La cámara
- Escrito por Juan Antonio Tirado
- Publicado en Opinión
¿Quién recuerda la primera vez que se vio en foto? Mirarse en un papel y verse reflejado debe ser un milagro. O una aparición. La primera vez, esa es la clave de una foto y de la vida, pero la primera vez no existe. Todo lo importante se repite, no tiene origen. La primera vez que vimos el fuego, la primera vez que nos vimos en un espejo, la primera vez que escuchamos la radio, la primera vez que tuvimos una pesadilla. El niño no ve nada por primera vez, porque existen muchas veces previas en que va viendo sin ver, hasta que se acostumbra a ver lo ya visto. Los padres se hacen la ilusión de descubrir a través de los ojos de sus hijos el mundo, pero esa intención no llega a concretarse. Nada importante se ve por primera vez. Nadie se ve en foto por primera vez.
Una fotografía es un instante robado y congelado, una anécdota con afán de trascender. Hay pueblos primitivos que temen exponerse a las cámaras por miedo a que les roben el alma. Entre nosotros, no existe ese problema, porque andamos sin alma desde hace tiempo. Y no la echamos de menos. Sin alma se vive mejor, aunque a veces se nos caigan el ánimo y la wifi.
María me regaló, hace muchos años, una buena cámara de fotos, de marca, con objetivos y todo eso. Con ella pretendía yo salir cada tarde a la calle, a cazar una instantánea. Después volvería a casa y escribiría un pie de foto lírico, ingenioso o cotidiano, unas líneas depuradas y felices. El propósito se quedó en nada. No salí ni un solo día con la cámara para cumplir mi propósito. Y eso que el libro tenía incluso título, El cazador de instantes. La cámara fotográfica la dejé muerta de risa en cualquier sitio. Ahora debe estar muerta del todo, enterrada en algún cajón. A estas alturas, salvo para un profesional, o un aficionado muy bueno, y no siempre, carece de sentido llevar una cámara. En el móvil tenemos la cámara, la cartera, la memoria. El móvil nos hace sentirnos vivos, y sin móvil quizá no tendríamos móvil para vivir. Pero estábamos con las fotos. Cuando tenemos oportunidad de contemplar fotografías antiguas, por ejemplo, de nuestra ciudad, hace setenta, ochenta o noventa años, nos puede impregnar la nostalgia, pero sobre todo nos fascina la belleza congelada de un instante. También, si damos un vistazo a nuestros álbumes personales nos invaden sensaciones diversas, entre la melancolía y el recuerdo grato. Las fotos eran escasas, cuanto más nos movemos en el tiempo hacia atrás, más escasas. Ahora se han multiplicado como una geometría loca, en una metástasis absurda, y ya la moneda se ha devaluado hasta valer técnicamente cero. En el ordenador o en el móvil, cualquiera de nosotros puede almacenar miles, incluso decenas de miles de fotos, que una vez hechas no volvemos a mirar.
Sin embargo, han sido los selfies los que ha revolucionado la fotografía, al extremo de que ya hay lugares turísticos que los han prohibido porque impiden el desarrollo normal de la vida cotidiana. El fenómeno es la expresión de una epidemia de narcisismo sin parangón en la Historia. Junto a eso perviven tipos creativos, como mi amigo Luis Muñoz Almagro, cazadores de instantes confundidos en medio de una masa informe de retratistas de la nada. El de la fotografía es el arte de la mirada, si damos la vuelta al objetivo y forzamos la sonrisa haremos lo que todo el mundo: el tonto.
Juan Antonio Tirado
Juan Antonio Tirado, malagueño de la cosecha del 61, escribe en los periódicos desde antes de alcanzar la mayoría de edad, pero su vida profesional ha estado ligada especialmente a la radio y la televisión: primero en Radiocadena Española en Valladolid, y luego en Radio Nacional en Madrid. Desde 1998 forma parte de la plantilla de periodistas del programa de TVE “Informe Semanal”. Es autor de los libros “Lo tuyo no tiene nombre”, “Las noticias en el espejo” y “Siete caras de la Transición”. Aparte de la literatura, su afición más confesable es también una pasión: el Atlético de Madrid.