- Primera edición del Índice de Libertad del Paciente, para 51 países desarrollados.
- De los países de la UE+OCDE, España sólo supera a México, Indonesia y Costa Rica.
- Belgas, checos y alemanes son los pacientes con mayor libertad.
La Fundación para el Avance de la Libertad (Fundalib) ha publicado el Índice de Libertad del Paciente (ILP) 2026, un nuevo estudio internacional que compara el grado de autonomía real que conservan los ciudadanos cuando utilizan los sistemas sanitarios. Elaborado por Bosco Aspe, Director Académico de Fundalib, y Juan Pina, Secretario General, el informe analiza 51 países desarrollados (toda la OCDE, la UE y algunos de similares características) mediante veinte indicadores agrupados en cinco grandes áreas.
A diferencia de otros rankings sanitarios, el ILP no pretende medir la calidad de la asistencia, la esperanza de vida, las listas de espera o el nivel de gasto. Su objeto es determinar cuánto margen conserva un paciente adulto para tomar sus propias decisiones. El estudio analiza la libertad del paciente a la hora de elegir proveedores (médicos, centros), escoger tratamiento, acceder a la información sanitaria, optar por servicios sanitarios directos y por el autocuidado, y las opciones disponibles en materia de financiación y cobertura. En definitiva, se trata de determinar en qué medida el paciente retiene un alto grado de libertad en materia sanitaria o no.
Bélgica encabeza la clasificación con 92,80 puntos, seguida de la República Checa, con 91,20, y Alemania, con 90,20. Estos tres países son los únicos que alcanzan la categoría de libertad del paciente “muy alta”. Países Bajos y Uruguay completan las cinco primeras posiciones. Este último destaca además como el país latinoamericano mejor clasificado.
El informe muestra que no existe un único modelo sanitario capaz de garantizar por sí mismo una mayor libertad: sistemas institucionalmente muy distintos pueden obtener buenos resultados cuando permiten al ciudadano escoger entre proveedores, ejercer derechos efectivos sobre sus datos y disponer de distintas opciones de cobertura. Otros sistemas, incluso con buenos resultados clínicos, pueden limitar considerablemente la autonomía individual mediante mecanismos obligatorios de todo tipo, restricciones en la elección del prestador de servicios médicos o escasas alternativas en la financiación sanitaria.
España aparece muy rezagada, ocupando el puesto 48 de los 51 países analizados, con apenas 63,50 puntos, lo que la sitúa en el nivel de libertad media del paciente. Nuestro país presenta resultados comparativamente sólidos en información y datos sanitarios, pero pierde posiciones por las grandes restricciones existentes en la elección de proveedores y por la limitada capacidad de decisión sobre la financiación y cobertura básicas.
Con esta primera edición, Fundalib incorpora la libertad del paciente a sus estudios internacionales comparados y plantea una cuestión habitualmente relegada en el debate sanitario: no sólo qué resultados produce un sistema, sino también cuánto poder de decisión tiene en su seno cada paciente. Juan Pina, Secretario General y coautor del estudio, ha declarado que “a la vista del resultado, España debería emular a países como Bélgica, Alemania o Suiza” y que “la escasa libertad del paciente español es una mancha en el historial de una sanidad que se presenta a bombo y platillo como una de las mejores del mundo”. Pina ha señalado que “España debe ampliar las capacidades de su sanidad privada, elegida ya por más de catorce millones de españoles, sobre todo en materias como la baja médica y la compensación económica de las recetas”, y que “en el horizonte debería estar la habilitación de sistemas de cheque sanitario que permitan a los ciudadanos de rentas bajas escoger libremente la aseguradora médica de su preferencia, devolviéndoles así la capacidad de elegir e introduciendo un elemento de sana competencia entre proveedores, frente a la trampa que constituye nuestra rígida sanidad pública, donde el paciente apenas tiene capacidad de decidir”.





