La nueva política surgió de las calles, las plazas, los centros comunitarios, las asambleas y las movilizaciones pacíficas. Pero, como casi siempre, fue causal. Las personas, decepcionadas, abandonadas a su suerte, víctimas de la impunidad, frente a la desmesura de los excesos de las redes de negocios, casi siempre en desmedro de los intereses nacionales y los abusos de poder. Las gentes encontraron modos de lamerse las heridas colectivamente. Fue una respuesta social a la notoria subversión de los valores identitarios de la democracia, entre los que destaca la igualdad ante la ley. Se sintieron desamparadas, desconcertadas y buscaron reunirse como defensa. Así, se desarrollaron respuestas eficientes y orgánicas contra el imperio del paternalismo de los centros de poder. Entonces, el desconcierto cambió de bando.