¿A quiénes debemos las mejoras?
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
En junio de 1928 publicaba Constantino Turiel un artículo en El Socialista preguntándose a quiénes se debían las mejoras, hablando, realmente de las distintas tácticas de la izquierda en el pasado, aunque, como siempre, podemos sacar algunas sugerencias para el presente.
Constantino Turiel Huerga (1888-1950) fue un minero zamorano, un trabajador que tuvo un intensísimo compromiso sindical, con las Juventudes Socialistas y con el socialismo en Vizcaya donde desarrolló desde 1905 su vida. Llegó a ser concejal por Abanto y Ciérvana, terminando sus días en Montpellier en el exilio.
Turiel afirmaba que era frecuente oir decir que los socialistas caminaban muy despacio y que se necesitan otros procedimientos de lucha, pero eso solían decirlo obreros que no habían estado nunca organizados, además de quienes estaban interesados en que no hubiera poderosas organizaciones obreras.
Pero la forma de actuar del movimiento obrero socialista había permitido recorrer bastante camino, y el que quedaba por recorrer sería, sin duda alguna, siguiendo la misma ruta trazada.
Los enamorados de otras tácticas, partidarios de la violencia serían, en cambio, los causantes de que no se camine más deprisa. Turiel afirmaba que no se convencían de que por ese procedimiento no se iba a ninguna parte porque la violencia también la podían emplear los enemigos de la clase obra que, además, disponían de todos los resortes del poder.
La lucha de los trabajadores no debía ni podía ser contra las personas y sí contra el régimen de desigualdad económica que se padecía.
Con quitar una determinada persona o a determinadas personas nada se conseguía, aunque se tratase de un tirano. Cuando esto se producía los poderes públicos emprendían el camino de la represión ocasionando víctimas inocentes sin provecho alguno para nadie. Es más, eso producía fatiga en los que emprendían ese camino o terminaban uniéndose al campo de los enemigos. La clase trabajadora quedaba sufriendo las duras condiciones del salario y algunos, encima, terminaban en la cárcel.
Como vemos, se estaba haciendo una clara crítica contra determinados métodos de lucha del anarquismo.
Los socialistas también tenían prisa, pero el movimiento obrero no era el causante de no poder ir más deprisa. La lucha no era de un día, era de todos los días, es decir, constante. Era un error pensar que todo se podría conseguir en un solo día. La liberación de los trabajadores no podía cifrarse en la lucha de las barricadas porque eso podía robustecer a las instituciones que se pretendían derribar.
Turiel estaba hablando de constancia, de perseverancia, en fin, contra lo que consideraba una lucha inconsciente.
Dos métodos, pues, para la transformación de la realidad.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.