Talleyrand. Primer cargo importante. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Finalmente, se le permitió a Talleyrand licenciarse en teología el 2 de marzo de 1778, una vez más antes de la edad legal, gracia a la intervención directa del rey, movido por dos cartas del generoso arzobispo de Reims. El trato de Charles-Maurice con la teología y los teólogos, le permitió extraer de sus estudios lo único que contaba para él: convertirse en un dialéctico temible.
Ya podía, pues, culminar la primera etapa de su formación y carrera eclesiástica, mediante la recepción del orden sagrado. Antes de acercarse al “instante supremo”, hizo por lo menos un par de visitas a dos personajes, el primero desaparecido, a los que admiraba fervorosamente: Richelieu y Voltaire. Armand Jean du Plessis (fallecido el 4 de diciembre de 1642), cardenal-duque de Richelieu, duque de Fronsac y par de Francia, fue un cardenal, noble y estadista francés, que dirigió sabiamente la política de Francia, durante los últimos años de Luis XIII y la minoría de Luis XIV.
Como primer ministro consolidó la monarquía francesa, luchando contra las distintas fracciones internas y, para contrarrestar el poder de la nobleza, transformó Francia en un fuerte Estado centralizado. Hombre intrigante y mujeriego, la famosísima novela de Alejandro Dumas Los tres mosqueteros, lo han hecho mundialmente conocido como el “clérigo villano” por antonomasia, pero es indudable que fue un buen político, famoso, además, por su mecenazgo del arte y, por fundar la “Académie française”.
Tras su muerte, ocurrida el 4 de diciembre de 1642, fue enterrado, de acuerdo con sus deseos, en la capilla de la Sorbona y, fue allí donde Charles-Maurice fue a visitarlo para “pedirle inspiración”. Richelieu fue un teólogo tan mediocre como Talleyrand, pero de una inmensa energía. Por eso el ordenado Talleyrand, fue a mantener un último diálogo “de tú a tú”, con uno de los hombres de los que más creía haber aprendido.
Charles-Maurice también quiso hacerse “ordenar”, por el hombre que en aquel momento era el profeta de moda: Voltaire. Talleyrand se arrodilló delante de él y, le pidió que le impusiera las manos. Lo admiraba mucho por su manera de pensar, su sentido del humor y, sobre todo, por su falta de respeto a todo y a todos. Fuera del mundo de Voltaire pensaba, solo había miseria, tiranía e imbecilidad. En cambio, en el universo del autor del Diccionario filosófico portátil, percibía una felicidad razonable, constituida por riqueza (¡!), libertad y decoro. El mudo al cual él aspiraba. Y que, sin lugar a dudas, de haber sido posible, hubiera deseado para toda Francia.
Pues eso.
(Continuará. )
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.