Ramón Lamoneda Fernández. II
Por medio de un acercamiento controlado y cauteloso al PCE, justificado por las necesidades objetivas del esfuerzo de guerra, Lamoneda confiaba en aislar a los caballeristas, e imponer la disciplina de partido a la militancia, según el mandato para restaurar la unidad interna, que había recibido la Ejecutiva, en la reunión del Comité Nacional en mayo de 1936. Los dirigentes caballeristas, tampoco nada satisfechos con el surgimiento de iniciativas populares de fusión, que amenazaban su propio poder sobre la militancia, fueron inmediatamente conscientes, de las intenciones que albergaba la Ejecutiva de Lamoneda. Lo que puede comprobarse, en una carta que la izquierda del partido publicó en “Claridad” el 6 de enero de 1937. La izquierda socialista supo interpretar perfectamente, el mensaje que encerraba la circular de Lamoneda, a saber, que la Ejecutiva nacional no estaba dispuesta a capitular frente a Largo y la Agrupación Socialista Madrileña (ASM).
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