Precedentes lejanos del socialismo: entre la Antigüedad y los Padres de la Iglesia
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Las ideas que conforman el socialismo tienen un origen antiguo porque desde que se conformaron estructuras económicas, sociales y políticas surgieron de la misma forma las preocupaciones sociales, ya que, la desigualdad estuvo presente desde el primer momento. Otra cuestión fue si estas ideas pudieron tener un pleno desarrollo frente la posición hegemónica en todas las civilizaciones sobre la justificación del orden establecido.
En Grecia podemos encontrar el primer antecedente socialista en el planteamiento de un modelo de sociedad ideal ideado por Licurgo, y que tuvo su aplicación en el ordenamiento espartano, aunque con planteamientos peculiares, como los de la existencia de la esclavitud y la evidente inferioridad de la mujer. Pero Platón valoró mucho la constitución espartana y las ideas de Licurgo porque se basaban en el poder del Senado, en el reparto equitativo de las tierras y los bienes muebles, buscando superar las desigualdades sociales, la pobreza y la corrupción, así como por su valoración de la austeridad, el cultivo de las virtudes sociales y la importancia que se daba a la educación.
Entre los denominados “Padres de la Iglesia” encontramos una clara condena de los ricos. Así se puede leer en Tertuliano que Dios menospreciaba a los ricos, mientras que Jesús era un abogado de los pobres, a quienes pertenecería el reino de los cielos. San Jerónimo llegó a pensar que el rico por sí mismo era injusto o que su riqueza procedía de una herencia injusta. San Agustín expresó que todo el que poseía en la tierra se había apartado de la doctrina de Jesús. En todo caso, no se planteaba revolución alguna porque 7 cuando, por ejemplo, los donatistas quisieron aplicar en la práctica estas ideas el propio San Agustín se revolvió contra ellos. Los donatistas, además de las cuestiones estrictamente religiosas, especialmente en relación con los sacramentos, habían conseguido un gran apoyo social de los desfavorecidos en el mundo de la crisis del Imperio romano. Pero tampoco se puede decir que buscaran poner la doctrina cristiana al servicio de movimientos revolucionarios. Por su parte, Clemente de Alejandría calificaba de injusta la propiedad privada y Basilio hasta se refirió al modelo espartano ante el que debían avergonzarse los cristianos no interesados en la propiedad comunitaria. Juan de Ambrosio exclamó que Dios había creado todas las cosas para que el disfrute fuera común.
Como se puede comprobar, todos los testimonios tenían que ver con la propiedad, pero Juan Crisóstomo llegó a defender el establecimiento de una especie de comunismo de consumo, predicando el establecimiento de una suerte de comunidad de pobres que, en realidad, no tuvo ninguna consecuencia práctica. La Iglesia no pretendió nunca que se realizasen en la práctica ideales sociales. La teología se encargaría de sobrevalorar la pobreza como ideal al que aspirar, además de la necesidad de crear la comunidad cristiana, pero aceptando la existencia de la propiedad privada. El ideal de comunidad cristiana serían los monasterios y conventos. Se convertirían en una especie de objetivo para los creyentes porque sus miembros se acercaban a la perfección deseada, aunque nunca alcanzada por los mortales.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.