Fiscal general, el juicio y sus derivadas
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
La dimisión de Mazón ha abierto un frente de dinamización política de primer orden al medir la correlación de fuerzas entre los depositarios del voto conservador y neo autoritario de PP y Vox, pero no puede opacar el envite no menos notable del juicio al fiscal general por un presunto delito de revelación de secretos. En este proceso se dirimen las posiciones políticas del ejecutivo por entender que el fiscal general pudo cometer ilícito con la intención de perjudicar a un rival público, como podría ser el caso de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso; y las de la propia primera mandataria de Madrid por darse por hecho que el presunto perjudicado por la supuesta revelación, la pareja de Ayuso, pudiera ser elegido en la desnudez de datos privados, no por azar, sino por la indagación interesada habida cuenta de la identificación del novio de la presidenta Ayuso, cuya credibilidad se vería resentida al convivir íntimamente con un delincuente fiscal, amén de desarrollar sus negocios objeto de la ilicitud en el ámbito sanitario durante la pandemia.
Precisamente ahora, en el momento en que más resentida se encuentra la solvencia de potencial gobernante de Feijóo, el presidente del PP, la ventilación final de este asunto objeto de juicio tiene una indiscutible derivada en el futuro del PP nacional. De terminar condenado el fiscal general, la inflamación de optimismo respecto de Ayuso experimentaría tal ascenso que Feijóo, si acaso flaquee mínimamente en la gestión valenciana tras el episodio Mazón, tendría un relevo aspiracional insuperable en la figura pública de Díaz Ayuso. Su figura habría de ser agigantada en lo que se consideraría una afrenta terminal al gobierno de Sánchez, dañado en uno de los ejes vertebrales como sería el del fiscal general, presentado como ejemplo de arbitrariedad en su función auxiliar del gobierno de turno. Ahora bien, por el contrario, de producirse la absolución final del fiscal Álvaro García Ortíz, naturalmente la principal damnificada sería la presidenta Ayuso, quien vería sepultadas sus ambiciones de liderazgo sustitutorio en el Partido Popular por la participación capitular en la defensa por todos los medios a su alcance, incluida la apuesta delicadísima de la involucración de su responsable de presidencia, Miguel Ángel Rodríguez, quien habría de pagar no solo su vasallaje sino que arrastraría con ello a su representada al más alto nivel de confrontación, con la avería moral de la elección de un compañero señalado por el código penal por fechorías fiscales.
Ello significaría el segundo revés en muy poco tiempo para el ala de barniz profundo del Partido Popular: de un lado, la precipitación de la crisis en Valencia, de por sí caladero sustancial del éxito electoral en elecciones generales, y lo que representaría un cataclismo de enorme proporción en el distrito de Madrid, garantía hasta el momento de un insuperable tsunami favorable a los intereses en votos del PP. Las opciones que adelantarían en sus aspiraciones, si se diese la neutralización de Ayuso, serían por este orden, primero el presidente del PP, Feijóo, que vería aparcado el peligro de precipitación que ha sostenido desde su aposento en Madrid por parte de Ayuso, con hitos de marcaje ideológico y estratégico en la agenda de Génova. Segundo, Vox, como marca autoritaria y pro trumpista, de marcado alineamiento con la visión planetaria del inquilino de la Casa Blanca, que habría de desprenderse de la marca Ayuso, que hasta el momento no solo categoriza en Madrid el prontuario de Vox, sino que silencia la huella sonora e ideológica del partido de Abascal en la comunidad central, naturalmente todo ello antes de la gaseosa exculpación del fiscal general. Tercero, por ende, el gobierno central y su partido, el socialista, que vería nutrida su resistencia, precisamente cuando más falta le hace, con la fatiga del material Junts y el aparcamiento del apoyo oficial desde julio de 2023, y la batería de preocupaciones judiciales que afectan a cargos orgánicos, Cerdán y Ábalos, y de extravagancia rebuscada en el seno familiar. Y sobre todo ello, la incógnita sobre el resultado de la sentencia del Tribunal Supremo, sobre el que planea el enunciado de la dramaturga francesa, Yasmina Reza, en Serge (Anagrama, 2021), “el carácter reversible del juicio a partir de los mismos hechos es un fenómeno tan frecuente como inquietante”. Es decir, todo es posible.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.
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