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La paz según Teherán



(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

"Irán utiliza la historia de las guerras entre Roma y Persia para presentar las negociaciones con Estados Unidos como el símbolo de un nuevo orden regional."

Entre las muchas cosas que comparten China e Irán, además de una alianza estratégica consolidada, destaca una diplomacia sofisticada y erudita, aficionada a las referencias históricas y literarias intrincadas. Es otra forma de exhibir poder y superioridad; en este caso, cultural.

Si hace apenas unos días Xi Jinping recurría en su conversación con Donald Trump a la llamada “trampa de Tucídides” para presentar a Estados Unidos como una potencia en declive, ayer el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmail Baghaei, retomaba esa misma idea —la de un Estados Unidos decadente— mediante una nueva referencia histórica -a la guerra entre Persia y Roma- en sus redes sociales que decía mucho más que cualquier declaración oficial.

El acuerdo que estaría ahora mismo sobre la mesa de negociaciones incluiría, según fuentes estadounidenses, la ampliación del actual alto el fuego durante otros sesenta días; el fin de la guerra en todos los frentes, incluido Líbano; el desbloqueo de los fondos iraníes retenidos por las sanciones estadounidenses; el levantamiento del bloqueo naval y la reapertura del estrecho de Ormuz; así como la retirada de las fuerzas estadounidenses de la región. Después, ambas partes dispondrían de treinta días para abordar las negociaciones sobre el programa nuclear, de acuerdo con lo que se conoce hasta ahora de este memorándum de entendimiento.

Sin embargo, la versión difundida por los medios iraníes difiere en varios aspectos. El principal es el relativo a Ormuz, cuya navegación, según Teherán, no volverá en ningún caso a ser como antes de la guerra. El control del estrecho quedaría, según estas fuentes, en manos de Irán y Omán, que ya estarían negociando las condiciones de ese nuevo peaje marítimo. Es decir, cuando las autoridades iraníes hablan de reapertura, ello no implica en absoluto la restauración de un tránsito libre y gratuito.

Pese al optimismo exhibido por Washington, las autoridades iraníes se mantienen firmes en sus términos. El general Ali Abdolahi, comandante del Cuartel General Central Jatam al-Anbiya de las Fuerzas Armadas iraníes, afirmaba que será Irán quien garantice la seguridad en el Golfo Pérsico dentro de un “nuevo orden regional” en el que “los extranjeros ya no tendrán lugar”. Todo ello, añadió, bajo el principio de “un Irán fuerte”.

La guerra, lejos de debilitar la posición estratégica iraní en el Golfo, parece haber reforzado su capacidad de proyección regional. Y, frente a una percepción creciente de repliegue estadounidense, Teherán comienza a presentarse a sí misma como una nueva superpotencia dominante en Oriente Próximo.

Allí cobra sentido la referencia histórica publicada por Baghaei en sus redes sociales al fallido intento del Imperio Romano de someter Persia en el siglo III. Aquel episodio, enmarcado en las guerras romano-sasánidas —una larga sucesión de conflictos y periodos de coexistencia entre ambos imperios— culminó con una de las derrotas más humillantes de Roma. En su mensaje, Baghaei extraía una lectura contemporánea del episodio: “Los romanos creían que Roma era el centro del mundo, pero los iraníes pusieron fin a esa ilusión”.

El mensaje iba acompañado de una imagen del petroglifo de Naqsh-e Rostam conocido como “El triunfo de Sapor”, uno de este célebre conjunto de relieves rupestres situados a pocos kilómetros de Persépolis y destinados a glorificar a la dinastía sasánida.

En él aparece el emperador romano Valeriano arrodillado ante Sapor I tras la derrota de Edesa, implorando clemencia después de perder todo su ejército. El monarca persa aparece representado a caballo, revestido con la armadura y la corona reales, mientras el emperador romano suplica a sus pies. No se trata de un detalle menor: fue la única vez en la historia en que un emperador romano cayó prisionero de un enemigo extranjero. Junto a ellos aparecen también representados Filipo el Árabe y el cadáver de Gordiano III, muerto durante la campaña.

Tras aquella derrota, Roma terminó aceptando una paz dictada en los términos establecidos por los sasánidas. El César no tuvo entonces otra opción que claudicar. La pregunta es si el actual está dispuesto a hacer lo mismo.

 

Doctora en Historia Contemporánea, autora de libros y artículos especializados en el catolicismo y la guerra civil española.


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