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Agricultura y fascismo italiano


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El fascismo fue completamente respetuoso con la empresa privada, pero también es cierto que supuso una clara intensificación de la intervención del Estado en la economía.

Se adoptó una política, con mucha propaganda, que empleaba el símil militar para fomentar la economía italiana. Estaríamos hablando de las “batallas”, algo muy propio del belicismo militar fascista. En primer lugar, tendríamos que hablar de la “batalla del trigo”, adoptada en 1925. El objetivo era conseguir el autoabastecimiento de grano para evitar comprarlo fuera y que supusiera la salida de divisas. Se pusieron en marcha tierras marginales, se desecaron campos y se convenció a muchos campesinos para que abandonaran cultivos en favor del trigo. Mussolini se puso al frente de la propaganda, presentándose trabajando como si fuera un campesino. Todo italiano vinculado con la agricultura debía movilizarse porque en ello iba el prestigio del país. Pero esta batalla económica fue, en realidad, intensamente antieconómica. Ciertamente, se consiguió un ahorro en relación con el trigo porque se importó mucho menos, pero el haber abandonado algunos cultivos muy rentables pasó su factura. Eso fue muy evidente en relación con los productos hortifrutícolas que hasta entonces generaban regularmente muchos beneficios. En el sur ocurrió otro fenómeno muy negativo. Al expandirse el cultivo de cereal se hizo a costa de los pastos, fundamentales para alimentar a la ganadería. Hubo menos ganado y, por consiguiente, una caída considerable de fertilizantes naturales, y eso no era nada positivo para el suelo. Por fin, la “batalla del trigo” entraba en contradicción con la “batalla de los nacimientos”, es decir, con la política pronatalista del régimen. El crecimiento sustantivo de los nacimientos necesitaba más del progreso de la agricultura intensiva, precisamente, la que fue sacrificada en aras de las espigas que simbolizaban más, siempre según el fascismo.

En relación con la agricultura, en todo caso, se emprendieron campañas para desecar terrenos pantanosos y marismas, se fomentó el regadío y la repoblación forestal. Muy famosa fue, al respecto, la desecación de los pantanos pontinos, cerca de Roma, trayendo colonos del norte y levantando nuevas poblaciones. Pero en estos ámbitos también hubo un realidad negativa. Por un lado, el régimen se olvidó de áreas periféricas, menos “mediáticas” que la de los pantanos pontinos, pero, sobre todo, que en las tierras recuperadas la producción no experimentó un crecimiento considerable.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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