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Voltaire. Ferney. II


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Entre los muchos que visitaron Ferney, también se encuentra James Boswell, el futuro biógrafo del doctor Johnson. Al llegar, primero se le dice que Voltaire está enfermo y, que no pude recibirle, por tener que guardar cama. En realidad, Voltaire se levanta hasta siete u ocho veces cada día y, acaba manteniendo brillantes conversaciones, con un Boswell desconcertado, por la vigorosa vitalidad de su anfitrión, así como por el hospitalario ambiente, que reina en el castillo.

El achacoso anciano despliega una actividad frenética. Dirige Ferney, como si fuera el presidente de una pequeña república. Cuida de sus negocios, para continuar engrosando su fortuna. Escribe un promedio de treinta cartas diarias. Encarga una edición, de las obras completas de Corneille. Polemiza con todo dios y, concibe los mejores frutos de su vasta producción.

En medio de todo ello, decide reivindicar la memoria de un hugonote (calvinista francés) que ha sido torturado y ajusticiado, debido a los prejuicios religiosos. Voltaire estudiará con detalle, todos los pormenores del proceso, analizando su verisimilitud, hasta lograr que sea revocada la sentencia y, se indemnice a la viuda. Se trata del conocido caso Calas, que dará lugar al célebre “Tratado sobre la tolerancia”.

Hasta entonces, la intolerancia había sido considerada como una virtud. Había que defender las propias convicciones y, preservar los dogmas, de los ataques heterodoxos. Pero Voltaire invoca el sentido común, para combatir los prejuicios del fanatismo. Se dieron otros casos, como el del joven caballero de La Barre, o el de los Sirven, que le reportaron por toda Europa, fama de defensor quijotesco de la justicia. Paralelamente, publica su primera versión, de su “Diccionario filosófico portátil” (1764).

Es también en esa época, cuando Voltaire acuña su famoso lema “Ecrasez l’Infâme”. Hay diversas maneras de traducirlo: Desde “¡Aplastar al infame!” a “¡Erradicad la intolerancia del fanatismo!” Porque la lucha es contra todo lo que sea nocivo, para que impere la sensatez, aunque ciertamente la intolerancia, de los fanatismos religiosos, encarne de un modo paradigmático, la infamia. Sin embargo, cuando en 1764, los enciclopedistas saludaron con júbilo, la expulsión de los jesuitas de suelo francés, Voltaire se muestra más cauto y, viene a decir, que más valía lo malo conocido, acogiendo a varios jesuitas errantes, como fue el caso del padre Adam, que llegó a vivir trece años en Ferney, como capellán del castillo, aunque su principal función, fuera jugar todas las noches, la intocable partida de ajedrez con Voltaire.

Hacia 1768 se produce una crisis en Ferney, cuando Voltaire expulsa de su morada a su sobrina, por vender unos manuscritos, que había decidido mantener en secreto. Pero al año, su sobrina regresa, tras hacer las paces entre ellos, una vez más.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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