La mujer visigoda. Segunda parte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La mujer en el mundo visigodo tuvo también su presencia, como en todas las épocas históricas, por mucho que los historiadores tradicionales hayan obviado el papel de las mismas. Las mujeres de condición privilegiada tuvieron un evidente protagonismo aprovechando las oportunidades de un sistema que era regido y organizado por hombres y para hombres. Es evidente que las mujeres de condición social humilde no tuvieron ese protagonismo, pero sin ellas la subsistencia de un reino hubiera sido imposible.
La época visigoda fue pródiga en reinas muy activas. A veces la supuesta invisibilidad de las mujeres en la historia es fruto de una lectura apresurada de las fuentes o porque el historiador busca otras cosas en esos textos. Así, por ejemplo, sabemos de la existencia de Hilduara, esposa de Gundemaro, y gracias al pésame que le dirigió un personaje importante por la muerte de aquella. En esa hora de la muerte, importante debió ser la reina Reciberga, esposa del rey Chindasvinto, porque Eugenio de Toledo compuso un epitafio a su memoria. Brunequilda fue acreedora de poemas en su honor de Gregorio de Tours y Verancio Fortunato. Son algunos ejemplos que, al menos, nos permiten desmentir esa invisibilidad.
Muchas de las reinas visigodas pertenecían a la propia aristocracia goda, pero también hubo reyes que se casaron con mujeres que procedían de las clases altas hispanorromanas. Ataúlfo se casó con Gala Placidia, que no era hispanorromana, pero perteneció a la familia imperial romana. El rey Teudis se desposó con una rica heredera hispanorromana, cuya riqueza fue fundamental para que pudiera asentarse en el trono. Cuando se fue produciendo el proceso de homogeneización entre los dos grupos de población esta tendencia fue desapareciendo. Es más, hubo casos de matrimonios con mujeres de condición social ajena a la condición nobiliaria. El caso más conocido fue el de Baddo, que se unió con Recaredo en una relación de unión no religiosa propia de los germanos, asimilable al concubinato. Después de conseguir ser rey, Recaredo la elevó a condición de reina, siendo aceptada por la asamblea del III Concilio de Toledo, al que asistió, llegando a participar y firmando las conclusiones, lo que demostraría su cultura y valía política. En este sentido, consiguió que su padre alcanzase un relevante puesto cortesano.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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