Advertencia: este artículo contiene spoilers para quienes no estén familiarizados con la trama de Carrie, de Stephen King.
Carrie, de Amazon Prime, es la cuarta adaptación audiovisual de la novela debut de Stephen King. Desarrollada por Mike Flanagan, colaborador habitual de King —quien también dirigió El juego de Gerald, Doctor Sueño y La vida de Chuck—, esta miniserie de ocho episodios sigue la estela de la clásica película de 1976 de Brian De Palma, protagonizada por Sissy Spacek.
Publicada en 1974, la novela de King cuenta la historia de la célebre «noche de graduación negra» mediante una combinación tensa y concisa de prosa, noticias ficticias y entrevistas a testigos presenciales.
Carrie White, una adolescente acosada que vive aislada con su madre, una fanática religiosa, en un tranquilo pueblo de Maine, descubre que posee poderes sobrenaturales de telequinesis, es decir, la capacidad de manipular la materia con la mente. Cuando Tommy Ross, uno de los chicos más populares del instituto, la invita al baile de graduación, Carrie encuentra por fin la oportunidad de escapar de la influencia de su madre y sentirse aceptada por sus compañeros. Pero, cuando los acontecimientos de la fiesta toman un giro dramático y aterrador, sus poderes se desatan definitivamente.
En los primeros episodios, Flanagan se mantiene sorprendentemente fiel a la novela de King. También profundiza de forma útil en la complejidad moral que subyace a muchos de los acontecimientos de la historia. Chris Hargensen, la gran enemiga de Carrie, deja de ser un personaje simplemente malvado y despiadado. En cambio, se nos muestra que también está perturbada y sufre las presiones sociales y familiares, al igual que la propia Carrie.
Las interpretaciones del reparto principal son excelentes. Destacan Summer H. Howell como Carrie, Alison Thornton como Chris y Siena Agudong como Sue Snell, la amiga que ambas tienen en común. Los recursos estéticos de Flanagan también resultan, en ocasiones, magistrales. Un montaje del penúltimo episodio, acompañado por la canción de Lana Del Rey Did You Know That There’s a Tunnel Under Ocean Blvd, muestra los preparativos y la llegada al baile de graduación, evocando tanto el asombro de la adolescencia como la inquietud ante los acontecimientos terribles que están a punto de suceder.
Sin embargo, la ampliación de los acontecimientos de la novela por parte de Flanagan constituye también la principal debilidad de esta adaptación.
La novela original y su célebre adaptación cinematográfica presentan una estructura compacta y bien medida. La miniserie de Prime, por el contrario, prolonga la historia a lo largo de ocho episodios de casi una hora cada uno. La brevedad de la novela —poco más de 200 páginas en la mayoría de las ediciones— intensifica la atmósfera claustrofóbica del acoso que sufre Carrie, lo que hace que la tragedia de la noche de graduación negra resulte aún más devastadora.
Además, un aspecto fundamental es que tanto la novela como la película mantienen a Carrie aislada de Chris, Sue y las demás chicas del instituto. Flanagan, en cambio, presenta a Carrie entablando una amistad poco probable con ellas, incluso después de que comiencen a acosarla. Este cambio tiene poco sentido narrativo, sobre todo porque en la novela el baile de graduación representa el momento culminante de la juventud de Carrie y una oportunidad de aceptación social que llevaba mucho tiempo esperando.
El principal error de Flanagan es la creación de un personaje completamente nuevo, Emaline (Thalia Dudek), otra joven con poderes telequinéticos que influye negativamente en el comportamiento de Carrie. Emaline la anima no solo a perfeccionar y fortalecer sus poderes, sino también a contraatacar a quienes la acosan.
A mi juicio, este cambio socava el sentido mismo de la novela de King y desvirtúa precisamente aquello que explica por qué la historia sigue siendo tan poderosa más de medio siglo después: la noche de graduación negra es el momento en que Carrie ejerce por fin su capacidad de actuar, su control y su poder sobre quienes la atormentan. Arrebatarle ese poder supone un intento equivocado, aunque moralmente cómodo, de eximir a Carrie de toda responsabilidad. También debilita la idea implícita en la novela original de que, quizá, las acciones de Carrie pueden comprenderse, aunque no deban aprobarse ni justificarse.
En un contexto posterior a la matanza de Columbine, en el que los tiroteos masivos en centros escolares son habituales en Estados Unidos, probablemente resultaba demasiado incómodo y controvertido para el estudio sugerir que las acciones de Carrie durante el baile podían llegar a comprenderse.
Carrie comparte muchas similitudes con Rabia (Rage), la novela de King publicada en 1977 bajo el seudónimo de Richard Bachman. El propio King decidió retirarla definitivamente de la circulación después de que se relacionara el libro con varios tiroteos reales en institutos.
A la luz de este contexto, actualizar determinados aspectos de la trama original de Carrie permite a Flanagan abordar un material difícil con sensibilidad. Sin embargo, si el tema plantea cuestiones tan incómodas, ¿no se beneficiarían los espectadores de una historia nueva que, aun inspirándose profundamente en el relato original de King, aportara algo propio y singular al género del terror?
En conjunto, la versión de Carrie de Flanagan no resulta tan satisfactoria como la novela original o la adaptación cinematográfica de 1976. Es una lástima, porque la serie brilla especialmente cuando se mantiene más fiel al material de partida.
En una entrevista, Flanagan contó que la primera reacción de King ante los planes para una nueva adaptación fue: «Dejadla [a Carrie] en paz. Ya ha sufrido bastante». Carrie, y también el público, quizá habrían salido mejor parados si Flanagan hubiera seguido el consejo del escritor.
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Ahmed Honeini, investigador honorario asociado de Literatura Estadounidense, Royal Holloway, Universidad de Londres
Este artículo se republica a partir de The Conversation bajo una licencia Creative Commons.





