Milei, la medalla de los madrileños
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
La Ley de Distinciones Honoríficas de la Comunidad de Madrid, en vigor desde el 23 de abril de este año, en que se publica en el Boletín Oficial de su comunidad, concede soporte a la Medalla Internacional en su artículo 10, donde dice “que se otorgará como gesto de cortesía y como reconocimiento y respeto de los ciudadanos de la Comunidad de Madrid a los representantes de otros países y máximos dignatarios de organismos internacionales y de la Unión Europea, en visita oficial a la Región...”.
La distinción, de cuatro centímetros y medio por cuatro centímetros y medio, no es suficiente por el tamaño para medir el cariño de los ciudadanos a sus distinguidos y homenajeados líderes internacionales. La equivalencia de la medalla en medidas sujetas al sistema métrico decimal ha pasado por el tamiz de la sentimentalidad de la presidenta Ayuso, se entiende que con la complicidad estratégica de Miguel Ángel Rodríguez, responsable de gabinete de la primera dama de la Puerta del Sol, con rutilante presencia de ambos en cuantas ocasiones se producen para lucir y destacar. Este tándem de la fragmentada derecha española, que bien podría nutrir esa taxonomía del conservadurismo nacional con la reciente integración al mismo de SALF (Se Acabó La Fiesta, por sus siglas convertidas al impudor de la patria), jamás abandona la idea de dejar de pedalear en esa bicicleta de tracción madrileña para clarificar que el instrumento de doble y sincopado pedaleo -Ayuso/Rodríguez- tiene objetivos que escapan de la sierra de Guadarrama y los Montes de Toledo.
Los beneficiados de esta concesión del título madrileño de la medalla son dos. De una parte, Milei, que a este paso deberá inaugurar un puente aéreo Aeropuerto de Eceiza-Base Aérea de Torrejón. Con un mes de promedio temporal, el presidente argentino visita España con diversos motivos, bien asistencia a los cónclaves de Vox, bien entrega de la medalla de la presidenta Ayuso, transmutada como la medalla del “respeto y reconocimiento de los ciudadanos”. Entre idas y venidas del inquilino de la Casa Rosada, el titular de la presidencia argentina no cesa en su trifulca contra el presidente Sánchez, bajo la atenta vigilancia del ministro Puente por si hubiera una decoloración en la mirada del líder del Cono Sur, quizá un movimiento más allá del habitual dinamismo del hombre de moda en Argentina y en tantos escenarios internacionales.
Por la otra parte del beneficio contractual en imagen y proyección se halla la figura pública de Ayuso, dueña de un discurso de entendimiento hacia el controvertido holograma de Milei, presente siempre en la conversación política del momento. Pues ahora, del holograma a la imagen real, en la tarde de un viernes en el rompeolas de todas las Españas, el mismo día en que comienza el solsticio de verano, cuando más tiempo dura el sol. El paraguas de Vox, ciertamente, queda sin abrir en esta improvisación de Ayuso, y al parecer tampoco habrá apertura de varillas para el de Feijóo, residente en la calle Génova, a una distancia de 3,3 kilómetros y que se interpreta como mínima para una ciudad de tanto tráfico y densidad como Madrid. La contención es una cualidad que en Feijóo aún no ha sido justamente reconocida, porque ya es virtud sobre la que no existen dudas.
El presidente nacional del PP dice hace un rato que “Milei no está en el espacio de moderación que yo reivindico” y, transcurrido ese rato, la presidenta de Madrid condecora al inmoderado. Al modo de Lutero, que clavó con la ayuda de un martillo sus 95 tesis en la iglesia de Wittenberg, en la Alemania de Sajonia-Anhalt, en 1517, Ayuso, sin martillo, pero con parecida intensidad cismática, impone la medalla denostada por muchos madrileños pero incluidos en la metonimia de la ley de distinciones honoríficas. Milei, con la sola presencia de Ayuso, no recurrirá, es de suponer, a las palabras del desaparecido Paul Auster, en “La habitación cerrada”, tercer título de la “Trilogía de Nueva York”, “yo no era quién para mirar por encima del hombro a la pobreza”.
Óscar Puente, también con la vista puesta en el primer tomo de esta Trilogía, “Ciudad de cristal”, relee “recordaba haber leído en alguna parte que los ojos eran la única parte de la cara que no cambiaba nunca”. El primer condecorado con la medalla de Ayuso fue, por cierto, Juan Guaidó, quien en 2020 representaba para la presidenta madrileña el futuro de Venezuela y ahora tiene un paradero internacionalmente desconocido en Miami.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.