de obsequiarme unos minutos con la lectura de estas tribuna, les quiero dedicar estas líneas. El sujeto protagonista de este pequeño relato más que fantasma era fantasmón y no sé cómo, pero tenía su lugar en la relación de personajes estrafalarios, y además había logrado su puesto, no por favores del “padrino“ de turno, sino por oposición.
Había estudiado duro desde que termino sus estudios y consiguió su titulo y culminó sus sueños, al lograr su plaza y un despachito oficial en una administración, lo que le garantizaba un puesto y un sueldo, fijo y seguro. A veces se mostraba presuntuoso y demostraba tener la cabeza sin un mal mueble, completamente vacía.
Se había pasado, sus más de diez trienios, aparentemente muy ocupado, pero sin hacer nada útil, pero había obtenido un logro histórico que se creara de forma oficial y mediante decreto la plaza de fantasma para todo uso, siendo esta pionero en estas lides, al que seguirían oros.
Es muy posible que ustedes, como el que estas líneas escribe, se pregunten, cuales eran las funciones de este individuo, que se desenvolvía entre errores propios y forzados y que servía más de cachondeo que de reflexión seria e iniciativa.
Podríamos resumirlo en cuatro palabras, ser un inepto ecléctico, aunque pueda parecer una paradoja en su más profunda acepción de acomodaticio a las circunstancias. Como jamás había trabajado en beneficio de la comunidad, como hacen la inmensa mayoría de los excelentes funcionarios, y solo había dedicado su tiempo a peloteos y conspiraciones varias, tras mucho desvanecerse la sesera había llegado a la conclusión que aunque el ocupara el puesto de fantasma, entre sus superiores los había con tantas cualidades como él para serlo e igual de calamidad en su actuación.
Nuestro fanfarrón de pacotilla, aunque dijera la mayor de las barbaridades siempre tenía que tener razón, no admitía que se cuestionaran sus órdenes y detestaba que cualquiera de sus “teóricos” subordinados pudiera aportar una brillante idea, no fuera a ser que pusiera en evidencia su desconocimiento y su holgazanería.
A lo largo de su experiencia en la administración, continuaba con el mismo discurso anquilosado de épocas pretéritas, no habiendo evolucionado lo más mínimo, aunque eso sí daba toda la impresión que algunos de sus jefes no se atrevieran a discutirle sus criterios, tal vez porque los tenía agarrados por los cataplines.
Era tal su caradura, que le importaba un rábano la eficiencia y la productividad de quienes estaban en su departamento y eso si, era todo un especialista en hacer la rosca a la autoridad correspondiente , comportándose de manera servil y aduladora.