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La emancipación de la mujer y el socialismo. Primera Parte


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El socialismo se interesó desde el principio por lo que se podría denominar la “cuestión femenina”, pero no desligada de la lucha por la emancipación de la clase trabajadora, ya que, en principio, no se consideraba que las mujeres constituyesen un grupo diferente y que su discriminación obedeciese a razones distintas o propias. Pero también es cierto que el marxismo ofreció una nueva interpretación sobre el origen de la opresión de las mujeres y una estrategia consiguiente para su emancipación. Las mujeres, en realidad, sí padecían una discriminación añadida, y eso era por el modelo de familia imperante. Friedrich Engels explicó en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884) que el origen de la sujeción que sufrían las mujeres no debía buscarse en causas biológicas, sino sociales, es decir, en la aparición de la propiedad privada y su apartamiento de la producción. La emancipación de las mujeres pasaría por su retorno al mundo laboral y por obtener la independencia económica. Por su parte, Marx, en El Capital estableció que la liberación de la mujer pasaba por esa integración en el proceso de producción social, pero también por la abolición de la explotación de la clase trabajadora, y de la esclavitud doméstica.

Así pues, la emancipación de la mujer no podía ir por un camino aparte o propio, sino unido al de la lucha de los trabajadores. Las mujeres lucharían junto con los obreros por compartir la misma condición, pero también por la de mujeres, buscando la independencia económica y unas relaciones de compañerismo con los hombres, y no de sumisión. Las mujeres debían emprender la lucha socioeconómica y política con los hombres en las sociedades obreras y en los partidos socialistas. La lucha sufragista no era una posibilidad porque las sufragistas se empeñaban en objetivos que, realmente, no iban encaminados a transformar el mundo, es decir, terminar con el modo de producción capitalista e instaurar la sociedad socialista. El socialismo defendía al proletariado, independientemente de su sexo, pero a una clase, mientras que el sufragismo y el feminismo fuera del socialismo eran de signo burgués o pretendían unir a distintas clases en un ejercicio que el primero no podía concebir.

Pero si en el plano teórico parecía sencillo imbricar la lucha del feminismo con la del socialismo en la práctica no lo fue tanto, ni mucho menos.

En primer lugar, tenemos que tener en cuenta que la Primera Internacional no se preocupó de la mujer. En esa época, en todo caso, también es cierto que los primeros marxistas combatieron las ideas de Proudhon, nada favorables para la mujer. La primera mujer que fue aceptada, el 25 de junio de 1867, en el seno del Consejo de la Asociación Internacional de los Trabajadores, fue la británica Harriet Law, una destacada librepensadora. Al parecer, en el Consejo se había leído unos días antes una carta suya, lo que motivó que el Consejo le preguntase si quería incorporarse. Durante cinco años fue la única mujer. No parece que participara mucho, aunque estuvo en algunos debates. Así, por ejemplo, en la sesión del día 4 de agosto de 1868 expuso que las máquinas habían hecho a las mujeres menos dependientes de los hombres, y que terminarían emancipándolas de la esclavitud doméstica. También llegó a protestar sobre algunas propuestas acerca del trabajo de las mujeres.

Marx llegó a afirmar que Law representó el “movimiento ateísta popular” en el seno del Consejo. Algunos autores han considerado que la presencia de Harriet Law pudo influir en que Marx se preocupara más de las mujeres en sus escritos. Sabemos también que fue una de las firmantes del escrito por el que Marx y Engels se enfrentaron a Bakunin y sus seguidores. Tras dejar el Consejo General fue elegida para representar a la Sociedad Central de Trabajadoras de Ginebra en el Congreso de la AIT de Londres del año 1872, pero, al parecer, no asistió.

En relación con la Comuna hay que afirmar que las reivindicaciones de las mujeres no fueron asunto principal en el primer Gobierno obrero de la Historia. Pero también es cierto que hubo cuestiones que fueron importantes, como que se prohibió discriminar a las mujeres, consideradas “ilegítimas” del resto a la hora del cobro de la pensión de madres y viudas de guardias nacionales, pero, sobre todo, fue la liberación de la esclavitud que padecían las prostitutas.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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