El pasado y la frente de Ochandiano
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
Las dos semanas de campaña de las elecciones vascas que se resuelven el domingo 21 de abril tienen una divisoria, que es la declaración del candidato de EH Bildu, Pello Ochandiano, sobre el carácter terrorista de ETA. Retorció el léxico para decir “grupo armado” en lugar de “organización terrorista”. Y a partir de aquí se ha vuelto a paso ligero con la ayuda del reloj de la historia hasta el 19 de octubre de 2011, un día antes del anuncio de cese de la actividad de atentados de ETA. Parece claro que al candidato Ochandiano le cuesta hablar de sus mayores con la misma munición gramatical que aquellos a los que combate con la dialéctica del año 2024.
Bildu cuenta con los mejores números demoscópicos en estas elecciones a pesar de la mochila de hándicap con la que se mueve, que naturalmente viene del entendimiento y simpatía con las acciones de ETA hasta su desaparición, en cuya decisión algo tendrían que ver los actuales dirigentes del brazo político de lo que fue ETA. Lo sustancial, pues, podría ser el cese de la violencia decretada por decisión propia en 2011, pero a tenor de lo sucedido esta semana con la contorsión semántica del representante de Bildu el escalafón de cosas sustanciales ha sufrido una alteración. El compromiso con el funcionamiento de las instituciones y los códigos de conducta democráticos de Bildu no ofrece dudas y su comportamiento en el desarrollo de la política en el País Vasco y en el Parlamento español se encuentra dentro de los cauces de normalidad institucional y corporativa.
Su apoyo a las iniciativas del gobierno de Sánchez, desde sus inicios con motivo de la moción de censura de 2018, ha sido causa de muchas desazones de la oposición de PP y Vox, pero no se ha producido en el seno de Bildu ninguna actuación o declaración de añoranza o nostalgia acerca de la actividad de terror que fue el motor de vida de ETA como respuesta armada y terrorista contra los modos de pertenencia a un Estado al que consideraba ajeno y colonizador, según su particular lenguaje. Es decir, que Bildu pertenece por derecho propio al juego constitucional de España y al igual que el resto de los ciudadanos españoles entiende que la fecha del 20 de octubre de 2011 resulta capital porque termina una actividad de terror que constituía una condición extraordinariamente inasumible para el normal desarrollo de un Estado democrático, donde la fuerza solo puede residir en la seguridad del mismo.
La clave de bóveda es el final del terror, sobre cuya interpretación, pasado el tiempo, siempre habrá disputas. “No guardo de mi pasado más que lo que llevo detrás de la frente”, dice Stefan Zweig, en sus memorias tituladas Un mundo de ayer. Ochandiano, con apariencia de acumulación de menos años incluso que los 41 que ha vivido, está en situación de ser sincero y decir/no decir lo que piensa de la significación y la semiótica de ETA en la historia de España dependiendo del lugar y audiencia en la que se mueva. Si el interpelado hubiese sido Arnaldo Otegui o Josu Ternera, quizá, por razones de pertenencia temporal al momento del terror, los chasquidos sociales hubiesen sido mayores.
Que el relato de ETA ya ha bordeado el cabo de Hornos lo demuestra la candidatura de Ochandiano, pese a la mirada atenta de algunas biografías de más intromisión en la cocción abertzale de hace décadas. En los albores de la transición, Manuel Fraga, quien apareció junto a faros muy iluminados aún del franquismo para formar Alianza Popular, fue homologado como partícipe en la baza democrática y alguna vez tuvo que responder a formulaciones incómodas sobre su pasado, bastante reciente por cierto antes de su barniz normalizador. Hasta tal punto creyó el político gallego su papel que fundó también el Partido Popular, de cuya materia prima vive la principal oposición de este momento.
Un superviviente como Rodolfo Martín Villa también llegó a ocupar despachos de gran significación pública y nunca tuvo que responder a gritos sobre su procedencia y la identidad de sus maestros en el abecedario político de las postrimerías del antiguo régimen en su vertiente sindical. Otra memorialista, Patricia Highsmith, en sus Diarios y cuadernos (Anagrama, 2023), reflexiona: “¿qué nación no alberga en su historia algo atroz de lo que avergonzarse? Concretamente, crueldad. Los españoles, con los indígenas del Nuevo Mundo. América, con los indios rojos y ahora con los negros”.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.
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