005 La Antártida. La época heroica (I)
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Los viajeros decimonónicos al Sexto Continente, habían delimitado la superficie que ocupaba, habían navegado sus contornos y, descubierto algunas de sus islas perimetrales, pero nada se había hecho para penetrar, siquiera cien metros en su interior. Medio siglo después de la expedición de James Clark Ross, la tierra antártica continental, virgen de toda huella humana, seguía siendo absolutamente desconocida.
Entretanto, los interese estratégicos evolucionaban y, surgían otros planteamientos. Pensando en un mundo completamente inhóspito y que, a simple vista, no ofrecía nada aprovechable – ni riquezas naturales, ni tierras cultivables, ni gente – no podían ser objetivos comerciales, los que abriesen el camino, hacia el punto geográfico más meridional del planeta, La causa científica, en cambio, seguía estando justificada, aunque por sí sola no hubiera precipitado las cosas. Pero a su lado, en las postrimerías del siglo XIX, marchaban los afanes imperialistas, de la vieja Europa, factor decisivo en el cambio de rumbo, que se avecinaba. África estaba siendo el ejemplo ¿Cuál de los países comprometidos en su exploración, había renunciado a las consiguientes reclamaciones territoriales? Y ahora que sus posibilidades se agotaban, surgía la Antártida en el horizonte, como último reducto a conquistar. El reconocimiento y la ocupación, de aquella grandiosa tierra virgen, helada o no, pasaban a ser así, una cuestión de orgullo nacional. Manteniendo el paralelismo africano, el público y la prensa, necesitaban celebrar nuevas hazañas exploratorias. Resumiendo: las circunstancias se habían vuelto propicias, para iniciar la carrera por el descubrimiento y la posesión, del Continente Blanco.
Todas estas inquietudes tuvieron cabida y respuesta, en el sexto Congreso Geográfico Internacional, celebrado en Londres en 1895, bajo la presidencia de sir Clements Markham – quien también presidía la Royal Geographical Society – a través del cual se aprobó por unanimidad, una resolución dirigida al mundo. El acta final reflejaba las siguientes conclusiones:
“La exploración de las regiones antárticas, constituye la más grande de las empresas geográficas, en vía de realización… En vistas del ensanchamiento de los horizontes humanos, de que aquella se derivarán, las entidades científicas de todo el orbe civilizado, deberían hacer cuanto estuviera en su mano, para conseguir que dicha tarea se acometiese, antes de concluir el presente siglo”.
En teoría al menos, el Congreso abrió la puerta, a la que se ha dado en llamar la “época heroica” de las exploraciones antárticas, con la conquista del Polo Sur, como última y elevada meta. La primera de las que figuran bajo este epígrafe, fue la del barón belga Adrien de Gerlache (1897-1899), patrocinada por el gobierno y la Sociedad de Geografía de su país. A bordo de su barco, el “Belgique”, Gerlache puso proa a la península antártica. Su segundo piloto era un noruego de 25 años, espigado y despierto, completamente bisoño en el quite con los hielos y, los endiablados vientos australes, que no tardaría en escalar, las cimas de la gloria: Roald Amundsen. Aquella era su experiencia inaugural, en el Continente Blanco y, le proporcionó una inmejorable ocasión de curtirse, ya que el “Belgique”, aprisionado en la banquisa desde marzo de 1898, fue arrastrado sin rumbo fijo, a lo largo del litoral peninsular. El encierro duró 13 meses y, obligó a la tripulación a soportar la primera invernada, de la que se tiene noticia, en una zona antártica.
En 1899, en el séptimo Congreso Geográfico Internacional de Berlín, se concretó el envío, prácticamente simultáneo, de tres expediciones, al despuntar el nuevo siglo. La inglesa (1901-1904) estaba encabezada por Robert Falcon Scott, en el “Discovery”; la alemana (1901-1903) la dirigía el profesor Erich Drygalski, en el “Gauss” y, la sueca, por último, fue puesta bajo el mando de Otto Nordenskjöld, en el “Antartic” (1901-1903). Es la primera de ellas la que más me interesa, toda vez que supuso, la irrupción conjunta, en el escenario polar austral, de dos de los protagonistas indiscutibles, de la época heroica: Scott y Shackleton.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.