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El doctor Goyanes y los socialistas sobre la atención de los enfermos de cáncer en Madrid (1927)


(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

En febrero de 1927 la Comisión provincial de la Diputación de Madrid decidió que no ingresaran en la sala de enfermos de cáncer del Hospital de San Juan de Dios los enfermos que no fueran vecinos de Madrid y de su provincia.

El acuerdo tenía que ver con razones económicas, y chocó con el proceder del doctor Goyanes, director de la sala. José Goyanes fue un prestigioso médico gallego que en, entre otras actividades, se preocupó por el cáncer. A la muerte de Eulogio Cervera, que dirigía un laboratorio en el Instituto Rubio, la Corona decidió apoyar la lucha contra el cáncer, por lo que se creó el Instituto Príncipe de Asturias con carácter asistencial y el Pabellón Victoria Eugenia para la investigación que, con el tiempo constituyeron el Instituto Nacional del Cáncer. Se inauguró en 1922 y Goyanes fue nombrado su director. Después se crearía la Liga Española contra el Cáncer, en la que Goyanes ocupó la presidencia de la Junta Ejecutiva. Estuvo al frente del Instituto hasta el año 1935.

Pues bien, como decíamos, el doctor Goyanes no entendía de estas cuestiones económicas, y dada su intensa vocación, enviaba los pacientes a la sala, sin preguntar su procedencia geográfica. El médico consideró que la decisión de la Diputación era una equivocación lamentable, aludiendo a un caso concreto de un enfermo abulense que remitió a la sala, denunciando que “por lo visto no tenía derecho a que se le atendiera”. Así pues, consideró la medida como injusta e intolerable. Si las Diputaciones no tenían dinero debían ser obligadas a pagar, afirmando que eso no era de su incumbencia. Si el veía un enfermo era su obligación socorrerle, fuera de “Madrid o de la China”.

Para los socialistas la actitud del doctor Goyanes era un ejemplo de dignidad. El derecho de un enfermo a ser curado por el médico especializado en combatir el mal que padecía era sagrado.

Así pues, la Diputación Provincial de Madrid, siempre según el juicio de los socialistas, no estaría acertada al negarse a aceptar enfermos que no fueran de Madrid. La vida de una persona, “de una sola”, valía mucho más que el dinero que pensaba ahorrarse la institución.

Hemos consultado el número del 12 de febrero de 1927 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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