La masonería como secta política y social para el Congreso Antimasónico de 1896
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La masonería para el catolicismo de finales del siglo XIX, a través del Congreso Antimasónico de Trento de 1896, era, además de una secta contra la Iglesia, también una secta política. Su objetivo fundamental era trabajar para influir en todos los gobiernos para ponerlos a su servicio, promoviendo en todas partes la rebelión.
¿Qué pretendería la masonería con la revolución? La respuesta era categórica: el establecimiento de la “república universal”, basada en la “guerra contra la soberanía de Dios, sobre la destrucción de las libertades y franquicias locales, la abolición de las fronteras y la perversión del sentimiento que después del amor de Dios había inspirado a la humanidad”.
La masonería buscaba introducir leyes anticristianas en los distintos pueblos.
Pero, además, sería responsable directa del socialismo porque habría sustituido el ideal cristiano de bienestar social por su ideal particular, la jerarquía social cristiana gobernada por la justicia y “templada por la caridad” por una pretendida igualdad de todos los hombres entre sí. Pero, además, la masonería combatiría la idea cristiana de la vida futura donde cada uno sería recompensando según sus obras. La única felicidad consistiría para los masones en gozar los bienes materiales mundanos, además de defender que todos tendrían derecho a participar por igual de dicha felicidad. En realidad, si se nos permite el comentario, el catolicismo estaba haciendo una definición muy exacta del socialismo, especialmente sobre la igualdad y el derecho de todos a la felicidad en este mundo.
La masonería trabajaría en el terreno social para acabar con el cristianismo creando sociedades secretas que, aparentemente, titulaba como sociedades de seguros sobre la vida, de previsión o de socorros mutuos, sociedades científicas y filantrópicas, además de procurar introducirse en otras sociedades de este género para llevarlas a sus fines.
La filantropía masónica iría en contra de la caridad cristiana porque buscaba el amor “puramente natural del hombre por el hombre” y eso era incapaz de servir de lazo entre la humanidad y Dios. Pero, además, dicha filantropía se ejercitaba solamente entre masones, siendo muchas veces perjudicial a la sociedad civil, aunque no se expresaba de qué forma.
La masonería buscaría corromper la familia y para ello pretendía corromper a la mujer. Por eso había pretendido introducir a las mujeres en las logias y, además, habría promovido el movimiento “feminista” o de emancipación de la mujer, con el fin de llevar el desorden a las familias, con la apariencia de “satisfacer el deseo vago de una reforma imposible”.
La masonería, por lo demás, con el fin de acostumbrar a los hombres a prescindir de la Iglesia en la vida social, trataba de suprimir las fiestas religiosas, reemplazándolas por otras puramente civiles.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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