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La interpretación de la soberbia, según Felipe González


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Felipe González ha elegido la vía de la estabilidad. Hay una adversativa, que esa vía es la elegida por Feijóo. Es decir, que González y Feijóo coinciden en que, en este preciso instante, las encuestas conceden un respiro al bloque de izquierda y nacionalistas que pudiera convertirse en posibilidad de sumar más opciones que el antagonista conservador.

El otrora indiscutible liderazgo de Felipe en la orientación senatorial de la izquierda se enfrenta ya desde hace un tiempo a un recambio generacional, de regeneración, de recambio, del que esta misma izquierda está necesitada. Como necesitada está del silencio, por lo menos en fechas previas a campaña electoral, de González, siempre y cuando salga al terreno de juego como militante socialista, dentro de la melée que se disputa el balón.

Como ex presidente que hable, pero como militante no parece muy razonable su locuacidad, máxime cuando es revestida de un rostro de autoridad délfico, de adivinación y resolución de problemas, únicamente elogiada por las planas de la prensa de cuño “anti sanchista”, exactamente la misma que reclutó o miró para el lado opuesto al nacimiento del sindicato del crimen, organización mediática cuya razón primera y postrera era la eliminación del “felipismo”, porque en ese gentilicio se encontraban los males de la patria, ya por entonces amenazada en su unidad y en riesgo de exterminio sus más profundas raíces históricas y cristianas.

Todo esto no es nuevo y sí viejo y anquilosado para González, Alfonso Guerra, Corcuera, de los de entonces; y César Antonio Molina, perteneciente a gobierno socialistas de más reciente formación. Parece deducirse de la manifestación del ex presidente que lo mejor para su diseño personal del destino político del presente es concertar la rendición ante el escenario PP, lo que, al ser portador de ese cheque de salvífica conducción del gobierno de España, llevaría el beneficio del apartamiento de Vox de la posibilidad de llevar las andas de Feijóo, pero con lucimiento muy destacado de su fundador Abascal.

El presidente Sánchez y el ex presidente Zapatero entonan melodía distinta en la orquesta socialista en coincidencia con lo manifestado por otro grupo tiempo atrás de dirigentes de Andalucía, con Chaves y Rafael Escuredo entre los “abajo firmantes”, que prefieren decir basta a los dicterios del ex vicepresidente Guerra, siempre en la seguridad del entorchado al mejor chiste de la lengua castellana, la mejor denigración del político que camine a su lado, aunque sea potencial socio de gobierno.

Se ha declarado el momento del esclarecimiento. Y Zapatero y González se han inclinado por caminos claramente distintos hasta el punto que el primero beneficia a Sánchez y el segundo no lo hace, sino que pone su hombro en el auxilio de Feijóo. Bien es cierto que Feijóo confesó en determinadas ventanas a la calle su devoción hacia el gobernante de sus primeros ejercicios públicos, el mismo Felipe.

La ventana elegida como capaz de aportar luz al universo en ese terreno fue la de la casa de Bertín Osborne, relegado sorprendentemente en este episodio electoral a vergonzosos puestos de disputa por el descenso en la liza por el brillo y elegancia profesionales de la comunicación. Si se atiende al orden que marca el tiempo de entendimiento socialista, la hora de González habría tocado a su fin en beneficio orientador de Zapatero, más y mejor conectado con foros nacionales e internacionales que el político sevillano, faro de transiciones y agente activo de modernizaciones, pero en posesión actualmente de una moral de formato vanidoso incapaz de superar su relegación histórica que desaconsejan el ejercido de la virtud de la recomendación.

En la sutil biografía de María Antonieta, de Stefan Zweig, donde se atiende a sentimientos y gestos, dice que la archiduquesa austriaca y reina de Francia, a sus 38 años, acude al patíbulo donde será ajusticiada en la Place de la Concorde, en boceto del pintor Luis David, “la boca cerrada con soberbia, como si gritara hacia adentro”. Muy distinto, física e históricamente, a lo establecido por González en su ya antigua animadversión hacia el sucesor en los destinos del PSOE, Pedro Sánchez.

 

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.


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