La imparable devaluación de Ayuso
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
No se conocen casos públicos de afinidad al protagonizado por la pareja sentimental de la presidenta de la Comunidad de Madrid, si acaso en niveles de responsabilidad inferior al de la primera mandataria madrileña. Por tanto, se estaría ante la manifestación y desarrollo de un asunto del que no se tenían noticias, como es el del mantenimiento en cargo público, presidenta de una comunidad autónoma señera en la estructura del Estado, amén de la corporeidad que suministra a una peculiar manera de producirse en la política hasta el punto de representar una alternativa de gobierno en su propio partido.
Ayuso no ha participado en la administración de las sociedades mercantiles con las que ha operado fraudulentamente en materia tributaria su pareja sentimental con el que mantiene compromiso de fidelidad y amor, pero a partir de ahí no es arriesgado decir que su elección de vida en común no parece la más conveniente a los intereses de imagen pública. Ni para ella ni para el electorado madrileño que con su voto proporciona combustible para su elevación, ni para el que es gobernado por su dirección pese a negarle su apoyo en las urnas. A partir de este momento, ya en fase de crecimiento judicial el contencioso de su novio, todos los empujones de entendimiento y comprensión hacia el investigado serán interpretados como desvelos hacia la figura no ya de un compañero sino también de un confeso defraudador.
El envoltorio de magia que rodeaba a Ayuso, emanado de su heroica, por así decir, defensa del individualismo del habitante de Madrid para enfrentar la pandemia con una caña en la mano con olvido de derechos de más abolengo constitucional, ofrece puntos de vulnerabilidad. El común de la ciudadanía, exactamente el día en que Hacienda le comunica la cuota neta de aportación en la casilla de la renta, ese mismo día se va a producir un mecanismo defensivo que tendrá por objetivo Alberto González Amador, dueño de fisonomía medio oriental, quizá con dimensión extra hacia confines indostánicos, capaz por sí solo o con la ayuda instrumental del delito de generar recursos para exhibir la marca de automóviles Maseratti.
Esa metamorfosis del contribuyente en forma de oprobio comparativo se puede extender con mucho margen de confianza hacia el entorno del defraudador. Y ahí se halla sin posibilidad de escamoteo la presidenta Ayuso, en ejercicio de su cargo y con modo lenguaraz acerca de sus derechos facultativos para meterse en camas y dibujar movimientos entre sábanas y edredones nórdicos. Ese tálamo al que se refiere Ayuso y que se adivina amplio y cálido, espacioso y de encomio para el disfrute y descanso, ha sido obtenido mediante ingresos mitad legales y otra mitad deshonrosos.
Y ese detalle, si bien durante un tiempo permanece en el silencio del votante disciplinado del Partido Popular, no para de desarrollar una metástasis de desaprobación y enojo hasta que aparecen los primeros síntomas de la envidia, uno de los siete escogidos como pecados capitales por la autoridad católica del papa Gregorio Magno. Martín Amis, el prontamente desaparecido novelista británico, en su obra “Experiencia” (Anagrama, 2000), habla del disimulo de la envidia, “la envidia jamás asiste al baile ataviada de envidia, asiste con otros atuendos, ascetismo, grandes principios, sentido común”.
Es decir, que Ayuso, al ser afrontada por la envidia médica y pecaminosa de sus electores por situarla en el mismo enfoque que acapara su novio, puede experimentar grandes disgustos electorales desde este preciso momento procesal y político. Incluso con acuerdos extra judiciales que acortasen la sangría en imagen degenerativa que siempre produce este goteo de gran tensión mediática, el daño a la marca Ayuso ya se puede considerar una realidad. Ahora sólo falta calibrar la profundidad del daño en las filas del propio partido. La dirección actual de Feijóo, alimentada sólidamente con la victoria gallega, obtiene un plus nutritivo con la afloración de este caso, con el concurso de refuerzo multivitamínico del asesor de la presidenta Miguel Ángel Rodríguez, para quien la amenaza a los medios de comunicación tiene un componente de medida de gobierno.
Nada es igual desde la aparición en escena de González Amador, todavía sin definir físicamene ante la inflación de material gráfico sobre él. Ayuso se encarga de agrandar la silueta de su conviviente, generador de autos de alta gama y camas de madera pino finger, la mejor calidad. Y ya esta aquí la campaña de renta y más tarde la del impuesto de sociedades. Desde Chamberí se aconseja marcar la x solidaria.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.