«¿Qué es el hombre y qué puede llegar a ser?»
El cascanueces y el rey de los ratones, 1816, E.T. A. Hoffmann
Otro ejemplo de cuento infantil ideado para los hijos de su amigo Julius Eduard Hitzig, Fritz y Marie, los mismos nombres de los que protagonizan este cuento donde no todo es lo que parece. Un relato maravilloso y algo oscuro del autor más representativo del movimiento romántico alemán que combina tradiciones populares alemanas en las que los muñecos de madera encarnaban entidades protectoras del hogar con una profunda simbología sobre la fantasía, los influjos de los sueños, el desdoblamiento de la personalidad, el contraste entre razón y onirismo, la capacidad de servicio y la valentía, además de haberse convertido en todo un símbolo navideño. Más adelante, Alejandro Dumas haría su propia versión, de la cual es heredera el famoso ballet homónimo de Tchaikovsky.
La figura del cascanueces que hoy conocemos es posterior, del s. XVIII, un muñeco de madera de abeto o haya pintado a mano con ropaje de húsar y una boca muy grande articulada para partir nueces, el fruto seco por excelencia en el norte de Europa durante la época navideña. Y este es precisamente el regalo que recibe Marie en la noche del 24 de diciembre de su padrino, el extraño señor Drosselmeier. Y es entonces cuando se abre el mundo fantástico de unos juguetes que cobran vida y luchan contra el rey de los ratones, el villano del cuento, y una niña humana de siete años. Aquí, todo es mucho más sombrío que la versión edulcorada del ballet y la pesadilla está garantizada. No obstante, cabe recordar que los elementos terroríficos son parte consustancial de todo cuento popular (hasta la llegada de Disney), donde las maldiciones y la capacidad de seres inertes del imaginario común cobran vida y quedan bien ancladas en la memoria infantil a través de ilustraciones como elementos educativos de advertencia y aprendizaje. El aroma y el ambiente navideño se funde con otra historia maravillosa intercalada y relatada por Drosselmeier a los niños, la de la princesa Pirlipat y el origen del hechizo del Cascanueces, en la que asisten a batallas de soldaditos de plomo y viajan en flores de caramelo al Reino de las muñecas, un mundo que cobra vida cuando los adultos duermen, donde el Cascanueces es un príncipe valiente pero maldito y la niña una valiente princesa redentora. Aún así, no es un mero cuento para la infancia (ni esta debe ser subestimada, como decía el propio Hoffmann), porque desde una lectura más profunda comprobamos de inmediato que los elementos misteriosos característicos del autor se reflejan perfectamente en este cuento de dobles sentidos: desde Drossel en su vertiente de alto consejero jurídico y hábil artesano de artefactos articulados, pasando por el soldado-príncipe-sobrino Cascanueces o la niña dulce y valiente que atraviesa un armario (Lewis Carrol y C. S. Lewis seguirán la estela) para entrar en reino fabuloso de los juguetes y liberar el hechizo que pesa sobre el muñeco para hacerse carne. O sea, adultos.





