Los romanos llegan a la península Ibérica
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
El interés de los romanos por la península Ibérica se derivó de su enfrentamiento con los cartagineses por el dominio del Mediterráneo Occidental, en lo que se conocen como las Guerras Púnicas, iniciadas en el siglo III antes de nuestra era. La victoria romana conquistando Sicilia, Córcega y Cerdeña, y que supuso un duro golpe para la economía de los cartagineses, les obligó a reorientar su estrategia hacia la península Ibérica, que ya contaba con asentamientos propios, y donde no había todavía presencia romana. En el 237 antes de nuestra era, Amílcar Barca desembarcó en Gades y en poco tiempo consiguió dominar gran parte de Andalucía. Su yerno, Asdrúbal fundó Carthago Nova, la actual Cartagena. La expansión cartaginesa se limitó por el Tratado del Ebro firmado con los romanos en el 226 a.C. Por su parte, Aníbal Barca, hijo de Amílcar, decidió conquistar Sagunto y eso irritó a los romanos porque era una ciudad que disfrutaba de su protección. La guerra estaba servida, ante el temor de Roma de que los cartagineses quisieran expandirse más hacia el norte.
Los romanos conquistaron la península Ibérica entre el 218 y el 19 a.C. en un intenso y largo período que incluyó la Segunda Guerra Púnica y las Guerras Civiles en Roma que terminaron con la República. Las poblaciones indígenas tuvieron su papel, además, en estos acontecimientos que trascendían la propia península Ibérica, ya que optaron por voluntad propia u obligados en estos conflictos.
En relación con el nordeste peninsular nos interesará la primera etapa de este proceso de conquista, coincidiendo con la guerra contra los cartagineses y las revueltas ibéricas, es decir, entre el 218 y el 195 a.C. Los romanos desembarcaron en Emporion, pero no comenzaron muy bien sus campañas, porque fueron derrotados en algunas batallas y murieron los generales Cneo y Publio Cornelio Escipión. Pero su hijo Publio se rehízo y consiguió derrotar a los cartagineses en las batallas de Becula e Ilipa en el 206 a.C.
En ese momento, la península Ibérica adquirió un protagonismo geopolítico evidente como teatro donde se estaba dirimiendo la hegemonía en el Mediterráneo occidental, pero, además, como un lugar donde no pocos militares pudieran desarrollar sus ambiciones de poder y enriquecerse. Como consecuencia de ello, hubo revueltas, protagonizadas especialmente por los turdetanos y los ilergetes, pero fueron derrotadas.
Después vendrían otras dos etapas de guerras y conquistas en el interior peninsular con las conocidas como Guerras celtíberas y lusitanas (195-133 a.C.) y las Guerras cántabras, entre el 29 y el 19 a.C., con intervención personal de Augusto.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.