El papa Benedicto XV falleció el 22 de enero de 1922. No más de once días después se reunió el Cónclave, es decir, el 2 de febrero. Sesenta cardenales tenían derecho al voto, pero solamente asistieron cincuenta y tres. El plazo fue corto, como vemos. En ese sentido, el nuevo papa decidiría al poco de ser elegido que para el futuro había que dejar más tiempo entre el fallecimiento de un pontífice y la celebración del Cónclave porque, precisamente, tres de los no asistentes, no pudieron estar presentes porque llegaron tarde. A pesar de los avances de los medios de comunicación no era tan fácil a comienzos de los años veinte presentarse en Roma en pocos días, especialmente si se viajaba desde fuera del continente europeo. Los otros no asistieron por fallecimiento como el arzobispo de Toledo, Enrique Almaraz Santos, que murió, precisamente, el mismo día que el papa Benedicto, o por enfermedad. La representación española fue la tercera más importante, después de la italiana, que seguía siendo abrumadora, seguida por la francesa.