La formación del docente: ¿tecnología o conocimientos?
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Educación
En los últimos tiempos la formación oficial que se ha ofrecido a los profesores y maestros en las distintas Comunidades Autónomas se ha volcado de forma casi monográfica en cursos sobre el uso de las nuevas tecnologías en el espacio educativo. En principio, en este mundo tan tecnificado parecía necesario que el docente adquiriera las herramientas precisas para moverse con soltura en este ámbito, especialmente para poder desarrollar su trabajo y para enseñar también a los alumnos sobre el uso correcto de la tecnología, un asunto bastante complicado, por cierto.
Pero esta apuesta, que parece que es la única en la que hay un cierto consenso entre la izquierda y la derecha en materia educativa, ha provocado un evidente descuido hacia el pilar del trabajo, arte o vocación de enseñar, y que no es otro que el de contar con docentes extremadamente preparados en los distintos ámbitos del saber y en la evolución de los mismos, ya sean humanísticos, ya científicos. Hay un miedo a que, de nuevo, nos quedemos rezagados en relación con los países avanzados del mundo en materia tecnológica, y hay que invertir en aulas conectadas, en portátiles y en crear formadores que ayuden en las elaboraciones de los planes digitales de los centros educativos, en una palabra, en poner al día la infraestructura digital.
Estamos corriendo un serio peligro, o no, según lo que queramos para nuestras futuras sociedades. Parece como si se estuviese transformando el concepto de docente, como persona que ha estudiado, ha aprendido, que ha probado sus conocimientos en un proceso selectivo que, indudablemente debe perfeccionarse mucho, aunque no sustituirse porque hasta ahora nadie puede garantizarnos una alternativa de garantía, en una especie de mecánico o tecnólogo, con todo el respeto para estas profesiones, con una mínima base de conocimientos, pero muy ducho en tecnología digital que puede plantear en el aula y de forma online herramientas sofisticadas y altamente atractivas para niños y adolescentes. En una palabra, está venciendo el medio sobre el fin, como si la antigua tiza y la pizarra se hubieran hecho con el poder en el aula de antaño, cuando siempre fueron unos instrumentos. Ahora es la pizarra digital, los kahoots, los power points y otras presentaciones, las aulas digitales, las aulas conectadas, las aplicaciones, etc. las que se están haciendo con el poder en la escuela. Y el poder, y permítaseme esta expresión un poco dura, lo tienen que tener, según nuestra opinión, las Matemáticas, la Lengua y Literatura, los idiomas extranjeros, la Geografía e Historia, las Lenguas clásicas la Biología, la Física y Química, la Educación Física, la Música, las Artes Plásticas, etc., es decir el conocimiento y sus propias técnicas: ejercicios, comentarios de textos y fuentes, traducciones, experimentos, audiciones, etc. La tecnología nos puede ayudar, como lo hizo la tiza y la pizarra clásica en su día, pero no convertirse en el fin de la educación, además de que nunca podrá sustituir al libro, como ya se ha demostrado en el mundo fuera del aula.
Pero a lo mejor este docente está equivocado y no se corre ningún peligro porque parece que lo que se pretende es educar a futuros ciudadanos duchos en aplicaciones informáticas con un nivel bajo de conocimientos generales, para que luego se formen, eso sí en ámbitos muy especializados, sin una base cultural y científica amplia y sólida, en otros niveles educativos y en el mundo laboral para desempeñar puestos de trabajo específicos. Al parecer, ese el objetivo. Uno es un antiguo.
La tecnología es el poder actual, al que adoramos diariamente, ¿cómo iba a estar fuera del aula? Pero ofrecer cursos a nuestros profesores sobre mitología nórdica, los últimos avances en Genética, la historia social de las mujeres en España, nuevas formas de abordar la traducción de los textos latinos, los avances actuales en el campo de la Física, o conocer más sobre las fuentes de inspiración de la Generación del 27, por poner algunos ejemplos al azar, es sumamente secundario, y además desvía fondos para lo que realmente es importante. Aprenda usted a hacer un kahoot, es decir, el medio sobre el fin. Y corra, que el tiempo vuela, porque necesitará apuntarse a estos cursos, si usted es funcionario, para cumplir con los créditos necesarios para el próximo sexenio. Si sus inquietudes son otras deberá buscar la formación por su cuenta, lo que no se es si le valdrá para esos obtener los créditos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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