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María Teresa León (1903-1988). Una intelectual de la generación del 27, que llevó a Shakespeare a las trincheras


(Tiempo de lectura: 7 - 13 minutos)

Fue una mujer excepcional, comprometida, activista e innovadora. Feminista que asumió los valores republicanos con una enorme energía y fuerza interior que le permitió enfrentarse a las convenciones sociales y a una cultura, en buena medida con fuertes reminiscencias patriarcales, que ponía todos los obstáculos posibles a la emancipación de la mujer.

Como le ocurrió a otras muchas, vivió a la sombra de varones destacados en el momento histórico que le tocó vivir. Fue la compañera de Rafael Alberti, más esto le sucedió igualmente a Zenobia Camprubí con Juan Ramón Jiménez, a María Lejárraga con Gregorio Martínez Sierra…

Quiero dedicar este artículo para El Obrero a glosar, entre otras cosas, su libro “Memoria de la melancolía” donde se muestra una memorialista veraz y brillante. Apareció en España en 1970, (editorial Losada, Buenos Aires) pasando bastante desapercibido porque la dictadura franquista cubría con un velo de silencio, olvido y desprecio, que son también otras formas de censura, a quienes habían puesto su inteligencia al servicio de la Segunda República. Hoy contamos con una edición de Galaxia Gutenberg, Madrid 1990, sobria y bien cuidada.

Sabido es que Rafael Alberti es autor de otro libro memorialístico “La arboleda perdida”, que alcanzó un cierto éxito y que hoy podemos leer y consultar en Alianza Editorial, 2007.

He citado el libro de Alberti porque es complementario al de María Teresa León o viceversa. Tienen, como es lógico, afinidades y contrastes. Ambos describen la misma época, las mismas luchas, las mismas ilusiones y los mismos desengaños. Por eso, es interesante confrontarlos y extraer conclusiones para que pueda apreciarse como el de María Teresa León es diferente pero no inferior. Tiene una gran sensibilidad y es especialmente interesante por lo que se refiere a la cultura teatral y al esfuerzo que, para elevar el nivel educativo y cultural de los ciudadanos, realizó la República.

De esta riojana luchadora y tenaz cabe destacar su tesón a favor de las libertades y derechos que puso de manifiesto en múltiples ocasiones.

El lector se llevará igualmente, una agradable sorpresa si se adentra en las páginas de “Crónica general de la Guerra Civil”, “Contra viento y marea”, “Juego limpio” o “Escritos sobre teatro”.

El siglo XX, especialmente en su último tercio y lo que llevamos del XXI, ha tenido entre sus principales características el auge y desarrollo del movimiento feminista. Hoy, son muchas las activistas que buscan en el pasado, referentes ideológicos y creativos. Especialmente de las ‘pioneras’ que contribuyeron a forjar un futuro colectivo libre de trabas, convencionalismos patriarcales y barreras.

Sin ellas -en nuestro país se las denominó ‘las sinsombrero’- la historia no estaría completa. Es hora de que se ilumine la parte sistemáticamente obscurecida. Creo que es oportuno conocer las circunstancias históricas en las que vivieron, por lo que lucharon… y lo que consiguieron. Es innegable y meritorio que el suyo fue un enfrentamiento duro y tenaz hasta ser reconocidas como ‘sujeto histórico’.

Su juventud discurrió en una época donde Europa vivía un momento de efervescencia y donde en España, los sectores progresistas suspiraban por la europeización y una comprensión de los movimientos culturales de vanguardia. María Teresa León tenía gran capacidad de trabajo e inteligencia y, como iremos viendo, una energía para enfrentarse a las convenciones sociales. Era cosmopolita, independiente y progresivamente fue adquiriendo una mayor conciencia política.

Siendo apenas adolescente tuvo ocasión de vivir el papel que a las mujeres destinaba una España tradicionalista, conservadora y reaccionaria. Al cumplir los catorce años –las que habían tenido la posibilidad de estudiar- se dedicaban a prepararse para las funciones de esposa y madre, obviamente otras muchas carecían de una mínima instrucción. El analfabetismo, especialmente el femenino, presentaba unas cifras muy abultadas y vergonzosas.

María Teresa estaba dotada de un espíritu rebelde, nada común desde la niñez, de hecho, fue expulsada del colegio por su poca docilidad y porque leía libros prohibidos. Se caso a los diecisiete años. Pronto chocó con el tradicionalismo de su marido y en 1929 se divorció. Conoció a Rafael Alberti y aprovecharon el derecho al divorcio que otorgó la República, para contraer matrimonio civil.

La vida social, cultural y política estaba agitada y en plena ebullición. Se había proclamado la República en abril de 1931. Sentía una enorme pasión por el teatro y tuvo la oportunidad de estudiar a fondo el teatro europeo gracias a la Junta de Ampliación de Estudios. Junto a Rafael Alberti viajó a Alemania, la Unión Soviética, Noruega, Países Bajos… A su vuelta, publicó en El Heraldo unos artículos muy interesantes donde dio cuenta de lo que para ella significó este periplo. Además, tuvo la oportunidad de conocer a escritores y artistas como Gorki, Picasso, Louis Aragón o Boris Pasternak, entre otros.

Tras el levantamiento de los militares africanistas, desempeñó el cargo de Secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas. Junto con su marido y José Bergamín fundaron El Mono Azul, una hoja volandera republicana que se leía en las trincheras para levantar el ánimo de los combatientes.

No fue esta la única experiencia cultural de combate que el gobierno republicano alentó. Se puso también, en marcha ‘El Teatro de Arte y Propaganda’ que dirigió María Teresa. Se instalaron en el Teatro de la Zarzuela y allí permanecieron más de un año hasta que fue cerrado a causa de los bombardeos sobre Madrid. Hay que decir que su programación fue arriesgada, comprometida, vanguardista y de calidad. Se estrenaron obras de García Lorca, Cesar María Arconada, Valle Inclán, Rafael Dieste y otros. María Teresa dirigió “La tragedia optimista” de Wsevolod Vishnewsky. La Generación del 27 era europeísta, atrevida y muy innovadora. En la puesta en escena de esta obra, María Teresa León combina elementos vanguardistas con proyecciones cinematográficas.

Su compromiso fue más allá. Intervino activamente en las denominadas ‘Guerrillas del teatro’, compañía ambulante heredera del espíritu de Las Misiones Pedagógicas y de la Barraca, que llegó a representar 119 obras en el frente, entre ellas “La destrucción de Numancia” de Cervantes. De esta forma se pone de manifiesto como el gobierno de la república se volcaba con la educación y la cultura. Mientras otros llevaban al frente a cupletistas o artistas de variedades el gobierno se atrevió, por ejemplo, a llevar a William Shakespeare a las trincheras.

Por otro lado, en su obra antes citada “Juego limpio”, describe el día a día de un grupo de actores. Es nítido que muchas de sus vivencias y opiniones teatrales las plasma en esta novela. Fue también subdirectora del Consejo Central de Teatro. Es significativo que estas iniciativas las acometió en plena guerra civil y en unas condiciones extremadamente duras, difíciles y peligrosas.

María Teresa derrochó perseverancia, dedicación, años de esfuerzo y una labor intensa y fecunda que se prolongaría, más tarde, en el exilio. Es útil recordarla en tiempos como los nuestros de desconcierto y de ‘anomia’, donde caminamos colectivamente y de forma bastante inconsciente y despreocupada hacia lo que algunos científicos sociales han denominado ‘sociedad de la incultura’, donde cada vez es más apreciable una banalización y un simplismo generalizados.

Son razones suficientes las expuestas para conceder un valor a la Memoria Democrática de los republicanos del exilio y del exilio interior y a tener en cuenta su ejemplo, disciplina y abnegación.

Para María Teresa León contribuir a expandir la cultura era a la vez un reto personal y una obligación moral. Había que perder el miedo y ‘lanzarse’ al ruedo, muchas veces sin otro apoyo que unos valores herederos de la Ilustración y un inequívoco afán de modernización social.

Con cierta frecuencia y aún a riesgo de hacerme pesado, me gusta advertir contra los peligros de la indiferencia. Esos enfáticos y prepotentes ‘ni lo sé, ni me importa’, ese refugiarse en lo privado y menospreciar lo público, se deslizan peligrosamente hacia ‘una forma de vida amnésica’ dónde la búsqueda del éxito sin esfuerzo y la ridiculización del esfuerzo no compensado, no pueden traernos nada bueno. La expansión en círculos cada vez más amplios de esta pasividad, debilita las democracias y está fuertemente ligada al auge de los populismos.

Los republicanos y los exiliados fueron portadores de un proyecto ilustrado y científico del que somos herederos y hemos de continuar. Sin crítica, sin denunciar las injusticias y la corrupción… sin movilizaciones y acciones participativas, no se puede transformar la realidad, ni fortalecer los sistemas democráticos.

Por el contrario, vemos en muchos lugares, algunos lejanos y otros cercanos, una violencia, un fanatismo y un integrismo religioso que no presagia nada bueno. Los ciudadanos que viven en países de una larga y centenaria tradición democrática se han convertido en espectadores pasivos de espectáculos mediáticos programados y financiados por intereses espurios, frente a los que no aciertan a reaccionar y que tienen un efecto alienante y paralizador.

Otra reflexión serena que hay que hacer, es que el conocimiento tiene mucho de proceso colectivo y que las consecuencias de despreciarlo suelen resultar letales.

Unas palabras del poeta y ensayista sueco Artur Lundkvist, que no me resisto a citar y que describen a la perfección el espíritu luchador que María Teresa tuvo a lo largo de toda su vida, son las que siguen: ‘hay que evitar el escepticismo paralizante y actuar como si se pudiera cambiar el mundo y mejorar la Humanidad’.

María Teresa fue una de esas mujeres que consideran que la memoria tiene la misma raíz que los sueños. Por estas y otras razones, sin asumir críticamente nuestro pasado, no podemos afrontar con garantías el presente. Digo esto porque cada día asistimos con honda preocupación a que se acepten e incluso se den por buenas, sin apenas oponer resistencia, ‘nuevas modalidades de barbarie’.

María Teresa y Rafael Alberti residieron en Argentina como exiliados más de veinte años. En los años sesenta regresan a Europa y, se establecen en Roma en la Vía Garibaldi, siendo su casa un lugar de ‘peregrinación’ de antifranquistas. Allí fue donde escribió “Memoria de la melancolía”, una obra que hay que leer y releer.

Tras la muerte de Franco regresan a España. Tiene lugar entonces una triste y trágica paradoja, la intelectual, escritora y memorialista que tanto había hecho por mantener viva la memoria, se vio afectada por la enfermedad de Alzheimer. Murió sola y olvidada advirtiendo como iba perdiendo día a día sus recuerdos.

No han sido muchos los reconocimientos a su figura. Destaca, sin embargo, la exposición María Teresa León, historia de un compromiso, celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y donde se expusieron, entre otros, textos inéditos de Federico García Lorca.

Son cálidas y emocionantes las palabras de María Teresa León que cierran “Memorias de la melancolía”. Es saludable recordarlas una vez más: ‘aún tengo la ilusión de que mi memoria del recuerdo no se extinga, y por eso escribo en letras grandes y esperanzadoras: Continuará’.

Hemos de romper definitivamente el muro de silencio que se cierne sobre su figura y darla a conocer a las generaciones que la desconocen. Su prosa es brillante y reivindicativa, mas hasta hoy ha permanecido en la penumbra. Sigue esperando un rescate y debemos hacerlo cuanto antes. Se lo debemos.

En una activista, escritora y dramaturga como María Teresa creo que es interesante conocer cuáles fueron las lecturas que le ayudaron a endurecer su carácter y su personalidad luchadora. Entre los libros que pudo leer en la biblioteca de su tío en Barbastro, figuran Diderot, Víctor Hugo o Benito Pérez Galdós. La semilla que sabe sembrar don Benito en sus lectores, también en este caso, dio sus frutos.

Asimismo, sería injusto dejar de mencionar la influencia que ejerció sobre ella María Amalia Goyri, prima de su madre, una auténtica pionera de los principios e ideas feministas, que llevó a cabo una labor silenciosa pero transcendente, junto a su marido Ramón Menéndez Pidal. Asimismo, dejó su poso la figura de su madre María Olivia Goyri una mujer culta, adelantada a su tiempo y de ideas progresistas.

Hemos de guardar en la memoria las acciones que realizó la Segunda República en pro de la educación, de la cultura y de dotar a las mujeres de derechos que hasta entonces, se les habían negado. También hemos de tener presente a un grupo destacado, conocidas como ‘las sinsombrero’ que hay que reivindicar y dar a conocer, como es el caso de Concha Méndez, Rosa Chacel o Maruja Mallo, ya que de este grupo de mujeres feministas y comprometidas con valores transformadores, solo ha alcanzado fama y reconocimiento la filósofa María Zambrano.

Hay hechos que resultan significativos. El día de su entierro, 14 de diciembre de 1988, España se paralizó a causa de la huelga general promovida por los sindicatos de clase. Quizás fuera este un homenaje póstumo que el azar quiso tributar a quien tanto había luchado en la defensa de los trabajadores y de las libertades cívicas.

Debemos recordar y venerar la memoria de esta periodista, ensayista y novelista que tanto luchó por modernizar una España anquilosada, no solo por ella sino también, por nosotros.

Hoy, el peligro de conflictos bélicos en suelo europeo, no es una amenaza sino una siniestra realidad. Creíamos que las trágicas secuelas de nuevas guerras estaban definitivamente conjuradas. Hoy, sabemos que no es así. Los derechos y libertades conquistados hay que defenderlos porque pueden producirse –y de hecho se producen- intentos involucionistas. La voz sensata, reivindicativa, modernizadora y firme de los republicanos y de los exiliados no hay que tenerla solo en cuenta como un testimonio histórico, sino como reflexiones que nos son muy útiles para encarar el futuro. Un escritor magnífico como Stephan Zweig, con su inteligencia y su intuición nos advirtió ‘de la emergencia intermitente de los conflictos armados’.

Hoy, cuando diversos científicos sociales han analizado los acontecimientos que nos conducen hacia lo que denominan la sociedad de la incultura, hemos de reivindicar la racionalidad y los valores de la Ilustración como escudo defensivo contra la banalización y el irracionalismo.

Tiene no poco peligro la búsqueda insensata del éxito sin esfuerzo y a ‘sensu contrario’ la ridiculización del esfuerzo sin éxito. Frente a tanta estupidez, tanto conformismo y tan poca curiosidad intelectual… hemos de repensar el legado de figuras emblemáticas de nuestro pasado para recuperar ‘el afán transgresor’.

Quiero finalizar estas páginas dedicadas a María Teresa León, recordando otro ensayo suyo que con el expresivo título de “La historia tiene la palabra (noticia sobre el salvamento del tesoro artístico de España)” Patronato Hispano-argentino de Cultura, 1944, prácticamente desconocido en nuestro país, mas no poca enjundia. Merecería la pena que se reeditase porque expone bien a las claras, los esfuerzos realizados por el gobierno republicano para salvar de la barbarie las muestras más emblemáticas del patrimonio artístico y no solo del Museo del Prado.

Comencé estas páginas, destacando la importancia que tiene para mí “Memoria de la melancolía”, las cierro, reiterando que es un testimonio fundamental para conocer aspectos de la vida cotidiana de la sociedad española de los años treinta y de la amarga experiencia del exilio.

Rescatando la diferencia que establece Miguel de Unamuno entre historia e intrahistoria, en esta obra memorialística se combinan y hasta se funden, los aspectos más destacados de un ‘periodo clave’ con otros pertenecientes a la vida cotidiana, que ponen de manifiesto la lucha de las mujeres republicanas por emanciparse y por convertirse en ‘sujeto histórico’. Al tiempo que da testimonio de los avances que lograron conquistar con la República.

Finalizada la contienda, la dictadura yuguló con brutalidad extrema estos avances legislativos y sociales… haciendo regresar a nuestro país a periodos de obscurantismo, reaccionarismo, patriarcalismo ostensible e incultura.

 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.

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