Sobre la aplicación del modelo laborista en España: Antonio Fabra i Ribas/Indalecio Prieto
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Siempre hemos defendido la tesis en multitud de artículos sobre cómo el socialismo español se fijó intensamente en el laborismo británico como alternativa a tener en cuenta por su progresión electoral y por alcanzar el poder en los años veinte, frente al modelo ruso, y más después de la escisión comunista padecida al comenzar la década. Lo probaría el constante interés que los socialistas españoles dedicaron a analizar la realidad política británica en aquella década y a seguir muy de cerca las vicisitudes del Partido Laborista y sus políticas municipales y en el Gobierno, además de los libros, conferencias y artículos que se dieron sobre el laborismo.
Pero esa valoración tuvo sus matices y también sus discrepancias.
Así pues, hubo socialistas españoles muy entusiastas del modelo laborista especialmente en relación con su articulación organizativa, en realidad tan distinta a la de los partidos continentales, más fieles al modelo de dos organizaciones con dos finalidades distintas, aunque complementarias, esto es, partido para la política, sindicato para la lucha socioeconómica, y con la tercera aportación del cooperativismo. Como es sabido, el laborismo no siguió nunca ese modelo, ya que el Partido vendría a ser una especie de confederación de sociedades, sindicatos, cooperativas, organizaciones diversas y hasta de inclusión de otros partidos afines, y todo articulado de una forma muy ágil, y donde cada parte tenía su peculiar peso a la hora de tomar decisiones. Antonio Fabra i Ribas fue un ejemplo de socialista español muy defensor del modelo laborista.
Pues bien, también los hubo que plantearon dudas y críticas a intentar imitar a los laboristas. Un personaje tan importante como Indalecio Prieto, presentó sus discrepancias, precisamente, a cuenta del interés de Fabra en la divulgación del laborismo en España en 1924 en el momento en que el mismo accedía por vez primera al poder.
Antonio Fabra i Ribas dio una muy importante conferencia en la Casa del Pueblo de Madrid en marzo de 1924 para explicar la realidad del laborismo británico, que acababa de acceder al poder, y la posible aplicación del modelo a España.
El socialista catalán justificaba la importancia de analizar el movimiento laborista porque, a su juicio, era la organización política más importante del mundo, por el número de sus afiliados, porque ocupaba el poder y porque sus métodos se iban extendiendo. Las tres Internacionales, la Socialista, la Sindical y la Cooperativista, manteniendo su independencia, estarían profundamente influidas de la ideología y la táctica de los británicos.
Después de hacer un poco de historia del movimiento obrero británico, Fabra explicaba que se había creado un partido de contenido socialista sin que se llamara socialista. Podían pertenecer al mismo todos los grupos políticos y sindicales sin perder su independencia para trabajar por las ideas que les eran comunes. Por eso el Partido Laborista estaba formado por organizaciones. Y con más de tres millones de miembros. En este sentido, en España se comprendía con mucha dificultad cómo se pudo constituir la Sociedad Fabiana, que se había puesto en marcha con el objetivo de demostrar que los hombres no eran malos sino víctimas del medio social en que se movían. Eso se podía dar en un país de religión protestante en donde se admitía el libre examen de las cuestiones políticas y religiosas.
Pero, además de las Trade Unions y el Partido Laborista había una potente organización feminista porque las mujeres no habían querido crear un partido político frente al otro, sino que habían decidido de trabajar al lado porque los hombres olvidaban fácilmente los derechos de las mujeres. Pues bien, en el Comité Nacional del Partido Laborista, compuesto de 23 miembros, cuatro eran mujeres.
También marchaban unidas al Partido las poderosas cooperativas británicas, y había seis diputados cooperatistas.
Fabra detalló la importancia que el laborismo daba a la formación y cultura de los trabajadores, explicando las distintas iniciativas puestas en marcha.
Pues bien, como consecuencia de todo eso, de esta labor se debía el “milagro” de que se pudiera acceder al poder. Fabra daba mucha importancia a la naturaleza de la constitución británica. En la misma el partido que figuraba en el segundo lugar en los Comunes pasaba a ser oficialmente la oposición del régimen, y eso le daba ciertas prerrogativas. Si al caer los conservadores los laboristas no hubieran aceptado el poder hubiera pasado a los liberales y los conservadores que eran más se hubieran quedado con ese puesto de oposición. Los laboristas hubieran pasado a un tercer lugar. Conservar las posiciones que se conquistaban lentamente era muy importante.
Además, la burguesía británica había atacado desde la prensa a los laboristas considerándolos unos bárbaros y ellos quisieron demostrar que eran todo lo contrario. Otra razón que les había impulsado a tomar el poder había sido el convencimiento de que conservadores y liberales no plantearían claramente los problemas nacionales e internacionales con el consiguiente perjuicio. Con esta decisión habían prestado un gran servicio a la causa de la libertad.
La cuestión clave era, “¿puede hacerse algo de esto en España?” Muchos afirmarían que no existía paridad entre el laborismo británico y el movimiento obrero español, pero tampoco lo habría entre las burguesías de ambos países. Para Fabra la burguesía española no estaba muy organizada, frente al caso obrero que lo estaba en lo político y en los sindical, con unas trescientas mil personas de ambos sexos en una misma táctica y con una disciplina común, refiriéndose, lógicamente, al movimiento obrero de signo socialista. Además, había unas mil cooperativas con 250.ooo afiliados. Hoy por hoy, en España solamente había una estructura organizativa homologable a Europa, y para no querer generar equívocos, la calificó de productores y consumidores, y no “puramente obrera”.
En el terreno político las únicas organizaciones de carácter liberal y democrático eran esas organizaciones porque tenían reglamentos o constituciones plenamente democráticos.
Fabra opinaba que por de pronto había que procurar, adoptando el método laborista, no destruir nada, respetando todo, tratando de trabajar por medio de la “cooperación de voluntades”. No se debería criticar nada que no se fuese capaz de superar, ni suprimir nada que no se pudiera reemplazar, es decir, estaba abogando por una estrategia muy reformista en línea con el laborismo y el fabianismo, interpretamos nosotros.
Si tenían algo en común el Partido Socialista y la UGT tenían que actuar en el mismo sentido, no en sentido contrario sin menoscabo de sus autonomías.
Fabra abogaba por una clara unión de voluntades y objetivos, incluyendo, además, a otras organizaciones, y muy en un sentido laborista. Por eso había que trabajar por crear una nueva mentalidad para que los obreros no se preocupasen de la resolución de problemas “corporativos” sino para problemas que interesasen a todos. Era una táctica nueva, ciertamente en relación con lo que había defendido el movimiento obrero de signo socialista. Y en esa tarea había también una dimensión internacionalista.
La conferencia de Fabra i Ribas se recogió en el número 4717 de El Socialista de 21 de marzo de 1924.
Indalecio Prieto publicó un artículo en el número 4721 de 26 de marzo de 1924 en El Socialista con el significativo título de “Un voto en contra”, a cuenta de la conferencia de Fabra.
Prieto, después de alabar la sabiduría del socialista catalán, explicaba que el mismo había aconsejado una fusión de las organizaciones políticas, sindicales y cooperativas en España semejante a la británica en “pos de fines análogos a los rectores de la conducta laborista en Inglaterra”. Pues bien, no estaba de acuerdo con dicha tesis, en absoluto.
En primer lugar, consideraba que no procedía olvidar jamás que en política las cosas tenían valores distintos, según las circunstancias. Y eso afectaba también a los principios doctrinales, como a los de táctica y normas de conducta. Fabra i Ribas se habría preocupado, según Prieto, nada más que en remarcar las similitudes que veía entre las organizaciones obreras españolas y las inglesas, pero había olvidado las enormes diferencias entre las mecánicas constitucionales entre ambos países, y no sólo en relación con los textos legales, sino también con la forma de respetarlos y cumplirlos.
Por otro lado, Fabra cometería un error importante en relación con el cooperativismo. Cifraba como muy importante el español, pero la cuestión no era esa, sino la de atribuir una tendencia socialista a la totalidad de las cooperativas cuando muchas de ellas eran francamente “amarillas” con significación y origen patronales. El cooperativismo francamente obrero español estaba “en mantillas”.
Así pues, aquí había otra diferencia evidente entre ambos países.
En España había dos fuerzas obreras realmente sólidas, una política, el PSOE y otra sindical, la UGT. Fuera de ellas nada habría o casi nada. En este sentido, Prieto no tenía en cuenta a la CNT, pero, imaginamos que para el análisis entre el laborismo británico y el socialismo español, eso no tendría importancia.
Y aquí entramos en el meollo de la cuestión. Prieto estaría de acuerdo con Largo Caballero en intensificar el carácter político de la UGT, incluso haciéndola netamente socialista, pero era radicalmente contrario a la “amalgama” aconsejada por Fabra i Ribas porque eso traería equívocos y confusiones.
El equívoco era peligroso en política y Fabra parecía defender que en España había que tender a que con los núcleos socialistas y las fuerzas agregadas se podría constituir lo que en lenguaje parlamentario se habría dado en llamar, “la oposición de S.M.”.
Prieto insistía en que Fabra planteaba una confusión al preconizar que las masas de productores y consumidores debían unir sus fuerzas y hacer las veces en el terreno político, sin abandonar el campo propio de sus actividades, de “partido liberal, de partido demócrata y de partido socialista”. En España se actuaba como Partido Socialista porque ya el socialismo era la esencia más pura del liberalismo. Donde había una formación socialista habría una defensa liberal. Quien no procediera en liberal no procedería en socialista.
En consecuencia, Prieto no veía claridad en la tesis de Fabra.
El laborismo se encontraba en el poder en esos momentos, pero en una situación harto difícil, sin votos suficientes en el Parlamento para desarrollar un programa propio.
Igual que se había expresado en su momento que era insensato imitar el modelo comunista ruso, también parecía que lo era imitar el inglés.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.