Laborismo y liberalismo: reflexionando con Arturo Labriola
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
A principios del año 1929, el socialista moderado italiano Arturo Labriola desde su exilio francés realizó una serie de reflexiones sobre el laborismo británico y el liberalismo a cuenta de un discurso del líder laborista en París y que había generado reservas por parte de algunos marxistas.
Labriola consideraba que se trataba de marxistas que se tenían por ortodoxos pero limitados a las fórmulas y “a la orden en Moscú”.
Para nuestro autor el socialismo británico y el partido laborista habían obtenido en los últimos tiempos muchos éxitos en materia electoral. Parecía imposible no relacionar tales éxitos con la táctica particular del socialismo inglés, que no habría intentado nunca imponer a los electores doctrinas y métodos contrarios a las tradiciones nacionales, todo lo contrario, siempre según su opinión, a lo que hacía el socialismo norteamericano que se dedicaba a “vuelos doctrinales”, que le estaba ocasionando fracasos en las urnas. Por eso, afirmaba que un fenómeno internacional implicaba diferencias locales. Labriola defendía la necesidad de la adaptación de la ideología socialista a las particularidades nacionales, aprovechando para atacar al comunismo ruso y a su supuesto internacionalismo como una versión moderna del imperialismo conquistador.
Toda política socialista, en consecuencia, debía saber interpretar las exigencias nacionales y eso lo había sabido hacer el laborismo mientras MacDonald había sido criticado en su discurso por haber mencionado a los dos Mill, a Bentham, a Locke y a Owen, pero no a Marx. Pero la tradición inglesa era liberal desde la época de la Reforma. No se trataba de considerar que el marxismo fuera una filosofía antilberal pero los marxistas rusos se habían empeñado por hacer absurdo y hasta repulsivo su “marxismo convencional”, y por eso no extrañaba que el líder laborista inglés, fiel a esa tradición, hubiera olvidado en su discurso el nombre de Marx.
La tesis central de MacDonald partía de la constatación de que la potencia económica amenazaba la potencia política, la libertad del ciudadano. Por eso, Labriola se preguntaba si una comunidad podía permitir que sus libertades dependiesen de la iniciativa o de la buena voluntad del pequeño grupo que detentaba las fuerzas económicas.
La respuesta del partido laborista que había sido emitida por MacDonald había sido negativa. En nombre de la libertad era como se invocaba el socialismo. El fin último sería siempre la libertad.
Pero el liberalismo tradicional se detenía ante el problema de la propiedad. El partido laborista saltaba por encima de esa dificultad y se declaraba partidario de emprender una serie de nacionalizaciones.
Con el programa nacionalizador el partido laborista respetaría la tradición liberal porque para organizar la libertad de los ciudadanos había que destruir el monopolio de una pequeña minoría propietaria.
En conclusión, en el terreno de la política práctica no existía choque entre el socialismo y el liberalismo teórico. La fuerza del partido laborista estribaba en reconocerlo.
Hemos trabajado con el número del 3 de febrero de 1929 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.