¿Qué pretende Núñez Feijóo con el congreso de su partido?
- Escrito por Javier García Fernández
- Publicado en Opinión
Al acabar el XXI congreso del Partido Popular emerge la tentación ditirámbica, es decir, como hace la prensa adicta de la derecha, ensalzar una operación política que, cuando menos, ofrece muchos puntos oscuros (“Un proyecto para la mayoría”, editorial de El Mundo, 7 de julio de 2025; “Feijóo asume su reto histórico”, editorial de ABC, 7 de julio de 2025), Hasta La Vanguardia, más distante, ha caído en la trampa de la benevolencia (“Feijóo y el reto de ganar el centro político”, editorial de La Vanguardia, 7 de julio de 2025). Pero lo cierto es que no hay razones para le benevolencia, pues en el congreso del partido conservador se han dicho y se han hecho cosas que deben preocupar, no ya a un progresista, sino simplemente a un demócrata. Por eso, es pertinente preguntarse qué pretendía realmente el presidente del Partido Popular al celebrarlo, pues llevaba tanto tiempo sin celebrar congresos que no parece que se lo haya convocado por cumplir una exigencia estatutaria. Núñez Feijóo buscaba algo más.
En primer lugar, ¿qué ha salido de este congreso? Ha salido encomendar los puestos segundo y tercero del partido a dos figuras duras y destructivas que sólo entienden la acción política como la guerra a muerte contra el enemigo. Tellado es un dinamitero que concibe la gestión política como el medio de destruir al enemigo, de machacarlo, y de paso esterilizar los cauces democráticos, como ha hecho a lo largo de todo el periodo en que fue el Portavoz de su Grupo Parlamentario en el Congreso de los Diputados. Ya lo ha demostrado con rapidez. En la rueda de prensa que dio al día siguiente de la clausura del congreso dedicó más tiempo a atacar y a difamar al PSOE, al Gobierno y a su Presidente que a explicar los objetivos programáticos de su partido. Es su estilo y es su misión, ponerse a la cabeza de los renovados ejércitos populares que van a combatir a muerte al Gobierno. Y para que no decaiga la fiesta la sustituta de Tellado como Portavoz de su Grupo Parlamentario en el Congreso, Ester Muñoz, se ha distinguido por su estilo agresivo y faltón, que es lo contrario que se puede pedir a un/a Portavoz parlamentario/a que debe ser dialogante y respetuoso con los restantes Grupos. Así que estos dos nombramientos denotan el talante agresivo, guerrero, del Partido Popular.
Denota también el talante del partido algunos elementos de la Ponencia Política y de los dos discursos pronunciados por el Presidente del partido. La Ponencia Política es bastante general, concreta poco, sobre todo en un partido que quiere ofrecer al Congreso un discurso de investidura. Dentro del contenido tópico, propio de la derecha (en algunos momentos rancio, como la referencia al humanismo cristiano, que parece extraído del programa político de la CEDA) algunas referencias previsibles:
- Guiños a la unidad nacional.
- Invocación del “reformismo” que es una manera de desvirtuar una expresión precisa en la Ciencia Política.
- Referencias a la “cordialidad” con las lenguas cooficiales para que se olvide su boicot en Bruselas.
- Un recuerdo a que la corrupción es un delito, recuerdo que se agradece viniendo del único partido español condenado por corrupción.
- Un piadoso deseo de repensar el papel del Senado sin reconocer que su función actual es boicotear al Congreso.
- Una inevitable referencia a la independencia judicial y la queja por la utilización política de Jueces y Tribunales (sic).
- Una promesa de asegurar “la neutralidad de los presidentes, directores y responsables de organismos independientes del Estado”, promesa que sería más creíble si la hubieran aplicado los Gobiernos de Aznar y de Rajoy.
- Una alabanza de la Universidad y de la sanidad pública que sin duda ha redactado la Presidenta Díaz Ayuso.
- Los tópicos de la política económica de todo partido de derechas.
Al lado de todo este discurso esperable, hay en la Ponencia Política dos elementos importantes. El primero es:
“Ni cordones arbitrarios, ni mayorías incoherentes. El socialismo actual lleva años queriendo elegir a quiénes debe excluirse del diálogo democrático. Al tiempo que pacta con los que trabajan a diario para la fractura de España, pretende bloquear la formación de mayorías alternativas dando muestra de un tacticismo arbitrario” (pág. 16).
La segunda es el punto referido a la inmigración y al control de fronteras, dentro, significativamente, del epígrafe dedicado a la libertad y a la seguridad, que con disimulo asume algunos de los puntos centrales de Vox. Ambas ideas aparecieron también en los dos discursos de Núñez Feijóo. Ahí tenemos la clave, a mi juicio, del Congreso.
Porque yo creo que todo el Congreso ha estado dirigido a dos fines, a saber: reforzar el marco ideológico que permita pactar con Vox y, en segundo lugar, poner a punto toda la artillería pesada contra el Gobierno y contra el PSOE. Añadamos un tercer objetivo que quizá no hubiera justificado un congreso, que es apuntalar el poco carismático liderazgo de Núñez Feijóo para evitar excesivas presiones de Díaz Ayuso.
La paradoja (y el engaño) de este acercamiento a Vox es que, a renglón seguido, en el congreso y en días posteriores, el Partido Popular ha lanzado el mensaje de que quiere gobernar sólo, sin coalición con Vox. Pero ¿de dónde le salen los números? A pesar de algún artículo fantasioso de El País, el Partido Popular ya se ha salido del centro y necesitará obligadamente a Vox para gobernar, bajo cualquiera de estas dos fórmulas:
- En coalición con Vox, con Abascal como Vicepresidente del Gobierno.
- Con Vox fuera del Gobierno, pero ejecutando el programa político de la extrema derecha, lo que le permitiría obtener los votos de Junts en la investidura (si Junts obtiene un número significativo de escaños, lo que está por ver) siempre que ese programa esté oculto en el discurso de investidura.
En ambos casos, el congreso del Partido Popular es la definitiva consagración de su posicionamiento en el perímetro ideológico y estratégico de extrema derecha europea, muy en línea con Manfred Weber.
Evidentemente, por mucho que quieran disimularlo, no engañan a nadie. Es un Partido Popular que, gobierne solo o en coalición, asume los valores de la extrema derecha.
Y para remachar el posicionamiento ideológico y programático, el discurso agresivo y faltón de José María Aznar donde no podía faltar su ardiente deseo de ver al Presidente Sánchez en la cárcel. Es una vieja tendencia de las derechas españolas esa de encarcelar al adversario (como lo vivió Azaña en octubre de 1934) y no debe extrañarnos, aunque debe preocupar que ese discurso de guerra y aniquilación cale en una parte del electorado. Pero la derecha española es así.
En definitiva, un congreso para que el Partido Popular se posicione cómodamente en la extrema derecha con Vox como aliado, pero con un mensaje engañoso para no alejarse de un centro que abandonó hace tiempo.
Javier García Fernández
Subsecretario de Cultura y Deporte, Director general de Reclutamiento y Enseñanza Militar en el Ministerio de Defensa, Subdelegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Secretario General Técnico de los Ministerios de Vivienda, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Delegado de España en la primera reunión Intergubernamental de expertos sobre el anteproyecto de convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, organizada por la UNESCO, en los años 2002 y 2003.
Fue fundador y director del anuario Patrimonio Cultural y Derecho desde 1997. Hasta la fecha ha sido también vicepresidente de Hispania Nostra, Asociación para la defensa y promoción del Patrimonio Histórico.
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