La muerte de Galdós: espejo del apoyo cultural en España
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Cultura
La muerte de Benito Pérez Galdós el 4 de enero de 1920 no fue solo el final de la vida de uno de los escritores más prolíficos y destacados de España, sino también un punto de inflexión que nos obliga a reflexionar sobre cómo la sociedad española valora y apoya a sus figuras culturales, tanto en el pasado como en el presente.
Galdós, a pesar de ser un titán literario cuya obra abarca desde novelas profundamente introspectivas y críticas sociales, artículos de prensa, cuentos, teatro, hasta los ambiciosos "Episodios Nacionales", murió en una situación de notable abandono y precariedad económica. Nuestro escritor, quien había sido un espejo crítico de la sociedad española de su tiempo, no recibió el apoyo necesario ni en sus años de declive físico ni después de su muerte, cuando su legado debería haber sido robustecido y preservado.
Los propios intelectuales españoles, así como el rey Alfonso XII en su momento escribiendo a Premios Nobel para que no le dieran el premio al escritor nacido en Canarias, pero nacionalizado madrileño, define claramente la idiosincrasia de nuestro país.
El apoyo tardío, simbolizado por una estatua en el Parque del Retiro y una absurda junta de homenaje organizada en sus últimos años, parece ser más un gesto de redención cultural que una verdadera ayuda en sus momentos de necesidad. El periodista José María Carretero Novillo, conocido como "el Caballero Audaz", criticó la hipocresía de los poderosos que organizaban estos actos, lo que refleja una crítica perdurable sobre cómo las elites a menudo buscan lavar su imagen a través de la asociación con figuras culturales de prestigio sin ofrecer un apoyo real cuando más se necesita. La que este artículo firma creó en 2005 una revista Isidora de estudios galdosianos, que continúa hasta hoy, que no tiene apoyo de nada, bueno, de mi bolsillo, y que por ende, reivindica la idea de que a un autor lo que hay que hacer es publicarlo. Todo país con aprecio a su cultura, tiene revistas de sus autores, la mía no tiene una Casa Museo o ayuntamiento detrás, lo cual es una vergüenza y lo peor, cada vez menos colaboradores porque ni los intelectuales “grandes” se atreven a escribir sobre él. Dar a conocer su obra, con divulgación, con traducciones…Publicar su obra, esa es la cuestión.
Hoy, casi un siglo después, nos preguntamos si realmente hemos avanzado en este aspecto. La cultura en España, como en muchos otros lugares del mundo, sigue enfrentando desafíos significativos en términos de financiación y reconocimiento. Los artistas contemporáneos a menudo luchan por obtener el reconocimiento y el apoyo que merecen, enfrentándose a un panorama cultural que sigue estando dominado por la incertidumbre económica y la falta de apreciación pública. “Cuando yo me muera…” les digo siempre a mis colegas, ahí saldrá toda mi obra. Pero mientras, no hay quien aguante.
La muerte de Galdós debería servirnos como un grito a la reflexión y la acción. Necesitamos evaluar cómo nuestro sistema cultural apoya a los artistas y pensadores que no solo entretienen, sino que también desafían y expanden nuestro entendimiento del mundo. ¿Estamos proporcionando suficiente apoyo a nuestros creadores para asegurar que puedan vivir dignamente y continuar produciendo su trabajo sin tener que enfrentar las penurias que enfrentó Galdós? No. Aquí se sigue premiando al primero que llega o al segundo que es conocido por la tele, o al amiguete de turno. Después están los que hacen obra y tienen recorrido. Así es la cosa. ¡Tenían que hacer una RAE de influencers e influenceras, youtubars…gente intelectual en definitiva con grandes estudios y sacrificio! ‘Claro que sí! que para hablar de maquillaje, de tontás, de la play, hay que ser como mínimo licenciado en asuntos sin importancia, que por lo visto pronto van a crear un Ministerio gordo a ese respecto.
En última instancia, el legado de Galdós y la naturaleza de su muerte deben hacernos reflexionar sobre la necesidad de un cambio estructural en la forma en que valoramos y sostenemos la cultura en España. No basta con reconocer la grandeza de nuestros artistas en retrospectiva o con gestos simbólicos; debemos comprometernos a apoyarlos activamente en vida. Solo entonces podremos evitar repetir los errores del pasado y asegurar que la cultura española florezca, sostenida por una comunidad que verdaderamente valora y apoya a sus creadores.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.
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