El debate de 2019 y las tres melancolías
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
A cuatro años menos cuatro meses, 5 noviembre de 2019, RTVE acogió el debate a cinco, dos miembros más que el del presente momento electoral, y de aquel acontecimiento únicamente quedan dos supervivientes. Así es de voraz la historia política española contemporánea. Feijóo ha renunciado al debate por incompatibilidad con la televisión pública, sobre cuya decisión incluso en su propia formación crecen divergencias de gran tamaño.
Hace cuatro años los cinco representantes mejor colocados en las encuestas y en el tablero de liderazgo comúnmente aceptado se dieron cita teniendo en frente la moderación del omnipresente Vicente Vallés, ya en Atresmedia, y Ana Blanco, en rotundidad profesional en la cadena pública.
El transcurso de menos de la sexta parte de lo que se considera una generación ha deglutido a tres de sus protagonistas más conspicuos y dedicados al reconocimiento de España tal y como ellos la objetivaban y la pensaban. Pablo Iglesias estaba exactamente a seis días de la firma del acuerdo de gobierno con el Psoe de Pedro Sánchez, sobre el que había tenido profundas dudas acerca de la compactación del cuerpo doctrinal de izquierdas, sobre el que se fundamentaba la posibilidad de formar precisamente un gobierno de coalición, tan caro en nuestro país desde siempre.
Aquella foto con traje gris marengo, tejido cheviot, con alguna rigidez y con talla y media por encima de lo aconsejado textilmente para un cuerpo de tan dudosa elasticidad, tiene la presencia de Iván Redondo, quien había fraguado los primeros acercamientos con el asesor del fundador de Podemos, Pablo Gentili. Aquella tarde se dieron más abrazos que en Vergara y dio por finalizada la secular guerra “carlista” entre la izquierda nacional desde los ominosos tiempos de Anguita, el hombre de izquierdas que preferían las derechas porque nunca incomodaba en medio del ambiente.
Iglesias molestaba y mucho hasta el punto que la iconografía anti coleta ha tardado mucho tiempo en obtener la liberación que solo ha podido proporcionar el logo top de verano de Txapote y su imperativo de voto. Iglesias ha llevado la imagen dolorosa y macarena del gobierno de coalición sobre sus cargadas espaldas y salió del ejecutivo en nueva actitud doliente para la confrontación contra fuerza gravitatoria en erupción ascendente como la de Ayuso, en mayo de 2021. Su inmolación puede que represente uno de los más leales episodios con el término honestidad.
El chalet en la sierra es , como decía Carlos Edmundo de Ory, en el cuento “Una exhibición peligrosa”, Taurus, 1964, “una cruz como sacrificio cara a los aires, un sacrificio elevado en toda la extensión de la palabra”. Pablo Casado, otro “missing”, repercute de otro modo, pero también en la dinámica de la injusticia de reparación imposible. Casado dio en asombrarse por una acción producida en el seno de su partido, cuya sorpresa en los sentimientos y en los sentidos entendía todo el mundo salvo los ahora detentadores del poder en la sede de la calle Génova, incluso mantenida cuando el designio de Casado era la rescisión del contrato de arrendamiento.
En este espacio inmobiliario tienen despacho la autora del disparo contra Casado cuyo nombre es Isabel Díaz Ayuso, que sigue teniendo una relación muy fraternal con la causa del divorcio; y precisamente Cuca Gamarra, de la más leal cercanía con Casado y con Feijóo, con paralelos itinerarios sin alcanzarse nunca la amistad traicionada.
Pío Baroja reconocía un tango gaditano, que ya es mérito para Don Pío, “una traición va formando/al que le da de comer”, como recoge en sus Memorias. El tercero de los ausentes tiene más difícil elogio. Por cuanto Albert Rivera, siempre al habla con las sustancias humanas, desnudas y líricas, el hombre que desde la génesis y crecimiento junto a la intelectualidad de Barcelona, fue seañalado con el dedo índice indiscutiblemente como el mesías revitalizador del mensaje de la limpieza democrática, marginal de todas las lacras políticas del siglo XX, que tantas barbaries imantó.
Pues resulta que el día del debate se agarró a un trozo de adoquín de la plaza de Uquinaona. Y ahí se quedó, sin liderazgo, sin gobierno de coalición, sin despacho de abogados. Eso sí, parece que por sentimentalidad abraza los tangos gaditanos que tanta armonía dibujaban en Baroja.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.
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