Trump, Ayuso y Abascal triunfaron por la abstención progresista
- Escrito por Rafael Simancas
- Publicado en Opinión
Los análisis poselectorales suelen ser de gran interés, cuando se cuenta con datos fiables y se realizan las preguntas adecuadas. El estudio publicado por el CIS sobre las últimas elecciones extremeñas arroja algunas conclusiones interesantes acerca de las conductas y motivaciones del electorado ante aquella cita con las urnas.
Por ejemplo, más de un 40% de los electores que recuerdan haber votado al PSOE el 21 de diciembre adoptaron su decisión tras dudas entre votar a este partido, abstenerse, votar en blanco o votar nulo. Ese porcentaje se reduce drásticamente hasta el 22% en el caso de los votantes del PP, y cae aún más hasta el 18% para quienes votaron a Vox.
Las dudas entre gran parte de los votantes socialistas oscilaban, por tanto, entre votar y no votar o votar inválido, mientras que los electores derechistas optaban más bien entre votar a un partido o votar a otro, pero ejerciendo siempre su derecho a una votación válida.
No son datos aislados. Se trata de una constante, que se mantiene en el tiempo, que se intensifica últimamente, y que afecta a prácticamente todas las latitudes. Los votantes de izquierda presentan mayor tendencia a la abstención, mientras los votantes de derecha tienden a una mayor movilización electoral.
Las consecuencias políticas son evidentes. Si las mayorías sociales e ideológicas no presentan un comportamiento electoral equivalente, son las minorías sociales e ideológicas las que acaban siendo beneficiadas e imponen gobiernos, políticas y decisiones.
Los últimos triunfos de las derechas más extremas tienen relación directa con este fenómeno. Trump ganó las últimas elecciones de 2024 con casi un 40% de abstención entre el electorado estadounidense. Ayuso logró mayoría absoluta en la Comunidad de Madrid en 2023 con casi un 35% de abstencionistas, seis puntos más que en las últimas elecciones. Y Abascal consiguió un avance espectacular en las elecciones extremeñas gracias a que más del 39% de los extremeños renunciaron a su derecho a votar, diez puntos más que en 2023.
El votante progresista es más sensible al deterioro del clima político que el votante derechista. Cuando el debate político se enfanga entre mentiras y descalificaciones, el primero en alejarse es el elector de izquierdas. También es el más dispuesto a abstenerse para expresar su crítica ante una gestión ineficiente.
El votante de izquierdas es especialmente intolerante con la corrupción, que muchas veces castiga no votando. Detesta la trifulca interna y la desunión. A veces se borra cuando el triunfo no es claro. Y amplias capas de la población, partidarias por necesidad de las políticas progresistas, suelen sentirse desplazados y ajenos ante la confrontación partidaria.
En la derecha, los votantes suelen ser más comprensivos con los inconvenientes de sus representantes. Son más conscientes de la importancia de votar a los suyos, aunque los suyos no sean perfectos, fallen y hagan gala de claras incoherencias. Son más disciplinados ante las urnas.
Los estrategas políticos y mediáticos de las derechas saben esto, como lo sabemos nosotros. Y acomodan sus planes a esta realidad. Enfangar el terreno político. Anteponer descalificaciones a propuestas. Generalizar la crítica a la corrupción que no es general. Las exageraciones, las mentiras, los ataques personales forman parte de una estrategia que busca la abstención del votante progresista.
Así perdió Kamala Harris. Así han perdido varios candidatos progresistas. Gracias a la abstención de parte del electorado, en contra de sus valores y en contra de sus intereses. Después lo pagan caro. Muy caro.
En los últimos años se dio una excepción a esta dinámica. Una excepción que muestra el camino a las fuerzas progresistas y que alimenta la esperanza para el futuro, primero en Aragón, después en Castilla y León, en Andalucía y en el resto de España. Fueron las elecciones generales del 23 de julio de 2023.
El PSOE con Pedro Sánchez remontó los malos resultados de las elecciones autonómicas y municipales de mayo de aquel año, llevando a las urnas a cientos de miles de españoles y españolas con valores progresistas que dos meses antes habían decidido abstenerse.
¿Su motivación? La razón y el sentimiento. La razón de propiciar un gobierno para ganar prosperidad y derechos. El sentimiento de no permitir para ellos y sus familias un retroceso en décadas de progreso y libertad.
El 23J nos enseña el camino. Cuando los votantes con valores e ideas progresistas se abstienen de atender las estrategias desmovilizadoras de la derecha política y mediática, España avanza, ellos avanzan.
Pilar Alegría, Carlos Martínez, María Jesús Montero, Óscar López y, desde luego, Pedro Sánchez representan esa España que avanza. Por eso soy de los convencidos de que los próximos análisis poselectorales serán muy distintos.
Rafael Simancas
Diputado en las Cortes Generales por Madrid. Secretario general del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados.
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