Ayuso, un peculiar concepto de la familia
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
El interior Thomas Bernhard, en sus “Relatos autobiográficos” (Anagrama), habla de la familia como “colección de parientes consanguíneos”, así, con toda la escasa afectividad que puede generar la descripción administrativa. Qué lejos de esta afinidad se encuentra la versión de la unidad familiar que atesora y conserva de la misma la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Padre, hermano y novio, gozan de su caridad y consuelo afectivos tantas veces demostradas que gozan en provecho electoral de Díaz Ayuso de un arsenal de cariño y comprensión que jamás podría alcanzar la ambición individual y groseramente unilateral de cualquier “Koldo”, todas las inscripciones registrales para mí y únicamente para mí. Ayuso siempre tiene un rinconcito para la preocupación filial y sentimental, no todo va a ser el denuedo contra el presidente Sánchez, a quien ella considera “igual”, sabedora que antes o después ella decorará las dependencias del palacio de la Moncloa, quién sabe si con el asesoramiento de tantos y tantos contactos en materia sanitaria de los que bebe y vuelve a beber su pareja de condominio emocional, luego transmutados en el sector limpieza y derivados.
Todos los estamentos del producto interior bruto y neto se quedan cortos para una buena elaboración de una declaración trimestral de IVA o un impuesto de sociedades como la pandemia manda. Ya hará la subsanación correspondiente a tanta equiparación como ha abundado esta semana acerca de la violencia de la fuerza de la inspección fiscal, tributaria y del ministerio público contra las ansias emprendedoras de su prometido para el altar de la convivencia.
Ha de subsanar porque esta presión de las instituciones fácticas del Estado en manos socio comunistas, al decir de su cosecha, nada tienen que ver con las que soplaron de parte de Pablo Casado, presidente del Partido Popular allá por la primavera de 2022, a quien “políticamente” le parecía de alguna reprobación la realidad de una presidenta de comunidad de gran representación institucional como Madrid, en alegre unión familiar con un interviniente en negocios pandémicos y de salud de los madrileños. Casado disponía de notables alardes gramaticales y oratorios, como la corriente mediática gubernamental no ha escaseado en elogiar, mucho más brillante que la colección de anacolutos y discordancias de la inquilina de la puerta del Sol. Pero el peso de la simpatía clientelar de Madrid y el Partido Popular, en simbiosis de gran perfección, acabaron con aquel proyecto de la calle Génova, transmutado en otro expediente de orientación gallega, con nomenclatura Feijóo.
La madeja familiar, por tanto, no facilita desentrañar la perspectiva desde la que opera Ayuso. La circunstancia que rodea a su sobresaliente ego resulta de una gran familiaridad en la operativa sanitaria, el medio natural de crecimiento de su parentela más próxima, hermano y pareja, agentes del núcleo de la bata blanca, cuya intervención a veces ocasiona negocios de guante blanco. La consagración gallega de la primavera y la floración también estacional de los guiños de corruptelas con digestión y explicación ambas difíciles de cohonestar con la “cañasfera” y “libertaz” con zeta de zarzuela, hacen del caso Ayuso un instrumento de fácil manejo para contrarrestar con artillería selecta las posiciones “Koldo”.
Pablo Casado y Alberto Núñez Feijóo compiten en abierta rivalidad en el certamen de la sonrisa franca ante el escrutinio de estos días sobre qué fue primero el reconocimiento de la vía penal o el itinerario administrativo con sanciones y comisiones por medio del escenario donde había muchas mascarillas y muchas facturas y extractos con saldos a favor y en contra. Ayuso se encuentra en este momento en plena sensación de reincidencia. Salió con holgada gimnasia del primer episodio de escándalo con revalidación de mayoría de gobierno y producción de víctima en la figura de Casado.
Ahora, en segunda presentación de irregularidad de sus cercanos, las dudas sobre si sus movimientos estelares en Madrid pudieran ser descontados como éxitos en Betanzos, o en Dos Hermanas, se convierten en grandes interrogantes incluso si se habla del barrio de Salamanca o de Argüelles. Por si fuera poco, su pareja conviviente ha sido señalado como de gran parecido fisonómico con el actual ministro de Cultura.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.
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