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Cesar Falcón (1892-1970): periodista y novelista peruano en la España de los años treinta


Cesar Falcón (1892-1970): periodista y novelista peruano en la España de los años treinta. / Wikipedia / Foto coloreada por El Obrero. Cesar Falcón (1892-1970): periodista y novelista peruano en la España de los años treinta. / Wikipedia / Foto coloreada por El Obrero.

¡Cuídate de tus héroes!

¡Cuídate de tus muertos!

¡Cuídate de la República!

¡Cuídate del futuro!...

¡Cuídate, España, de tu propia España!

Del libro “España aparta de mí este cáliz” César Vallejo

Poco, muy poco, se conoce de este intelectual y agitador social peruano. En realidad, sabemos mucho menos de lo que deberíamos de una década clave para Europa y para la historia de nuestro país, la que va de 1930 a1940. En esos años tuvo lugar una experiencia prometedora pero frustrada, la de la Segunda República… y el nazismo intentó y, casi lo logra, derrotar y someter a Europa.

Cesar Falcón tomó la decisión de venir a Europa cuando fue impelido, obligado por el dictador Augusto B. Leguía a abandonar Perú. Viajó por varios países pero se afincó en España, donde se mostró especialmente activo en su apoyo a la República. Se afilió al Partido Comunista de España y llegó a ser Diputado a Cortes por Málaga.

Vamos a hablar de un destacado intelectual, dotado de una pluma excelente y afilada que llegó a representar a España en la Sociedad de Naciones. Finalizada la Guerra Civil y cuando el avance nazi constituía una amenaza real, palpable… y se contemplaba con horror la posibilidad de que ‘engullera’ a Europa, regresó a Perú.

Su producción literaria, sobre todo ensayística es poco conocida. Puede afirmarse, sin exagerar, que es de un fuerte contenido social y de largo alcance político. A lo largo de este ensayo iremos comentando algunos de sus principales logros. De momento, quiero señalar que destaca como ensayista político y que dos de sus textos emblemáticos están escritos en el periodo que residió en nuestro país: “Crítica de la revolución española” 1933 y “Madrid” 1938. La primera es un texto de prosa vibrante, que abarca desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la promulgación de la Constitución Republicana de 1931, el segundo, rescatado del olvido y reeditado hace unos años, puede ser calificado como una crónica novelada próxima al ensayo, fue prologado por su hija Lidia Falcón, con una presentación del insigne dramaturgo Antonio Buero Vallejo. Esta obra narra, con pasión, la resistencia de Madrid y el heroísmo desplegado en la defensa de la ciudad. Junto a sus novelas y ensayos es autor, también, de una serie de cuentos y obras teatrales. Me parece, especialmente relevante, “Asturias”.

Fue un internacionalista consecuente. Nació en Perú más los avatares políticos y sociales de su época, lo llevaron a España primero, más tarde al Reino Unido y finalmente a México, aunque pasó por más países. Además de la peruana, cuenta con otras dos nacionalidades: la española y la mexicana.

Puede afirmarse que tuvo una vida intensa. No sería erróneo definirlo como un luchador que puso su inteligencia y su pluma al servicio de la clase obrera. Son particularmente interesantes, sus vivencias y comentarios sobre la Segunda República y la Guerra Civil vistos desde la óptica de un revolucionario latinoamericano. Fue introvertido, estaba dotado de una gran fuerza interior, desplegaba una amplia energía creadora y fue siempre fiel a sus convicciones y compromisos políticos.

Derrochó coraje cívico, entusiasmo y dotes organizativas. Supo compatibilizar y, no es nada sencillo, humildad y orgullo. Se vió sometido a fuertes presiones. En más de una ocasión escapó ileso de traiciones y trampas que en esos años eran monedas de uso corriente.

En esta época caracterizada por un analfabetismo funcional y por un presente escurridizo, hibrido y movedizo su figura merece ser repensada reposadamente. Frente a los pusilánimes y dóciles que con una actitud bovina se vinieron abajo, él acertó a enfrentarse abiertamente a los ‘representantes del rencor colectivo’. Ayudó a desenmascarar a quienes pretendían refugiarse en una cómoda equidistancia. El balance fue desolador pero la actitud de resistencia férrea… pervivió tras la derrota.

A lo largo de su vida padeció atropellos e insidias, así como tuvo que sobreponerse a situaciones traumáticas. Entendió que su obligación era pensar el presente y transmitir el resultado de sus experiencias a las generaciones venideras. Su gran fuerza emanaba de una firme entereza moral. Por eso, es un acto de memoria histórica y democrática, recuperar su legado de las tinieblas a las que se le había arrojado.

Me parece revelador conocer los pasos que fue dando y que desembocaron en un compromiso político. De niño, por la situación de penuria que padecía su familia, no pudo ser escolarizado y fue su madre quien le enseñó a leer y a escribir.

Su vocación periodística no tardó en despertarse. Tuvo acceso a la redacción del diario limeño “La Prensa”, dirigido en aquellos años por Alberto Ulloa Cisneros. Su compromiso revolucionario fue gradual. Se afilio primero al Partido Demócrata. Aprendió a mirar con simpatía a los excluidos. No es un hecho baladí que su primer artículo lo dedicara a describir la vida de los mendigos, que vivían en condiciones lamentables e infrahumanas. Ahí, está el germen del novelista y periodista que después fue. De entre todos los medios en los que colaboró, me gustaría destacar “La Razón” en cuya redacción trabajó, codo con codo, con Mariátegui. Este periódico ya era nítidamente combativo y con claras influencias socialistas… los ecos de la Revolución de Octubre… llegaban hasta Perú. “La Razón” defendió –y hay colaboraciones de César Falcón en este sentido- la bajada de los precios, que convertían muchos productos necesarios en algo imposible de conseguir para los más vulnerables y, también, la reforma universitaria ya que concedía a la educación un papel primordial para lograr una igualdad y un equilibrio social, para modernizar Perú y salir del atraso.

Como tantas veces ocurría en América Latina, cuando Leguía llegó al poder fue convirtiendo Perú en una dictadura y a base de represión, restringió las libertades. Una de tantas arbitrariedades fue el cierre de “La Razón”.

En esas circunstancias comprendió que era conveniente, para su seguridad, poner tierra por medio. Cuando se presentó la oportunidad de conocer Europa, no lo dudó. Instalado ya en España, colaboró en diarios como el catalán “La Vanguardia” o el vasco “El liberal”. Poco más tarde, entró en contacto con el periodista y político Luis Araquistain, estrecho colaborador de Francisco Largo Caballero, que le facilitó el acceso a la revista “España” de incuestionable repercusión en aquellos años convulsos.

Las circunstancias adversas dieron con sus huesos en la cárcel, durante un corto espacio de tiempo y lo obligaron a exiliarse de nuevo.

En 1923 el general Primo de Rivera, con la complicidad de Alfonso XIII, instauró una dictadura. El diario “El Sol”, que por aquel entonces, mantenía una línea editorial republicana, le ofreció la corresponsalía en Londres, donde residió por espacio de seis años, no regresando a España hasta la caída de Primo de Rivera. El desprestigio creciente de la monarquía y el advenimiento, sin derramar una sola gota de sangre, de la Segunda República vislumbraron un destello de esperanza.

De carácter abierto y espíritu cosmopolita conoció a Irene Lewy, hija de un judío polaco y de una española. Tras casarse adoptó el apellido del marido y fue conocida como Irene Falcón, que durante muchos años fue la secretaria de Dolores Ibarruri, La Pasionaria.

El compromiso de César Falcón es incuestionable. Se pone de manifiesto, sin ir más lejos, en que fue director de “Mundo Obrero” órgano del Partido Comunista. Otra vertiente que indica su espíritu de lucha fue la creación de la compañía teatral “Teatro Proletario” que tenía una inequívoca vocación pedagógica y concienciadora; precisamente con este grupo teatral estreno su obra “Asturias” a la que antes hemos aludido.

En 1936, tras el triunfo del Frente Popular, que agrupó a toda la izquierda, incluso la que no solía votar casi nunca. Creo un medio “El altavoz del frente” que fue un instrumento de agitación y propaganda social, durante la Guerra Civil. Era necesario dar a conocer los posicionamientos y directrices del gobierno republicano. Para ello se estableció en París, desde donde editó el semanario “La voz de Madrid”, que pretendía, tanto defenderse de la propaganda insidiosa de los sublevados, como hacer llegar los análisis y mensajes del gobierno legítimo. Hemos comentado asimismo, que formó parte de la delegación española ante la Sociedad de Naciones, antecedente de la ONU (Organización de Naciones Unidas)

Quizás sea este el momento adecuado para comentar su faceta de novelista. Algunos críticos consideran un texto clave para su evolución literaria “El pueblo sin Dios” (Madrid, 1928) que sin lugar a dudas, puede calificarse de indigenista que recoge y describe lo que más le impresionó de su estancia en Huánuco.

Me limitaré a comentar, de pasada, dos o tres obras más. Ahora bien, merece la pena disfrutar del resto de sus creaciones literarias, de las cuales una parte considerable tiene que ver con su estancia en España, a la que por cierto sigue recordando en su exilio mexicano. Quiero citar a este respecto un texto para mí fundamental: “El buen vecino Sanabria U” (México 1947).

Podemos considerar todo un género o subgénero, las novelas destinadas a caricaturizar y mostrar el egocentrismo, la falta de escrúpulos, la rapiña desenfrenada y la crueldad de los dictadores latinoamericanos. Estos autores ponen de manifiesto la alienación enfermiza y paranoide de quienes ejercen despóticamente el poder. Son inmensas las consecuencias demoledoras que este proceder despótico, la avaricia, la espiral a que lleva el no detenerse ante el derramamiento de sangre… y el daño profundo que ocasiona a los países que tienen la desgracia de sufrir ese azote siniestro.

A este género pertenecen: “Tirano Banderas” de Ramón María del Valle-Inclán, “El señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias, “El otoño del Patriarca” de Gabriel García Márquez o “La silla del Águila” de Carlos Fuentes, entre otras.

“El buen vecino Sanabria U” tiene concomitancias evidentes con ellas. Es una dura caricatura del presidente peruano Prado Ugarteche, un fantoche que ejerció como un auténtico títere, al servicio de los intereses de Estados Unidos.

Como buen internacionalista la crítica al imperialismo es otra constante en sus obras. Cuando residía en España dejó plasmadas sus posiciones a este respecto, en su ensayo “Imperialismo y antiimperialismo” donde argumenta, con contundencia, los efectos nocivos para Hispanoamérica de la política expansiva y colonizadora de los yanquis.

Conservó algunas amistades de su estancia en España. Inquieto como era, prestó encantado su pluma para defender la recuperación de las libertades en nuestro país y el regreso de una democracia que pusiera fin a la nefasta y aislacionista dictadura franquista.

Fue un periodista y un intelectual atento a la evolución de los hechos. Permaneció ojo avizor ante cualquier síntoma que se produjera en los países europeos que había conocido.

Agradezco a EL OBRERO que me permita utilizar sus páginas para hacer pedagogía social y si es posible despertar la curiosidad de los lectores, mostrándoles a un periodista como César Falcón, de vida apasionante y que dejó huella de su presencia en nuestro país, aunque lamentablemente, sea desconocido por muchos de nuestros compatriotas.

Su mirada crítica era de largo alcance. Sabía elevar la vista, más allá de lo inmediato y, diferenciaba de forma clara lo que eran signos recios en defensa de la memoria… de los meros juguetes rotos y del oportunismo político.

Creía y, siguió creyendo hasta el final de sus días, en la importancia de la libertad de prensa y en el pluralismo informativo… sin el cual no puede haber democracia.

Hoy, cuando la posverdad se extiende por doquier e incluso forma parte inseparable de muchas proclamas políticas, supo mantenerse fiel a sí mismo. El futuro es siempre una incógnita pero hay personas que hacen de la coherencia un muro infranqueable.

No perdió nunca la fe en la eficacia dialéctica, ni en la capacidad de informar y convencer con mesurados y bien estructurados argumentos. Actitudes como la suya constituyen el mejor dique contra el desconcierto… o el dejarse llevar por las caóticas asimetrías tan al uso de su tiempo y, sobre todo, del nuestro.

Quisiera finalizar poniendo de manifiesto que su hermano Jorge, que le había cuidado en sus últimos días en Lima, publicó un libro para mi irreemplazable, si se desea conocer con una visión cercana y de conjunto la vida y la obra de César Falcón. Lleva por título “El hombre en su acción”. Es una biografía veraz y, al mismo tiempo, mucho más que una biografía convencional.

Vidas como las del periodista, ensayista y novelista César Falcón son imprescindibles para completar la historia de nuestro país y, sobre todo, conocer mejor unos años cruciales y convulsos.

Fue uno de los miles de hombres y mujeres que con enorme generosidad supieron ver con clarividencia internacionalista que luchar por las libertades y la democracia en España… era luchar por la democracia y las libertades en todo el mundo.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.