Breve historia del abono hasta la revolución agrícola
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En la Grecia antigua los labradores empleaban estos restos fecales para abonar, pero de manera intuitiva, sin ninguna preparación. En tiempos de Julio César y Augusto, Varrón trató de estas materias y que podían compararse a la palomina, aunque en un grado inferior. Columela, por su parte, consideraba, también, que eran de peor calidad que el estiércol de las aves, pero superiores a los restos fecales provenientes de los animales y, por tanto, aconsejaba, siempre según los informantes, que se mezclasen con otros estiércoles para evitar que por su mayor temperatura quemasen la tierra. Por nuestra parte, creemos que más que una mezcla de tipos de estiércoles –aves, humano y de animales o bestias- , lo que defendía el gran autor clásico era que cada una de estas clases convenía a un tipo de cultivo: la orina humana, por ejemplo, era muy adecuada, siempre y cuando se dejase envejecer unos seis meses, para los plantones de vides y árboles frutales. Otro aspecto importante era el de la necesaria eficiencia en la recogida de estiércol, ya que, para Columela no era eficiente el agricultor que no obtuviese más de una carretada de estiércol al mes de cada bestia pequeña, o diez de animal grande y otras tantas de origen humano, que podía recoger y acumular no sólo de los desechos procedentes del propio cuerpo, sino también de los desperdicios del corral y de la casa.
Pero también es cierto que Hesíodo reprobaba su uso por perjudicial a la salud, aunque fuese útil para la tierra. Por otro lado, ya hemos comentado que, tanto Varrón y Columela, hacían graduaciones sobre la calidad de los distintos tipos.
Virgilio, por su parte, no hizo muchas menciones sobre el estiércol en sus Geórgicas, solamente plantea un consejo al labrador para que no temiese saturar “el árido suelo de graso estiércol”. Los romanos empleaban el estiércol de pájaros, humanos y del ganado mayor, así como el vegetal, especialmente el formado por altramuces y arvejas verdes Pero la escasez del abono era una constante en el mundo grecorromano1.
Entre los chinos, al parecer, era común el empleo de las inmundicias que se depositan en las cloacas de las grandes ciudades, especialmente en el norte de su Imperio, como nos explican Boutelou, Bernedo y Agüero. Empleaban estos restos para todo tipo de tierras, aunque más en las frías y húmedas, mezclándolas con creta amarillenta. Después de secarse en forma de tortas llegarían a tener un olor parecido al de las violetas, aunque este hecho suscitaba algunos reparos a estos autores.
En la edad moderna tampoco se encuentran muchos elogios a estos abonos en los autores de agronomía. Olivier de Serres en su Teatro de Agricultura y cuidado de los campos, en la edición del año 16512, argumentaba que los desperdicios provenientes de las letrinas sólo formaban un buen estiércol si se mezclaban con otros componentes. En el Diccionario de Trebux tampoco se hacía un elogio de este abono, ya que también se habla de la mezcla con otro estiércol. Chomil, en su Diccionario económico, en su edición del año 1769, criticaba el mal olor que producía, pero éste era el único inconveniente que tendría frente a la teoría clásica de la necesaria mezcla. Entre los teóricos y difusores de la nueva agronomía del siglo XVIII, Duhamel de Monceau elogia los rendimientos agrícolas que puede producir siempre que se usen en buenas tierras y también alude al problema del mal olor3. Por su parte, el abate Rozier hace el mayor elogio de estas materias, aunque debía ser combinado y sufrido una nueva fermentación4. Esta idea es considerada como muy interesante por los autores porque de la lectura de la bibliografía agronómica se desprendía que las materias fecales no eran apropiadas cuando eran recientes y blandas mientras que cuando se presentaban desecadas, es decir, con un grado de elaboración, de fermentación, sí eran útiles.
En España, Gabriel Alonso de Herrera solamente trata del estiércol en el capítulo que dedica en su obra sobre los medios de corregir los defectos de las distintas tierras, pero no con gran detenimiento, ya que alude, nada más, a la necesidad de mezclar abundancia de estiércol en el caso de tierras frías y húmedas, porque de ese modo por su naturaleza caliente corregía los defectos de dicha tierra, más que con la aportación de arcillas, citando a Plinio5.
En cambio, hay más datos en la obra de fray Miguel Agustín, conocida como la Agricultura del Prior6, donde, a comienzos del siglo XVII, realizó un resumen de los tipos de estiércoles, incluyendo el humano. Para este agrónomo catalán el mejor estiércol era el de las palomas seguido por el humano, siempre y cuando esté mezclado con las demás inmundicias de la casa porque si no es muy cálido. En esta escala de valores le seguiría el abono de jumento, luego el proporcionado por el del ganado ovino –ovejas, carneros, cabrones y cabras, por este orden-, caballos, bueyes y ganado vacuno, siendo el peor el del ganado de cerda.
El historiador Slicher van Bath nos refiere, en su clásica obra sobre la agricultura europea occidental, cómo el aumento de los cultivos comerciales, al necesitar un abono intenso, provocaron en Flandes la búsqueda de más abonos, además del de establo. Ya en la Edad Media se compraban el proveniente de las ciudades, es decir, de origen humano7. El problema de la fertilización de la tierra provocó que esta zona europea desarrollara un intenso mercado del abono, y este historiador aporta cifras impresionantes de cargas de estiércol de ciudad en los peajes. En los parajes cercanos a las ciudades se empleaba el conocido como estiércol de ciudad, es decir el abono proveniente de las materias fecales, entre otros restos y desperdicios que generaría una urbe; así parece que sería probable en las cercanías del Amberes del siglo XVI. La organización de recogida pública de excrementos se valoró por el gobierno de la ciudad de Groninga que llegó a obligar el uso como abono de desperdicios y basuras de dicha capital. Rotterdam y Viannen llegaron a vender su estiércol a los Países Bajos meridionales, pero realmente, la mayor parte de los campesinos de esta zona, según demostraría una encuesta del año 1800 usaban su propio estiércol y era de origen animal8.
Otro tipo de abonos provenía de las denominadas tierras de andamiaje, especie de mezcla de tierra con escombros y fango sacados de los canales de Ámsterdam, además de excrementos humanos, es decir, la consabida mezcla defendida por los teóricos. El empleo del ciénago de los fondos de acequias, ríos y canales en las zonas más bajas de esta región europea era bastante común porque no olvidemos el valor nutritivo de estos fondos, como la historia del Egipto antiguo nos enseña.
En el este de Holanda se empleaba un método de fertilización conocido como abono de terrón, que tenía distintas calidades si se obtenía de los brezales, henares, los terrenos pantanosos, a lo largo de las cunetas de los caminos o en los campos. Los terrones son masas compactas de tierra. Si era pobre esta tierra se podía mezclar el abono con estiércol animal. A medida que avanza el tiempo, los campesinos de los Países Bajos desarrollaron un uso cada vez más sofisticado del abono, ya que comenzaron a diferenciar las mezclas que formaban de abonos de terrón con estiércol de establo en función de los cultivos, lo que demuestra un conocimiento empírico de las virtudes químicas de los distintos componentes de dicha mezcla9.
Por fin, desde finales del siglo XVIII, comienza a generalizarse un empleo racional de otros abonos, ya existentes en el pasado, como la marga en Inglaterra que solucionó el problema de la acidez de los campos, secularmente cultivados de cereales y con falta de abonos, aunque este uso tenía sus inconvenientes porque podía sustraer otros nutrientes como la potasa y, por eso, en Norfolk, cuna de la revolución agrícola, se empleaba en cantidades más reducidas, pero con mayor asiduidad. De todas las maneras, en esta zona se hacía también una mezcla, aunque mucha más sofisticada de las descritas y compuesta de marga, greda, yeso, conchas de ostras, algas marinas, tierra calcinada, lodo, pescado, tortas de colza, ceniza, alforfón, estiércol de jardín, hojas y nuestro protagonista: el estiércol urbano. Pero esta elaborada mezcla y su empleo se deben circunscribir realmente a esta zona, porque en el resto de Gran Bretaña no era tan común. De hecho, en Escocia no se abonaba más que una pequeña parte de las tierras de cultivo.
En esta época ilustrada, tan propicia a los avances científicos, comenzaron a emplearse sucedáneos artificiales cuando escaseaba el abono de tipo natural. Destacará, sin lugar a dudas, la labor de Liveing con una sustancia que tendría también poderes insecticidas, realmente algo prematura, pero que iría abriendo el camino para que los químicos alemanes y franceses del pleno siglo XIX, cuando la fisiología vegetal avanzase y se conociera científicamente qué materias son las más adecuadas como nutrientes, terminaran desarrollando los nuevos fertilizantes artificiales.
1Véase, al respecto, lo que nos informa LUENGO, J., Historia de la agricultura en Europa y América, Madrid, 1975, págs. 184-185 y 193-195.
2La obra se publicó en 1599. Serres fue un destacadísimo agrónomo francés de la época de Enrique IV. La obra forma parte de la literatura agronómica de la Edad Moderna, donde se enseña al propietario a gobernar, cultivar y acrecentar la hacienda de su casa rústica. El propio autor tenía la suya propia.
3La cita procede de su fundamental obra, Elementos teórico-prácticos de Agricultura, y que se tradujo al castellano por parte de Casimiro Gómez Ortega en el año 1805. La obra se divide en doce libros, y la cita estaría en el libro sexto. Los autores del informe consultaron la obra original francesa por razones obvias de fechas. La segunda edición en castellano se hizo en 1813.
4En su Curso completo o diccionario universal de agricultura teórica-practica.., .obra traducida al castellano por Juan Álvarez Guerra, en Madrid, 1797-1803.
5ALONSO DE HERRERA, G., Agricultura, edición de J. Urbano Martínez Carreras, Madrid, 1970, capítulo V, pág. 14.
6Este personaje fue prior del Temple en Perpiñan. Nació en Banyoles, publicando en catalán su Llibre dels secrets de Agricultura,..,Barcelona, 1617. Fue traducido al castellano en una edición de 1722, con la adición de un quinto libro. Después salieron más ediciones en dicho siglo. Fue una obra muy conocida y citada.
7SLICHER VAN BATH, B.H., Historia agraria de Europa occidental. 500-1850, Barcelona, 1978 (2ª edición), pág. 374.
8Ibidem, págs. 376-378.
9Ibídem, págs. 378 y ss.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.