EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Javier Milei: se acerca la hora de la verdad


(Tiempo de lectura: 9 - 17 minutos)

- UN TRIUNFO ELECTORAL INESPERADO -

Fue poco esperada la llegada de Milei a la presidencia de la Argentina luego de ingresar en la campaña electoral como un “outsider” que enfrentaba a las dos grandes corrientes pre existentes, una el partido del anterior gobierno, el peronismo -de índole populista aunque matizado de izquierdista en tiempo reciente-, y la otra un frente -“Cambiemos”- compuesto por un conglomerado heterogéneo, que nucleaba desde la vieja centro derecha del ex presidente Mauricio Macri a la social democracia de la vieja Unión Cívica Radical, con varios partidos menores intermedios. La amalgama que los reunía era en rigor un sentimiento anti populista y la necesidad de un mayor orden social y económico que mantenía ocultas serias disidencias en materia social.

Pero la historia previa, con los sucesivos fracasos de las distintas alternativas electorales en la democracia argentina, hicieron crecer un sentimiento de ruptura con ese ordenamiento previo, que bien supo explotar el emergente Milei con su mezcla de histrionismo y promesa de un futuro distinto, comenzando por su estilo confrontativo que le llevó a importar a su país el concepto de “casta” de la ultraderecha española de Vox para calificar todo lo anterior que supuestamente vendría a modificar.

No solo la experiencia rupturista del Vox español le fue útil a Milei, prestándole ideas y “coaching”, sino también un sector del ultra conservadorismo norteamericano, en particular una minoría republicana hoy bien conocida internacionalmente, que advirtió junto con algunos empresarios locales más avisados, que la ruptura antisistema que tanto éxito estaba cosechando en la vieja Europa como en el propio Estados Unidos, podía echar raíces en Argentina. Por lo pronto pocos años antes ya se había un hecho un experimento exitoso en Brasil con Jair Bolsonaro, en este caso con fuerte apoyo de iglesias evangélicas originarias de Norteamérica, a pesar de lo efímero de este suceso. Entonces, bien podía haber una nueva experiencia, quizás mejorada, esta vez en el vecino Río de la Plata. Por lo pronto Milei abrazó otra fe, la del judaísmo bajo una línea reconocida como ortodoxa.

En todo caso, de no llegar Milei adonde sí lo iba a hacer, su presencia estelar hubiera significado cuanto menos una alerta permanente para el sistema, pero finalmente obtuvo el triunfo electoral buscado al sumar otros factores coyunturales en su favor, los que supo explotar muy bien.

Del lado del peronismo contó con el apoyo que se le dio para conformar sus listas de candidatos a nivel nacional que no llegaba a completar por carecer de presencia activa fuera del centro del país. El entonces oficialismo, que iba a dejar el gobierno, tenía la sensación de que la pésima gestión de los Fernández (Alberto y Cristina) los llevaría al fracaso electoral, por lo que su candidato Sergio Massa -por entonces ministro de Economía- resolvió aquel apoyo a través de caudillos locales de pueblos y provincias a la candidatura de Milei, al que le sumó aportes empresariales.

Massa pensó que con esa acción podía dividir el voto opositor y ganar la primera vuelta en las elecciones solo con una base propia de alrededor de un tercio del total de los votos, lo cual efectivamente sucedió, y así llegar a la segunda vuelta electoral o “ballotage”, sistema introducido en Argentina por una reforma constitucional de 1994, y allí confrontar con una figura tan rudimentaria y escasa de lenguaje como Milei, para ganar al electorado indeciso. Pero esto último no tuvo lugar, fue al revés: el disgusto con el gobierno saliente primó.

Del lado del otro frente, “Cambiemos”, que desde mediados de 2022 se suponía fuera el grupo opositor al peronismo gobernante, primó un claro juego de individualismos liderado por el expresidente Macri, que deseaba asegurarse un sucesor adicto solo a sus consejos e influencia directa, incluso al punto de que el candidato de ganar debería aceptar sus exministros para su gabinete. Para más claridad, Macri deseaba asegurar la restitución de su proyecto de financiamiento de la construcción de nuevas autopistas con crédito externo bajo el sistema de Proyectos Público Privados, ya ejercitado en diversos países para eludir las normas de tope al gasto público y al endeudamiento de ese carácter. Tampoco le era ajena a Macri su interés por participar en el proyecto “Hidrovía”, es decir, el dragado de los ríos Paraná y de la Plata por donde transcurre un 30% de las exportaciones argentinas, y más del 50% de las importaciones, y que representa un ingreso por peajes del orden de los USD 400 millones anuales, y en aumento. La vinculación de Macri con la actividad de construcción es muy conocida en su país.

Esta injerencia del líder del principal partido de “Cambiemos” terminó en una división interna, que prosigue aún hoy, y debilitó la imagen del frente ante la opinión pública, frustrando las aspiraciones de quienes suponían la posibilidad de una renovación generacional. En definitiva, “Cambiemos” resulto el tercer excluido de una votación dividida en tercios, entre el ganador de la primera vuelta, Massa, el segundo, Milei, y el tercero, Patricia Bulrich, la candidata macrista. Luego esta última y Macri dieron su apoyo a Milei para el ballotage.

Finalmente, Javier Milei fue electo presidente de Argentina por amplia mayoría en segunda vuelta electoral (“ballotage”), pero eso luego de reunir apenas un 30% de votos en la primera, en la que se también se eligieron legisladores. Para colmo, tratándose su organización de un partido nuevo (“La Libertad Avanza”) que expresa al ultra conservadurismo, su representación parlamentaria en ambas cámaras resultó muy escasa, apenas un 15% en la Cámara de Diputados y algo menos en el Senado.

UN PRIMER TRAMO DE GOBIERNO QUE SORPRENDIÓ

Con ese panorama los escenarios esperados para el gobierno que se inició el 10 de diciembre de 2023 eran, o bien Milei buscaba sostener la gobernanza apoyándose en la bancada macrista, convirtiéndose él en el delegado del expresidente en el poder, o bien perdía el timón de mando en poco tiempo presa de la primera minoría peronista con el agregado de las agrupaciones de izquierda y otras provinciales sin alienación clara. Pero no fue ni lo uno ni lo otro.

Siguiendo el camino de la vieja política o “casta”, como Milei sigue denominado a los anteriores políticos, supo ganar adhesiones de macristas y de otros tránsfugas de la coalición derrotada “Cambiemos”, así como de partidos provinciales deseosos de sumarse el éxito y, con ello, a posibles reelecciones y cargos de gobierno. También supo Milei comprar votos en el Parlamento mediante el manejo discrecional del presupuesto, entendiendo “compra” como ganar voluntades a cambio de favores del tipo fondos frescos adicionales para la gestión de los gobiernos locales y, en general, enredando a la oposición en la alternativa de apoyarlo o caer en el obstruccionismo, lo cual suele ser muy mal visto por la opinión pública en los primeros días de la “luna de miel” con un nuevo gobierno.

Justo es decir que durante ese proceso de captación de voluntades puso un aparente orden en el contexto macroeconómico que el anterior gobierno había descompuesto, llegando al límite de la hiperinflación. Allí Milei aplicó su método de recorte drástico, rápido y sin mayor trámite del gasto público, que publicitó mundialmente como la “motosierra”, es decir, la máquina que corta el gasto de raíz, sin medir en todo caso las consecuencias.

Con una base de déficit cero, esos recortes significaron llevar casi a cero también la inversión pública que habitualmente constituía 10% o más del presupuesto nacional argentino, anonadar las transferencias a las provincias exceptuando solo a los gobernadores adictos y, particularmente -por ser casi un tercio del gasto total-, el recorte en un 40% del sistema público social de jubilaciones y pensiones de retiro, amén de otro tanto de los sueldos de los empleados públicos.

Las consecuencias de la baja del gasto solo con base en el resultado financiero no son gratuitas. Un reciente estudio del diario “La Nación”, el principal y más antiguo del país, señaló que el 50% del recorrido de las rutas nacionales está en estado de profundo deterioro, mientras que el principal hospital de niños de alta complejidad de la Argentina y centro de derivación de todos los demás institutos públicos y privados entró en conflicto también en estos días por un reclamo de falta de medios, así como por el retiro de personal experimentado por cuestiones salariales. Y esto solo a modo de ejemplo de los problemas que el fenomenal recorte de gastos ha provocado.

Dado el fuerte arrastre inflacionario de la economía argentina, el recorte o “motosierra” operó con el sencillo instrumento de un congelamiento (cero aumento nominal) durante el primer trimestre de gobierno de diversas partidas, particularmente las antes citadas, logrando así su deterioro en términos reales. Así, una inflación del 150% en el primer año de gobierno de Milei con un ajuste del gasto total inferior al 100% arrojó el exitoso resultado: un presupuesto ejecutado sin déficit.

Para ello, en materia legal, el gobierno aplicó una vieja receta muy empleada durante el gobierno de los Kirchner y también por su discípulo Fernández, consistente en no sancionar el presupuesto, dejando con ello vigente el del período anterior y aplicar por decreto especial (“de necesidad y urgencia”) el reajuste nominal a discreción. En la práctica, entonces, el gobierno termina ejecutando su partida de gastos sin intervención del Parlamento. Un hecho que los constitucionalistas consideran ilegal, los moralistas poco ético y los politólogos contrario a la institucionalidad, pero que en la práctica viene registrándose casi de manera sistemática en las últimas décadas.

Pero como bien señalan los economistas académicos, notablemente Paul Krugman, no existe una relación directa entre déficit fiscal e inflación, excepto en las situaciones en que se emita moneda para su financiación, lo que en principio era el caso argentino en tiempos de los Fernández. Pero hacen falta igualmente otros instrumentos para cortar el proceso inercial de realimentación inflacionaria, así como de costos y su traslado a los precios.

Por ello, Milei aplicó otra “motosierra”, consistente en mantener el valor del dólar bajo control de cambios primero, y tras su liberación previo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en abril último, también muy por debajo de la evolución de la inflación. En otras palabras, el estancamiento del valor del dólar se utilizó como medida antiinflacionaria efectiva, a pesar de los riesgos de brusca reducción del superávit comercial y de aumento del déficit corriente de la balanza de pagos, en un país con una enorme deuda externa del orden de los USD 300 mil millones (más del 50% del PBI) y con escasas reservas en su Banco Central.

La baja de la inflación, que descendió del 300% anual al asumir en diciembre de 2023 a un 25% proyectado (algo menos del 2% mensual desde mayo último), fue la carta de éxito inicial de Milei, que en tanto pudo utilizar otro instrumento, la aprobación de una ley “ómnibus” en el Congreso que le permite reordenar y/o suprimir organismos de gobierno a su gusto y privatizar empresas públicas, amén de un conjunto de reformas administrativas de dudoso alcance, algunos como las de orden laboral detenidos en los estrados judiciales.

Con esos “logros”, Milei obtuvo un cambio de expectativas en la población, aunque los inversores advierten el problema cambiario y la inestabilidad política general. Para apoyar su gestión, el presidente argentino mantiene su estilo combativo donde solo hay enemigos y no opositores, por no ahondar en su la calificación de comunistas o, peor aún, “terroristas fiscales”, a todos los que objeten recortes de gastos. Por caso a toda la prensa -excepto la adicta-, le ha dicho literalmente: “No la odiamos lo suficiente”.

Y ese estilo frontal se repite en foros internacionales y ha sido aclamado por sus seguidores, pero le ha costado disgustos con los que no lo son, como aquel con la comunidad LGBTIQ+ en el Foro de Davos en enero último, al proclamar la existencia de dos sexos únicamente, que generó una multitudinaria marcha de protesta en Buenos Aires que contó con el apoyo de los sectores independientes, o su confrontación con el presidente del gobierno de España en visita no oficial, entre otros. Pero en el orden local, si bien merece objeciones, resalta su carácter decidido y su focalización en sus objetivos sin mayores miramientos, lo que le ha valido mantener una imagen pública favorable.

Y con base en ello se prepara para ganar las elecciones de medio tiempo en octubre próximo, con renovación de la mitad del pleno de diputados y un tercio del de senadores. Dada su menor inserción política sobre el terreno en diversas provincias fuera de la región central, su agrupación libertaria ha ido anudando pactos con los gobiernos locales, éstos últimos deseosos de asegurar apoyos en ese orden local a cambio de ceder las candidaturas en el nacional. El partido de Mauricio Macri (el “Pro”), por su parte, se ha sumado al de Milei, convergiendo casi plenamente, tratando solo de resguardar su bastión, la alcaldía de la Ciudad de Buenos Aires, donde hoy gobierna su primo hermano Jorge, jaqueado luego de perder las elecciones de medio tiempo en la ciudad a manos de la oleada libertaria.

EL SEGUNDO TRAMO DECISIVO

Por supuesto que imponerse en las elecciones de medio tiempo es el primer hito que Milei espera superar este año, pero después le aguarda una tarea aún más difícil, que es el arreglo de las cuentas públicas en lo que hace al sector externo, dada la necesidad de pagar alrededor de USD 20 mil millones por año al exterior para atender el servicio de la deuda pública. Este déficit será financiado este año fundamentalmente con crédito externo, cuyo empleo futuro se debería reducir a partir de los compromisos con el FMI, renovados y ampliados con un crédito por otros USD 20 mil millones en abril último, que se suman a los USD 45 mil millones ya ejecutados.

Para ello surge de ese tratado con el FMI que el tipo de cambio flotará para equilibrar oferta y demanda con acumulación de reservas por parte del Banco Central, hoy cercanas a cero en términos netos (activos líquidos menos compromisos de pago de corto plazo, sin contar unos USD 50 mil millones de deuda pendiente por importaciones), lo que hasta ahora se obtuvo exclusivamente mediante créditos externos adicionales colocados a una tasa de dos dígitos en el último tiempo.

Obviamente la solución tradicional ante un creciente déficit de cuenta corriente de balanza de pagos es devaluar la moneda, ya sea con un aumento “de una vez” o, más probablemente, con micro devaluaciones más aceleradas (“crawling-peg”) por persistir un nivel inflacionario relativamente elevado del orden del 25% anual. Pero ese procedimiento tiene efecto inflacionario (“pass trough”) tanto por el impacto directo sobre los bienes exportables, de los cuales solo la soja no tiene mayor incidencia en el orden interno en la canasta alimentaria y la mayor parte, sino por todos los bienes de consumo durables y semi durables con alto componente importado. Por otro lado, en el segmento de servicios, por caso las comunicaciones y la energía, el impacto del costo del tipo de cambio es igualmente significativo, por el mayor costo del equipamiento importado y de los combustibles.

En definitiva, la administración Milei enfrenta solo dos opciones en 2026: o bien devaluar y soportar un repunte inflacionario sensible para corregir el déficit de la balanza de pagos, con consecuencias recesivas en el corto plazo, mientras que podrían mejorar las expectativas a mediano plazo, o alternativamente no devaluar para mantener baja la tasa de inflación, pero a costo de seguir endeudando al Estado argentino en el exterior en no menos de otros USD 20 mil millones y otro tanto en 2027.

Ahora bien, esta segunda alternativa depende no sólo de la voluntad gubernamental, sino más todavía del mercado de capitales que ubica todavía el riesgo argentino como uno de los más altos de Latinoamérica, solo por debajo de Venezuela y Ecuador. Ya el expresidente Macri, con un modelo conservador parecido, soportó, luego de la euforia al ganar las elecciones de medio tiempo de 2017, una rápida salida de capitales por el “retraso cambiario”, y un cierre del acceso al mercado voluntario de deuda, desatando una crisis que no pudo evitar aun contando con el apoyo del FMI, que le adelantó USD 40 mil millones. Por entonces, al desorden económico le siguió la perdida de las elecciones generales de 2019. Muchos se preguntan si la historia no volverá a repetirse.

En lo inmediato, este panorama incierto es el causante de que, a pesar del fuerte ajuste fiscal, la inversión externa no haya reaccionado positivamente ante un gobierno ultraconservador y proempresarial. No es tanto la desconfianza sobre su futuro político sino sobre el cuadro macroeconómico general lo que determina tamaña cautela inversora. En lo inmediato, el ministro de Economía, Luis Caputo, alienta el ingreso de fondos de corto plazo que disfrutan de las altas tasas de interés de la moneda local, aunque con un horizonte que no pasa de octubre para asegurar el recupero de una ganancia en moneda extranjera, procedimiento conocido como “carry trade”. Pero lo que es bueno a muy corto plazo vuelve como un “boomerang” en poco tiempo, y eso es lo que se espera para después de las elecciones.

Bien pronto entonces Milei deberá clarificar ese panorama, mientras la economía se mueve en un cuasi estancamiento, tras una suave recuperación de la depresión de 2023/24.

La gran ventaja política con la que cuenta hoy es, sin duda, la falta de liderazgo opositor, ausencia que por “default” consagró como única gran opositora a la ahora presidiaria expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, recientemente condenada a seis años de prisión por corrupción, con perjuicio al Estado argentino por una cifra estimada en USD 500 millones. Además, Cristina Fernández tiene en curso otros dos juicios por corrupción y un tercero por un pacto con Irán firmado durante su gestión de gobierno que se supone violó normas constitucionales, aunque no llegó a ser implementado.

En principio, Milei ha utilizado muy bien la dicotomía entre su modelo o la opción del retorno al desorden de los últimos gobiernos de los Fernández (Alberto una vez y Cristina dos sin contar su vicepresidencia), no mediando otras alternativas. Es por ello que, a partir de ciertos fenómenos colectivos, como el enorme ausentismo en distintas elecciones locales, caso de la ciudad de Buenos Aires hace pocas semanas, superando el 40% a pesar de la supuesta obligatoriedad del voto, en más la sensible indiferencia de la población en términos generales respecto de la política, ya sea en actos u otras formas de participación en las redes sociales, se especula con que existe un espacio de centro poco explotado por la política y sin liderazgo, el cual de ocuparse puede trastocar el panorama actual.

Por otra parte, el peronismo opositor deberá resolver si mantiene su fidelidad a Cristina Fernández, que no puede ser candidata electoral ahora, esperando que ella designe su alter ego; o si, en cambio, busca nuevas figuras que asuman la dirección partidaria y, en su caso, revisen los dogmas antisistema del pasado reciente.

Milei espera contar con apoyo externo para seguir avanzando con su modelo ultraconservador y de concentración de poder. En la práctica, ese modelo ubica al país en el clásico sistema extractivista, particularmente como resultado de la política cambiaria que solo permite alcanzar competitividad internacional a sectores de producción primaria (agro y minería, incluyendo petróleo y gas). Por ahora, al no contar con adversarios internos de fuste y controlar la inflación, sus esperanzas se mantienen en pie, aunque para ello requiere que le presten divisas (“dinero fresco”) por no menos de tres años, a razón de USD 20 mil millones en cada uno de ellos.

 

Abogado, analista de Política Internacional y colaborador de la Fundación Alternativas.


EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

Necesitamos tu apoyo económico para hacer
un periodismo fiable y con valores sociales

PERIODISMO DE DATOS

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. Si compartes estas preocupaciones y si valoras la labor de un medio libre que se atreve a plantearlas, apóyanos ahora.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué es importante tu aportación?

Tu contribución nos permitirá seguir publicando información esencial e independiente que podrás disfrutar de forma gratuita sin muros de ningún tipo.


¿Si tengo algún problema en mi transacción?

Escribe a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.