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El desarrollo del socialismo y los sistemas políticos en la visión española (1886)


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

El socialismo español comenzó su andadura con una clara estrategia de confrontación con el republicanismo español al considerar que por muy progresista que una parte del mismo pudiera ser no representaba a los trabajadores sino a la burguesía. Además, cuando se aprobó el sufragio universal se emprendió una lucha para intentar concentrar el voto obrero en torno al Partido Socialista al considerar que una parte del electorado de los partidos republicanos, especialmente el federal, estaba entre algunos sectores obreros. Además, en esta línea, aún defendiendo el principio republicano, aunque profundamente social, se quería demostrar a los trabajadores, especialmente a través de El Socialista, que las Repúblicas, como las entendían la burguesía, no tenían que ser mejores sistemas políticos que las Monarquías, porque en las primeras se perseguía también o más a los obreros organizados. La cuestión determinante era la económica, la lucha de clases.

En este contexto, a finales de mayo de 1886 el periódico socialista español publicó un largo artículo sobre las formas de gobierno y el socialismo para intentar demostrar que el mismo se desarrollaba y tenía los mismos problemas en Repúblicas que en Monarquías a cuenta de un artículo en El Progreso, un periódico republicano de la tendencia de Ruiz Zorrilla, donde se quería demostrar el contraste que para la solución del “problema socialista” ofrecían las Monarquías y las Repúblicas, sirviéndose como apoyo el mensaje que el presidente norteamericano Cleveland había enviado al Congreso pidiendo que se ocupara de la cuestión social. El periódico socialista quería demostrar con hechos que el socialismo se desarrollaba tantos en los “países republicanos” como en los monárquicos porque no dependía del sistema político imperante sino del desarrollo económico y otras cuestiones, además de establecer comparaciones entre unos sistemas y otros en relación con esta cuestión.

En primer lugar, se recordaba que los Estados Unidos habían mantenido la esclavitud hasta el año 1864 sin que este hecho, que el periódico socialista consideraba odioso, hubiera desaparecido por la virtualidad de las instituciones republicanas sino como consecuencia de la Guerra de Secesión.

Además, se afirmaba que en esa república había el mayor número de obreros en paro, donde las huelgas, un signo revelador del malestar obrero, eran más grandes y frecuentes, y donde más se explotaba a las mujeres y los niños, dándose el caso de imponer a los mismos castigos crueles que no tenían parangón en los países monárquicos.

También se afirmaba que allí los obreros llevaban unos veinte años reclamando una jornada laboral de ocho horas, habiendo solamente conseguido en los talleres y fábricas del Estado. La policía y las tropas federales habían empleado la violencia en la última huelga del ferrocarril y en la que en ese momento se daba por la lucha por la jornada de las ocho horas. En este sentido, seguramente el periódico español se estaba refiriendo a la Revuelta de Haymarket.

En fin, era una república -un país en el que soñaban los republicanos españoles, especialmente los federales- pero que padecía una situación económica tan grave que para paliarla la prensa burguesa había pedido el fin de la inmigración.

Pero también se aludía a otra república más cercana geográficamente, es decir, Suiza, donde se había expulsado de sus territorios a los revolucionarios, los mismos a quienes dejaban tranquilos las Monarquías británica y belga.

Y más cerca estaba la República francesa, que se ponía siempre como ejemplo por los republicanos españoles, pero donde la jornada laboral era de doce horas desde 1848, mientras en la monárquica Inglaterra era de diez horas desde la misma época.

En Francia estaban prohibidos los mítines al aire libre, mientras eran legales en Inglaterra. En Francia se expulsaba a los socialistas extranjeros cuando le convenía a los gobiernos frente a la tolerancia que se daba en Inglaterra.

El Ayuntamiento parisino se negaba a establecer la jornada de las ocho horas en las obras municipales, y la Cámara francesa ni tan siquiera tomaba en consideración la proposición de Basly solicitando dicha jornada y el establecimiento del salario mínimo.

Frente a la justicia francesa que había condenado a prisión a Roche y Duc-Quercy en relación con la huelga, la británica había absuelto a los socialistas Williams, Champion, Burn y Hyndman, a pesar de haber tomado parte en los sucesos de Londres, aludiendo a la manifestación de parados que terminó con actos de violencia.

En Bélgica se publicaban periódicos revolucionarios como Le Peuple y Doe Forkomst, mientras estaba prohibido que se distribuyesen en Francia, país donde se solían reprimir las huelgas por medio de las bayonetas, y los tribunales siempre sentenciaban contra los obreros. Además, los republicanos franceses habían ideado un sistema electoral que impedía intervenir a los obreros.

Bélgica e Inglaterra tenían reconocidas distintas libertades, como la de prensa, reunión y asociación, mucho más amplias que en Francia. Es más, hasta se aludía a Alemania con sufragio universal y con una ley que prohibía el trabajo a los niños menores de catorce años.

Los socialistas consideraban una pérdida de tiempo intentar demostrar que las formas de gobierno influían de manera decisiva en la solución del problema económico porque, en realidad, el quid de la cuestión estaba en el régimen de la propiedad, generador de la lucha de clases.

Hemos trabajado con el número del 28 de mayo de 1886 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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