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La vida y los autores: la transmisión de textos y las atribuciones fidedignas


(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

La poesía o género lírico -no de zarzuelas precisamente- es el que se ha prestado y se presta más y mejor gracias a su carácter unitario y breve a la transmisión en forma manuscrita. En la tradición literaria y dentro de ésta la lírica ha sido y es la que más y mejor se presta a las antologías, recopilaciones y colecciones que esto ya viene desde hace mucho, de antaño. Los criterios, ningunos. En general y ya más bien en el XVII, los aficionados a los versos iban constituyendo pacientemente antologías manuscritas con aquellas composiciones que se acomodaban a sus gustos. Estos cartapacios, a menudo llevaban el título de Poesías varias o Diferentes poesías y gracias a ellos es posible reconstruir buena parte de la poesía de aquellos siglos. El gusto o criterio del compilador es el que hace que estas recopilaciones varíen, si bien se puede observar en estas colecciones un gran "espíritu de época" que permite distinguir por sus contenidos las fechas de compilación, aunque por lo general, acostumbran a mantener una cierta distribución de las obras por grupos temáticos o métrico-temáticos, formando pequeños núcleos con piezas de un mismo autor.

Puede haber en ellas un cierto color de grupo poético local, pero en general no era la norma. Es verdad que los cancioneros individuales también existían por aquellos años, pero tuvieron en su momento escasa difusión. En cuanto a estos cancioneros reunidos la cuestión más palpitante es la de las atribuciones fidedignas, que en esto la prudencia es la mejor consejera crítica a la hora de atribuir un determinado soneto a un autor; pues con la costumbre de escribir el nombre de éste en el poema que inicia la serie y después escribir en los restantes Otro del mismo, genera serios problemas. Sobre todo si se pierde el folio que trae el nombre del autor o bien se lo salta el copista, que esos poemas pasan directamente al autor anterior. Y ahora ¡váyase usted a saber! No obstante, existen cancioneros individuales movidos por el afán de dejar por parte de los poetas un testimonio fiel de su paso por el mundo poético, aquí en la tierra.

Los místicos, eran los que mayor suerte corrían en este sentido, bien sea por que su producción fue bastante escasa -no eran Quevedo ni Lope desde luego- o bien porque la proyección personal de su obra estaba destinada a la práctica en conventos, como era el caso de la Noche oscura de San Juan que se solía cantar en los conventos durante el refectorio. Bien es verdad que gran parte del Cántico espiritual está escrito en clave simbólica no precisamente para ser interpretada en los refectorios o quizás sí, no lo sabemos. Para el estudio de la obra de San Juan es difícil encontrar algunas claves o códigos que de forma igualitaria nos lleven a algunos criterios interpretativos únicos, la coherencia que por lo general intentamos aplicar a la interpretación textual, para el Cántico es imposible. Las palabras, las estrofas, las frases si partimos desde una perspectiva religiosa, no lograremos encontrar sentido de no ser que forcemos los significados, y si partimos de una clave erótica, de sencillo amor humano sucederá lo mismo, por lo que la correspondencia entre el texto y el sentido alegórico o simbólico es un proceso para el lector cuanto menos difícil por lo que tiene -como digo- de contenido simbolista. Por lo que en verdad no sé como hacían en los refectorios cuando a nosotros los del XXI se nos hace tan difícil de comprender usemos la perspectiva espiritual, erótica o cualesquiera o ninguna, eso es, ninguna y todas a un tiempo.

Los poemas de Santa Teresa corrían igual suerte pues éstos eran difundidos en las residencias conventuales, entre ellas. Ni qué decir tiene que sobre estas cuestiones siempre se recomienda seguir los pasos de A. Blecua, de cuyos cursos y libros de crítica textual había aprendido el manejo de textos.

En cuanto a la transmisión de textos en la época medieval, el problema se agrava para filólogos e historiadores que en esta materia concreta son una misma cosa. Los copistas ejercían sobre los textos un gran monopolio y una gran libertad a la hora de introducir variantes, las cuales imprimen aún si caben mayores dificultades a la hora de discernir su autoría. Por variante se entiende la variedad o diferencia de lección que hay en los ejemplares o copias de un códice, manuscrito o libro, cuando se cotejan los de una época o edición con los de otra. De la inmensidad de libros de crítica publicados sobre poesía o historia de la poesía son pocos los fidedignos y pocos los que están bien hechos, sin ponerles o quitarles comas, que en esto incluso los editores de la actualidad también se permiten estas licencias.

Los poemas han circulado manuscritos de una a otra generación hasta hoy que se sigue haciendo lo mismo, sin pensar que desde que el autor redacta su obra hasta que la considera válida para ser publicada existen muchos estadios creativos desconocidos para la inmensidad de los lectores. Incluso una vez editada la obra el autor continúa ejerciendo correcciones en sucesivas ediciones –yo suelo hacerlo- y generando distintas variantes valiosísimas para cualquier investigador o amante de verdad de la literatura, variantes que puedan dar al traste con el sentido inicial o primero del autor. En fin...

Por poner un ejemplo, Boscán y Garcilaso eran amigos como algunos lectores saben, y a los pocos años de morir Garcilaso, Boscán publicó sus poesías en el cuarto libro de su colección personal. Boscán murió sin llegar a corregir los pliegos finales en los que se incluía el texto de Garcilaso. Es obvio que apenas quedan manuscritos con textos garcilasianos, por tanto sólo queda pensar que Boscán fuera respetuoso con los poemas de su querido amigo como única solución. En realidad, para los renacentistas el gran paso que transforma su lírica es el adoptar un metro distinto, el endecasílabo, que era más acorde con la nueva sensibilidad impuesta por el Renacimiento, ya que se trata un verso con un ritmo mucho más lento que nos permite un detenido análisis del sentimiento del poeta y de su entorno.

Boscán, el poeta nacido en Barcelona, fue sin duda quien abanderó el proceso de renovación formal de la lírica en España, de la nueva escuela poética del Renacimiento preparando el camino que después siguieron otros. Lo curioso es que la obra completa de Boscán, sus versos, se publicaron al año siguiente de su muerte, en 1543, al cuidado de su viuda, distribuidos en tres libros, y su publicación gozó de sonado éxito por incluir las de su amigo Garcilaso, Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega quedando así unidos los nombres de ambos incluso después de muertos.

De la primera edición hubo el mismo años dos falsificaciones en Castilla, y llegaron a veintinueve las ediciones que se hicieron a lo largo del siglo XVI. Ambos poetas van juntos en el elogio y en el vituperio, incluso en las versiones que se hacen a lo divino, transformando su sentido de amor humano en amor a Dios. De 1569 es la primera edición de la obra de Garcilaso sin Boscán, desde donde el autor catalán ha sido olvidado por completo -aquí somos así- hasta el siglo XIX que relanzando su poesía Knapp publicó una edición moderna de su obra con notas críticas. La tendencia a la comparación es algo intrínseco a la esencia de ser humano, incluso en las recopilaciones más celebradas de poesía se puede leer: "Pronto se vio asistido y superado en la empresa por Garcilaso, y tras la muerte de éste se dedicó a compilar uno de los libros más importantes de la poesía española" y volvemos a citar el de Las obras de Boscán etc....

En métrica, en temática o en lo que sea, uno es quien es y por mucho que se empeñe nunca puede ser otro, parecido a esto no lo digo yo, ya lo decía Galdós cuando le entrevistaban y le agobiaban comparándole con Zola, con Ibsen...que afán en España con las comparaciones, así nos va. A mí, sí me gusta el poeta catalán y una buena prueba de ello es el soneto Quien dice que la ausencia causa olvido merece ser de todos olvidado.

Era muy frecuente también en estos siglos XVI y XVII que los poetas que no eran muy aficionados, no publicaran sus obras pues una pujante tradición manuscrita y oral podía difundir sus creaciones suficientemente. Por tanto, el silencio del autor sobre la fidelidad del texto es evidente al realizarse ediciones por lo general póstumas, por amigos, familiares o seguidores del autor cuando no, algún impresor poniendo en ambos casos en peligro la integridad de los textos. Este fue también el caso de Francisco de Aldana cuyos manuscritos fueron publicados por sus hermanos sin saber hasta hoy hasta dónde llegó intervención tan preciada. Fray Luis de León y Francisco de la Torre fueron publicados por Quevedo en ese ambiente Humanista que había difundido el método filológico* hasta caracteres de plaga, de tal forma que cualquiera se consideraba capacitado para limpiar un texto de posibles errores, si bien está demostrado que Quevedo no corrigió el texto en el caso de Fray Luis dando a la imprenta un manuscrito con errores, hasta el punto de repetir la oda Inspira nuevo canto. Con Francisco de la Torre, no hay constancia expresa, si bien es de suponer que en nada intervino pues la idea de Quevedo principal publicando estas ediciones no era en absoluto la de realizar una esmerada tarea filológica, sino la de lanzar por medio de estos poetas una réplica contra el gongorismo. La obra en verso que Quevedo estaba puliendo y preparando para la imprenta poco antes de su muerte, fue publicada por González de Salas, un humanista y amigo suyo, que en ocasiones utilizaba sus autógrafos. Su intervención en el texto debió de ser la propia o característica de un filólogo del siglo XVII, es decir correcciones sólo en los casos de errores evidentes o presumibles.

Pero el fin, el caso más lamentable fue el de Fernando de Herrera editado por Pacheco, pues las variantes de esta edición afectan radicalmente al usus scribendi del poeta, pues aparecen en ella arcaísmos y neologismos inexistentes en los manuscritos y en los impresos cuidados por el propio Herrera.

Por tanto, con la excepción de los materiales del XIX y XX cuya transmisión es un poco más fidedigna, las compilaciones en general no son de fiar.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.


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