Como dice De Cresenzo: “Tales ocupa un lugar muy importante en la historia de la filosofía, no tanto por las respuestas que dio a ciertas cuestiones, como por las preguntas mismas que supo plantarse”. De hecho, sería talvez más justo, decir que debe este lugar en la historia, sobre todo a la “naturaleza”, de las respuestas que propuso, que traduce su voluntad de sustituir, por una explicación racional de tipo físico, las interpretaciones míticas entonces en vigor. Pero el juicio más completo a este respecto, es probablemente el de Nietzsche: “La filosofía griega parece comenzar con esta idea absurda, que el agua es el origen y, el seno materno de todas las cosas. ¿Vale la pena pararse un momento en ella y, tomársela en serio? Sí, y por tres razones: primero, porque es un axioma que trata del origen de las cosas; segundo, porque aborda la cuestión sin recurrir al folklore; y, finalmente, porque contiene, aunque de forma embrionaria, la ide de que “todo es uno”. La primera de estas tres razones, deja a Tales, en la comunidad de los hombres religiosos y supersticiosos, pero la segunda le separa de esta comunidad y, pone de relieve al científico y, la tercera hace de él el primer filósofo griego”. Lo que le llevo a Tales a ella fue un axioma filosófico, cuyo origen es una intuición mística y, que encontramos en todas las filosofías, con refuerzos cada vez renovados para expresarla mejor: el principio de que “todo es uno”