Carta al PP de un mal español
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Opinión
Con la ruptura de la negociación para la renovación del CGPJ, habéis vuelto a atribuir la responsabilidad del fracaso al presidente del gobierno socialcomunista acusándole a su vez de mentiroso, traidor, mal socialista y mal español, recuperando con ello la línea quebrada de las lindezas más clásicas de los tiempos de Pablo Casado como traidor, felón y ególatra.
Lo más novedoso y también lo más grave es que para ello hayáis necesitado resucitar la vieja división entre los buenos y los malos españoles. No solo por lo que supone la recuperación del lenguaje del guerracivilismo, sino también porque con la mencionada división maniquea entre buenos y malos, la derecha española entroncáis con la deriva dialéctica del nacional populismo de los Meloni, Trump y Bolsonaro y os sitúais en las antípodas de vuestros anteriores cantos de sirena a los votantes templados de la socialdemocracia, retomando además el término de señor X que en otro tiempo se agitó contra Felipe González.
Al parecer, y dentro del relato de la derecha, la causa última que ha desencadenado la ruptura de la negociación radica en la decisión del gobierno de reformar el código penal con la intención de rebajar la pena de sedición, en la línea de la calificación que dan los principales países de la Unión Europea a los delitos similares contra el orden público, algo muy diferente de los atentados contra las instituciones o a la Constitución que implican otros delitos como la rebelión. Algo que, según afirmáis, el propio presidente del gobierno se lo habría ocultado al presidente del PP y también a su representante Esteban González Pons durante la negociación, y que al parecer ambos le habríais creído a pies juntillas, a pesar de vuestra desconfianza y reiteradas acusaciones de mentiroso patológico. En conclusión, estaríamos entonces ante un engaño inaceptable, o bien ante una ingenuidad incomprensible o simplemente ante vuestra crónica de un falso relato.
Sin embargo, la intención del gobierno de reformar el delito de sedición era conocida públicamente desde el mismo discurso de investidura, eso sí condicionada al logro de una mayoría parlamentaria suficiente, y lo único novedoso ha sido que en las últimas semanas Esquerra Republicana de Cataluña lo ha mencionado en la negociación previa de las enmiendas y la ministra Montero en su réplica del debate de totalidad de los Presupuestos. Pero es que además, tanto vuestra portavoz parlamentaria Cuca Gamarra como el propio Núñez Feijóo, conocedores como eran de dicho compromiso de investidura del presidente del gobierno, habían declarado en más de una ocasión que la posible reforma del código penal sobre el delito de sedición no entraba en contradicción ni impedía el proceso de negociación del Consejo General del Poder Judicial, que en ese momento iba a buen paso y con la perspectiva de un próximo acuerdo.
Al contrario de este relato interesado, el cambio radical de postura que ha llevado a vuestra ruptura se ha originado en el propio seno del partido popular y ha venido precedida de un creciente malestar tanto en sectores conservadores de la justicia, como de los medios de comunicación de vuestro entorno y de vuestra presidenta de la Comunidad de Madrid, a medida que avanzaba la negociación, sobre la que veníais cuestionando públicamente la misma posibilidad de un acuerdo y que cuando se ha filtrado la existencia de un preacuerdo y sobre todo de un pacto inminente, con la asunción por parte de vuestros negociadores de propuestas tales como la de Conde Pumpido para la presidencia del Tribunal Constitucional, finalmente todo ha estallado.
Un preacuerdo que la presidenta de la comunidad de Madrid describió días antes de la ruptura como un peligro cierto de que el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional se llenaran de "Tezanos disfrazados de jueces" frente a la necesidad de mantener "una justicia independiente que haga de contrapeso al gobierno de Sánchez". He aquí donde el PP habéis mostrado las verdaderas razones de vuestro empecinamiento en el bloqueo, tanto del CGPJ como del TC, en el mantenimiento de la mayoría de control y sobre todo en su utilización como ariete de oposición institucional y de desestabilización con respecto al gobierno y al parlamento elegidos, a los que las derechas seguís negando su plena legitimidad.
Y así se lo hicieron saber a Feijóo, al equipo negociador y a la opinión pública, como una muestra más de su influencia y poder interno. Ahora ya sabemos incluso que tanto el CGPJ como miembros afines del Tribunal Supremo estaban como se dice al cabo de la calle. Por eso finalmente, la dirección de Feijóo no aguantó la presión, rompió la negociación y como pretexto se han agarrado a la reforma de la sedición para explicar su estampida de la negociación, con objeto también de renegar del contenido y de los perfiles acordados, todo con el reciente añadido de la profecía apocalíptica de una futura cesión del gobierno ante los republicanos con el objetivo de favorecer la impunidad de Puigdemont y del resto de los huidos de la justicia, quién sabe si para volver al referéndum de autodeterminación. En definitiva, la excusa del Procés como argumento identitario, al igual que lo ha sido el de ETA, en que sitúais al adversario como traidor, como antipatria y como enemigo, con lo que además impedis cualquier otro pacto de estado durante lo que resta de legislatura.
Por eso, la actitud moderada que predica de sí mismo el nuevo líder de la derecha se ha resumido hasta ahora en un balance tan pobre como hacerse autobombo como el epítome de la moderación, de la experiencia de gestión y de la seriedad, para desde ese púlpito tan pronto pontificar como acusar de extremista y populista al presidente Sánchez y al conjunto del gobierno de coalición.
Lo que no entendemos los calificados de malos españoles es cómo los que os denomináis buenos españoles, lejos de cumplir con vuestras obligaciones constitucionales de contribuir a renovar las instituciones, os empecináis en degradarlas, y cómo no contentos con ello volvéis a agitar de nuevo la antipatria para los que no pensamos como vosotros y os instaláis en la confrontación política hasta el límite de la difamación, la descalificación y el insulto al oponente.
De hecho, si bien la retahíla de insultos había amainado por vuestra parte en los primeros meses de la nueva dirección, aunque la descalificación se dejaba en manos de Elías Bendodo y de Cuca Gamarra, sin embargo han vuelto a arreciar en boca de toda la actual dirección, incluido el moderado Feijóo, que se suma al coro en los momentos de dificultad.
Todo ello en las antípodas del partido de la moderación que propugnáis, que al menos sería aquel que se expresara con contención en el lenguaje, que además hiciera propuestas prudentes y que solo fuera extremista en la búsqueda del diálogo y de los acuerdos.
Algunos de entre nosotros, los malos españoles, podríamos pensar entonces, y con toda la legitimidad, que este relato sobre la ruptura de la negociación solo forma parte de vuestra tendencia secular a ocultar y eludir las responsabilidades políticas en cualesquiera fracasos y a excomulgar a todo el que no piense como vosotros. A pesar de todo, saludos de un mal español.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.