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Aquí continuamos


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

A pesar de todas las dificultades del camino, perece mentira, seguimos respirando y aquí continuamos, estamos vivos. Cada mañana experimentamos esa nueva y agradable sensación de continuar escribiendo el guión de nuestra historia. En un mundo lleno de incógnitas de cosas maravillosas y de riesgos impredecibles, de momentos felices e infelices, de certezas y dudas, de conquistas y fracasos, de seguridades e incertidumbres, continuamos haciendo caminos.

Estamos vivos a pesar de nosotros mismos, de empeñarnos en continuar solos en medio de las mayores concentraciones, de jugar con nuestras vidas como una carrera de velocidad, de no tener cuidado con ninguno de los peligros que nos acechan.

Asistimos entre un caos de indiferencias al dolor humano, y si no movemos un dedo nos convertimos en cómplices de la de la miseria, de la pobreza, del analfabetismo real o funcional o de que existan, junto a nosotros, seres privilegiados y llenos de comodidades y abundancias o personas privadas de los más elementales derechos.

Los pueblos que formamos este Planeta llamado Tierra, deberíamos estar condenados a entendernos, a cooperar e intercambiar, a luchar sumando por la paz, y no a enfrentarnos entrando de pleno entre el miedo y la fascinación de las guerras en una realidad en blanco y negro, toda destruida e inhabitable.

A veces nos colocamos nuestras mayores y mejores condecoraciones porque somos muy “inteligentes”, hemos logrado los mayores avances sociales, científicos y tecnológicos, pero no hemos conseguido evitar la contaminación nuclear, las manipulaciones genéticas o la incomunicación a pesar de que cada vez somos más los conectados y nos movemos por las redes sociales.

Nuestras contradicciones son explosivamente ofensivas, se despilfarra el agua en las piscinas, campos de golf o a través de las múltiples fugas de agujeros con algunos tramos de tuberías en un mundo, que, cada momento que pasa es más seco y desértico. Tiramos los alimentos excedentarios a los vertederos para no desequilibrar los precios, y solo ayudamos a combatir la hambruna en campañas oficiales y televisivas, en las que se haga propaganda de lo buenos y generosos que somos.

Construimos grandes discursos sobre la Paz mientras no dejamos de fabricar armas convencionales o químicas y bacteriológicas, que sean lo más eficaces posibles en el cruel y brutal cometido de matar. Dictamos medidas para corregir la contaminación, pero no dejamos de ensuciar el aire que respiramos, adulterar los alimentos que comemos o convertir nuestras ciudades en grandes basureros y nuestros bosques en grandes superficies de tierra quemada.

Fabricamos crisis económicas, aumentamos la inflación, distorsionamos la producción o desregulamos los índices bursátiles para hacer más ricos a los que más tienen, y más pobres a los que carecen de casi todo. Esta desigualdad les interesa mantenerla a los poderosos que manejan el mundo, de los que no sabemos ni su nombre ni apellidos.

La confusión reina en nuestro planeta azul, el mercado es el más importante y gran valor. Nos alejamos de lo ético para entregarnos a la estética del consumo desenfrenado y sin límites, en un movimiento que oscila cruelmente del hambre de unos al hartazgo de otros.

La corrupción en sus múltiples formas y variedades impulsa al integrante de la comunidad, a la necesidad incontrolable de tener sobre el ser y le introduce en una dinámica en la que prima el desprecio al respeto humano, a los códigos morales y al cumplimiento de la ley como garantía de la convivencia democrática.

Llegado a este punto, podría pensarse que me he recreado filosóficamente en plantear una visión negativa y catastrofista de nuestra existencia, nada más lejos de la realidad. Solo desde una reflexión crítica, desde la denuncia de lo que nos parece mal, desde el mantenimiento de un cierto pesimismo, lejos de la ingenuidad o el cerrar los ojos a los problemas que nos afectan, podremos trabajar por mejorar el mundo en el que nos ha tocado vivir.

Nuestro País demostró una vez más su capacidad para organizar los grandes eventos, como ese encuentro al más alto nivel europeo, como la cumbre que se celebró en Granada del 6 al 8 de Octubre en el que se abrieron puertas para tratar en próximo reuniones la ampliación de la Unión Europea como algo prioritario y regular la migración legal, a pesar de algunas posiciones cerradas y que nadie debe arriesgar su vida para llegar a Europa.

Todos los líderes europeos quedaron seducidos, hipnotizados y magnetizados por nuestra cultura a través del Flamenco, la increíble belleza de nuestro Patrimonio en los maravillosos espacios de la Alhambra y las sensaciones para nuestro paladar de la comida andalusí, además de nuestro hospitalidad como un País abierto a las diferencias.

Hemos de negarnos a admitir que nuestro escenario futurista sea el de un caos sin remedio, donde la desigualdad, la contaminación y la violencia nos llevan a la autodestrucción irremediable. En el que la dialéctica sea el conflicto, las guerras y las desigualdades.

Continúan las conversaciones para la investidura del Socialista de Pedro Sánchez y es conveniente y deseable que estén presididas por la prudencia y la discreción. Que el PP practique el mismo respeto que se tuvo con él cuando le tocó el turno a Feijóo, y aprenda a tener continencia y no dedicarse irresponsablemente a agitar la calle. Tal y como ha dicho el presidente en funciones ”Una cosa es que gobiernen con VOX y otras que gobiernen como VOX”.

Puede que la luz al final del túnel, la llave de la gran puerta, la solución quizás esté en nosotros mismos, en que seamos capaces de prevenir nuestras conductas no deseables, utilizar todos nuestros recursos de la forma más justa y adecuada en cada situación y producir la gran revolución para cambiar todo aquello que estamos haciendo mal. Si comenzamos hoy, mañana podremos seguir diciendo ¡Aquí continuamos!

 

 


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