Cuando cayó Robespierre, ya hacía mucho tiempo que no se trataba de aplicar la Constitución, que había sido votada en julio de 1793, con tanta prisa y por motivos puramente tácticos. Así que la Convención, el 29 de germinal (11 de abril de 1795) nombró una comisión de 11 miembros, para preparar una nueva carta constitucional. Seis de ellos habían sido girondinos, como Pierre Claude François Daunou, que sería el verdadero padre del nuevo texto. Durant de Mailhane y Boissy d’Anglas, representaron en la comisión a la Llanura; Thibaudeau, a la Montaña arrepentida; Berlier, a la Montaña que mantenía sus posiciones… Rara vez, a lo largo del proceso revolucionario, hubo una comisión que fuera más representativa, de aquel dinámico sector de la burguesía francesa, que desde el 10 de agosto, estaba tratando de devolver el equilibrio, al gobierno del Estado. La nueva Constitución, precedida de una “Declaración de los Derechos, y de una “Declaración de los Deberes”, fue votada el 5 de fructidor (22 de agosto de 1795).