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¿Gudaris o cazadores?


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Rondaba, se presentía, pero no aparecía. La campaña electoral transcurría en tono bajo, como dicen los expertos, quizá por la renovación de candidatos, más jóvenes, alejados de los tiempos duros, que piensan de otro modo y se expresan en otro tono, y porque no corre peligro la hegemonía nacionalista, aunque dos partidos -PNV y Bildu- se la disputen y el gobierno que salga de las urnas pueda ser mixto y no sólo nacionalista.

En parte por el desgaste del PNV y la queja ciudadana por el deterioro de los servicios públicos -la sanidad, la educación- además de la carestía y el problema de la vivienda- y por la moderación de Bildu, cuya campaña se ha referido más a los asuntos sociales y a necesidades regionales. Y aunque la reclamación de independencia haya retrocedido hasta situarse bajo el 15%, el soberanismo está asegurado; no había, pues, que insistir mucho en él, salvo en la conveniencia de renovar el Estatuto de Guernica, más cuando el PP, al contrario que en el resto del país, no había nombrado la soga en casa del ahorcado, es decir, no había despertado al fantasma, aunque este mes el diligente juez García Castellón ha propuesto juzgar a seis personas de la Comisión de presos de Sortu por organizar 120 homenajes a presos etarras entre 2016 y 2020.

Pero, hete aquí, que, casi al final de la campaña, un periodista de la Cadena SER pregunta por ETA al candidato de Bildu. ¿Eh? ¿Cómo? Y aquí empiezan los balbuceos para salir del paso.

Ochandiano no esperaba la pregunta, pues la campaña iba bien, tranquila, y las encuestas, en el peor caso, daban un empate entre Bildu y el PNV, algunas, incluso, colocaban a los abertzales un poco por encima de los jeltzales. Además, anunciaban un mal resultado para Podemos y Sumar, con lo cual Bildu quedaba como única fuerza a la izquierda del PSE en la cámara vasca. Pero la incómoda pregunta ha roto la placentera campaña.

Sorprendido, Ochandiano salió, como pudo, por las lomas del Goyerri y los picos de Aralar, pues no iba a salir por los cerros de Úbeda, como cualquier maketo, y desde señalar que el tema no le parecía relevante, como diciendo que en unas elecciones autonómicas hay que hablar de otras cosas antes que hablar del pasado -“no podemos anclar este país al pasado”-, que bien pasado estaba “como ciclo político” y no pretendían repetir el mismo “escenario”. Intentó escapar de la respuesta concreta aludiendo a la marcha del tiempo, a “una trayectoria larga”, “a un ciclo político”, cosa sabida, pero lo que importa es lo ocurrido en esa larga trayectoria, en la que ETA asesinó a 853 personas, según fuentes fiables, y a una treintena de niños. Que fue “un ciclo político”; cierto, pero, ¿qué ocurrió en ese ciclo político y qué valoración merece en él la actividad de ETA?

En resumen, lo importante es conocer si se trata de un pasado criticable; reprobable o reivindicable. Finalmente admitió, con algo más de concreción, que ETA fue “un grupo armado”. Que es cierto, pero sólo en parte, pues falta por definir y calificar la actividad, la finalidad de ese grupo armado, porque, fuera de los cuerpos militares y fuerzas de seguridad públicas o privadas, un grupo (civil) armado pueden ser los socios de un club de tiro al plato o una partida de cazadores.

Las improvisadas respuestas prueban que no se había previsto la pregunta, lo cual es un error en una situación donde las alusiones a Bildu y a ETA, por parte de los portavoces del PP forman parte desde hace meses del crispado ambiente en el Congreso y el Senado, amplificado por los periodistas y tertulianos de las derechas. Y también, porque la incómoda pregunta interpela directamente a Sortu, como heredero de Herri Batasuna, sobre su pasado, al que parece está anclado. Pero Sortu, el partido hegemónico de Bildu, donde otros partidos, algunos tan moderados como Eusko Alkartasuna, han condenado la violencia de ETA sin paliativos, no parece estar preparado para dar ese paso. Mientras tanto habrá quienes se lo reprochen y obtengan fruto de ello.

Lo curioso es que, al menos públicamente, por parte de antiguos miembros de ETA nadie se haya indignado con los titubeos de Ochandiano, que rebajan de nivel las pretensiones y actividades de ETA.

En sus primeros papeles, ETA afirmaba que estaba en guerra con dos estados -España y Francia- (pero más con España, fuera república o monarquía), y que ellos eran guerreros libertadores de un pueblo oprimido; “gudaris” de una causa justa, y ese es el recuerdo que desean conservar de sus actividades pasadas, y que Sortu aún preserva con su silencio. La definición de “grupo armado” es un calificativo vergonzante, porque compara a los “gudaris” del Movimiento de Liberación Nacional Vasco, admitido hasta por Aznar a la hora de negociar (pero olvidado por Feijoo), con una partida de domingueros que salen a cazar perdices.

 

Profesor jubilado de la Universidad Complutense.

Último libro publicado: 1968 Spain is different (Madrid, La linterna sorda, 2021).


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