Tensiones electorales
- Escrito por José Félix Tezanos
- Publicado en Opinión
A medida que se acercan las fechas de las elecciones, las sociedades se ven sometidas a tensiones propias de tales dinámicas. Sobre todo, aquellas en las que existen mayores dudas y ambivalencias en las inclinaciones de voto.
España ha venido siendo, desde la aprobación de la Constitución de 1978, una sociedad en la que, aun existiendo una inclinación general de la población hacia posiciones progresistas y de izquierda moderada, se ha seguido una secuencia de ciclos de al menos dos legislaturas con preponderancias de gobiernos de uno u otro color, con algunos matices y variaciones en sus dos primeros períodos; el inicial, liderado por Adolfo Suárez y la UCD, que no llegó a completar dos legislaturas de cuatro años cada una, y el segundo, bajo el liderazgo del PSOE y Felipe González, que superó holgadamente los ocho años de gobierno.
Ciclos políticos y electorales
Después del arranque democrático, con todo su dinamismo económico y social, la pauta de funciona- lidad democrática ha mantenido ciclos de gobiernos de dos legislaturas (con José María Aznar y con José Luis Rodríguez Zapatero), en los que, hasta ahora, en la segunda legislatura los partidos de gobierno han reforzado su mayoría parlamentaria inicial, con una especie de “factor de consolidación de ciclo”.
De ahí podría inducirse que ahora en las segundas elecciones del actual ciclo de gobierno podría esperarse que Pedro Sánchez reforzara su actual mayoría en las votaciones que tendrán lugar a finales de este año. Probabilidad que se sustentaría en un patrón sociológico subyacente del electorado español, que continúa ubicado mayoritariamente en posiciones de centro-izquierda y de izquierda moderada.
Sin embargo, en sociedades en las que tienen lugar cambios tan intensos en casi todas sus estructuras políticas, sociológicas, económicas y culturales, nada debe darse por descontado, ni nada puede pronosticarse con la rotundidad con la que se pronuncian determinados poderes subyacentes. Poderes que un día sí y otro también publicitan encuestas que raramente van más allá de ser ejercicios de intoxicación política al servicio de parte; con el lógico acompañamiento, en su caso, de algunas pontificaciones de “analistas” cuyos conocimientos y datos no suelen ir mucho más allá de los límites que ellos mismos se ponen, como recordaba recientemente el profesor Antonio Alaminos en un divertido artículo publicado en Sistema Digital (La docta ignorantia, 4 de marzo de 2023, https://fundacion- sistema.com/de-docta-ignorantia/).
¿Qué indican los datos actuales?
Con toda la provisionalidad de las distancias, lo que hoy indican los datos procedentes de encuestas rigurosas, con muestras suficientes y realizadas con una selección aleatoria de entrevistados, es que existen bastantes probabilidades de que a finales de 2023 vuelva a repetirse el patrón establecido en la sociedad española durante el actual ciclo político. Algo que está suscitando presiones y tensiones reactivas con una cadencia de manual. En primer lugar, intentando dar por descontado que los próximos resultados electorales van a ser los que determinados poderes han prescrito de antemano con argumentarios y datos de encuestas muy discutibles. Algo que hacen con tal ardor que los lleva a descalificar -a veces de manera muy agresiva y acompañada de insultos- los datos procedentes del CIS, por ejemplo. Aunque no solo. Posición que ya se dio en las elecciones de abril de 2019, que la mayoría de las encuestas auguraban de manera totalmente distinta a la que resultó en las urnas. Tanto en lo concerniente a la distribución de los porcentajes de voto, como en escaños. No solo en los comicios de abril, sino también en los de noviembre, en los que persistió una clara mayoría de progreso, que ha sustentado el gobierno de Pedro Sánchez y sus dos centenares de proyectos legislativos; algunos de ellos de efectos muy positivos y bien valorados por amplios sectores de la población. Todo ello sin que los “negacionistas” hayan cejado un minuto en cuestionar la legitimidad y la buena funcionalidad del gobierno que salió de las urnas en 2019.

El negacionismo mantenido por determinados sectores de la vida política española forma parte de unos enfoques generales que vienen sosteniendo desde hace años núcleos importantes de las derechas en varios países, empeñados en un esfuerzo de deslegitimación permanente de todo lo que no responda, ni obedezca, a sus intereses, con campañas recurrentes de erosión de los que gobiernan desde coordenadas progresistas, cuyos apoyos y legitimidad para gobernar cuestionan con una disparatada “guerra de encuestas” que les lleva a reclamar continuamente la celebración de nuevas elecciones, para alcanzar lo que califican como el “restablecimiento de la legitimidad de los gobiernos de las mayoría sociológicas”. Argumentario que lleva a las derechas negacionistas a cuestionar no solo la validez de las encuestas rigurosas que a ellos no les gustan, sino incluso la validez de los resultados de las urnas, cuando los datos finales no coinciden con los que ellos desean. Barrera que, en España hasta ahora, solo se han atrevido a traspasar pequeños sectores de la ultraderecha más lunática y querulante.
La activación de climas electorales
Lógicamente, a medida que se acercan las fechas de las elecciones se produce una activación de los electorados, dejando en cierta sordina los ruidos de las extremas derechas. Lo que tiende a situar las previsiones preelectorales en parámetros más plausibles, que suelen traducirse en cambios significativos en los datos de las encuestas rigurosas.
¿Significa esto que a partir del momento en que se encuentran cerca las fechas de las votaciones los pronósticos de las encuestas pueden considerase más certeros? En buena medida sí, pero no de manera completa en las sociedades de nuestro tiempo, debido a varias razones.
Las encuestas preelectorales, como algunos hemos repetido hasta la saciedad, solo pueden considerarse válidas para el momento en el que se realizan. Es decir, recogen el estado de opinión y las intenciones de voto en un momento concreto, a partir de las preguntas pertinentes sobre estas cuestiones. Siempre, claro está, que los encuestados formen parte de muestras aleatorias de la población en edad de votar, que tengan la suficiente amplitud como para poder garantizar márgenes teóricos de error –que siempre existen– razonables. Todo ello prescindiendo de la posibilidad (real) de que algunos encuestados no respondan a las preguntas sobre intención de voto, o lo hagan de manera engañosa o indirecta.

Por lo tanto, hay que ser conscientes de que no basta con que el clima electoral se haya activado, con que esté cercana la fecha de la votación y con que las encuestas se hagan de acuerdo a procedimientos rigurosos para saber con certeza qué puede ocurrir en un determinado proceso electoral. De ahí que las ínfulas de algunos partidos políticos y medios de comunicación social resulten tan exageradas como disparatadas, ya que gran parte de lo que intentan vendernos no pasan de ser fuegos de artificio y columnas de humo, con más humo que otra cosa.
Valor y sentido de los pronósticos electorales
El verdadero valor de los pronósticos electorales es ayudarnos a conocer las grandes tendencias de fondo que en cada momento inciden en los procesos electorales y encuadran las decisiones a las que los ciudadanos contribuimos con nuestros votos en cada cita electoral.
Y estas opciones en cada momento llegan con menor o mayor nitidez a los electores, como ocurre, por ejemplo, en las segundas partes de los ciclos electorales. Por eso, es plausible esperar que en las elecciones de finales de 2023 opere ese “factor de consolidación de ciclo” en una forma que no está siendo evaluada y prevista en todas las encuestas. A su vez, junto a este factor, en momentos de cambio intenso como los que están teniendo lugar en la sociedad española operan elementos de carácter abierto que implican un mayor grado de incertidumbre de voto que el que existía en la mayor parte de las sociedades de nuestro entorno hasta no hace mucho tiempo. Por ejemplo, durante las últimas décadas del siglo XX en las sociedades europeas existían electorados bastante perfilados, que votaban a partidos específicos del espectro ideológico-político. Había bloques de electores demócrata-cristianos, liberales, centristas, socialdemócratas, comunistas, etc., que siempre o casi siempre solían votar por el mismo partido, con ciertas fugas colaterales en cada uno de estos bloques, que a veces votaban o no lo hacían, según sus motivaciones y sus incentivos. Lo que daba lugar a la conformación de unas u otras mayorías de gobierno (con alianzas o sin ellas) en cada momento. Situación que permitía que los comportamientos electorales fueran bastante predecibles en cada votación. E incluso sus márgenes de variación u oscilación. Todo lo cual se traducía en sistemas de partidos políticos bastante estables.
Indeterminaciones electorales
Los modelos de conformación socio-política de un pasado cercano están desapareciendo a marchas aceleradas, a la par que lo hacen las condiciones y características de las sociedades actuales. De hecho, en la sociedad española la proporción de electores de votan siempre o casi siempre por el mismo partido político ha pasado de ser en la primera década de este siglo más del 56% de la población a descender al 38%, al tiempo que aquellos que cada vez “votan a uno u otro partido, según lo que más les convence en cada momento, o no votan” han pasado de ser en torno a un tercio, a casi el 54%. Lo que, evidentemente, supone una mayor indeterminación de lo que puede votarse (vid. gráfico 1).

De manera paralela, en unos pocos lustros ha cambiado el modelo -o proceso- a través del que se decide a quién votar y si se vota. De forma que mientras que en el horizonte del tránsito al siglo actual el 81% de los españoles decía que tomaba la decisión de a quién votar mucho antes de la convocatoria de las elecciones, ahora los que tienen tomada su decisión con dicha antelación apenas pasan del 60%, encontrándose los que toman la decisión durante la última semana de la campaña entre el 20% y el 30% (en contraste con solo un 12/15% que lo hacía así hasta hace poco tiempo). Con un porcentaje apreciable (entre el 9% y el 12%) que decide a quién votar durante la jornada de reflexión o el mismo día de la votación (vid. gráfi- co 2). ¿Quién puede realmente anticipar o preverse este voto de última hora? ¿Y cómo?
Los que deciden su voto a última hora, incluso en el propio colegio electoral, nos plantean una notable dificultad de predicción electoral. Algo que está dando lugar a la aparición de una nueva clase de pseudo-sociólogos adivinos, más raros aún que los del grupo de la “docta ignorantia” de la que habla Alaminos. En realidad, lo que significan estos nuevos votantes es que estamos ante nuevas formas de comportamiento electoral, que no solo son más volátiles, sino que están determinadas e influidas por factores más diferentes.
El papel de los candidatos
Los últimos datos del CIS muestran la importancia creciente que tienen los candidatos en la decisión final de voto, en comparación con los partidos como tales, con sus siglas, su historia, sus programas, etc. En España la influencia de los líderes en la decisión final de voto concierne ya a un tercio de la población (33,1%). Lo que está causando una confusión apreciable entre los que emplean modelos de estimación de voto simplistas, cuyos datos, para más inri, ni siquiera concuerdan con los registros primarios de las encuestas -o encuestillas- que realizan. Lo cual los debería llevar al menos a dudar de los análisis en los que persisten. No solo en España. Con los consiguientes contrastes con los hechos. Uno de los últimos fue el sucedido en las elecciones legislativas norteamericanas de mitad de mandato, en las que se equivocaron todas las encuestas que anticipaban una debacle tremenda de las candidaturas demócratas. Algo que finalmente no sucedió.
La importancia del papel de los candidatos en la definición del voto puede tener especial relevancia en España en los momentos actuales, en los que estamos ante una caída persistente de los apoyos a Núñez Feijóo, que durante varios meses se había situado a la cabeza en las encuestas del CIS, para descender ulteriormente a niveles de apoyo que, cuando esto se escribe, se encuentran nada menos que a 11,9 puntos de distancia de Pedro Sánchez (vid. gráfico 3).
Plausiblemente, este será uno de los factores que va a influir en bastantes votantes en las elecciones que tendrán lugar en España en pocos meses, en un contexto de influencias y de opiniones y tensiones que tienden a conformar estados de incertidumbre y de inquietud, que requieren respuestas y talantes personales capaces de generar confianza y abrir las puertas a la esperanza. Nada que ver, por lo tanto, con el tremendismo negativo al que ciertos líderes y partidos parecen estar abonados. Y luego algunos dirán que esto son cosas del CIS de Tezanos. Esperemos que no persistan en la misma onda después de que hablen las urnas.
José Félix Tezanos
José Félix Tezanos Tortajada es un político, sociólogo, escritor y profesor español, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas.
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