El oficio de traer niños al mundo ha sido casi exclusivamente una tarea femenina, hasta fechas muy recientes. En el Antiguo Régimen era lo más corriente, aunque desde muy temprano la medicina oficial pretendió establecer una serie de controles sobre este oficio. La universidad, desde la Edad Media, intentó establecer una clara diferencia entre lo que era ciencia y lo que se consideraba saber popular, que estaba en manos de practicones, sangradores, cirujanos y parteras. Las tareas que realizaban estas personas pasarían a asimilarse a trabajos manuales y, por tanto, considerados viles. En España, además, estaría el caso de las parteras moriscas, particularmente malditas desde el poder, ya que se las acusaba de poder contaminar a las criaturas al nacer.