El vestido visigodo
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La túnica fue el vestido de casi a toda la época medieval, por lo menos hasta finales del siglo XIV, eso sí, con distintos formatos. Vendría a ser la derivación de la toga y el manto romanos a los que se unieron elementos de los pueblos germánicos, pero también de otros más sofisticados de los bizantinos.
La túnica era un vestido holgado con un corte sencillo, muy uniforme y, en consecuencia, bastante impersonal. Se llevaba sobre el cuerpo o bien sobre otra túnica más sencilla del interior. La túnica era bastante parecida sino igual para hombres y para mujeres, y para todas las edades. Seguramente el largo de la túnica era mayor si se destinaba a vestir a una mujer. Las túnicas estaban tejidas con lana, lino o cáñamo. Los musulmanes que también influyeron en la vestimenta, incorporarían tejidos de alta calidad y valor, como el algodón y la seda.
Los hispanorromanos no cambiaron mucho su forma de vestir cuando llegaron los visigodos, aunque también es cierto, y lo sabemos, de nuevo, gracias a las Etimología de San Isidoro, así como por restos arqueológicos, que trajeron las calzas y elementos de adorno que llevaban los nobles y los guerreros.
Aunque la túnica era la vestimenta común también había ropa interior en esta época de transición entre la Antigüedad tardía y la Edad Media. Los hombres y las mujeres usaban calzones y bragas, y que envolvían los muslos. Solían ser de lana o lino, y algunas personas llevaba aún otra prenda más interior de lienzo.
En cuestión de calzados estaban los pedules, que eran como botines, que se abrochaban con cuerdas o cintas.
Los hombres visigodos, por lo tanto, llevaban túnica o sayo, que era otra forma de denominar esta prenda. Si era la prenda común también es cierto que se desarrolló una tipología de túnicas. En primer lugar, estaba la túnica con mangas, que ya se usaba en el Imperio Romano desde el siglo III. También estaba la túnica talar, claramente romana, que llegaba, como su nombre indica, hasta los talones. Esta túnica fue muy popular en Bizancio a partir del siglo IV. Luego estarían las túnicas adornadas con listas o franjas verticales o clavi. Gracias a las Etimologías, fuente inagotable de información, y que comenzó a emplearse en el siglo VII, sería la túnica pectoralis, y que era corta. Por su parte, la túnica escarlata o coccina era de color rojo, mientras que la túnica armilausa, y que no parece que tuviera ningún origen romano, era partida y abierta por dental y por detrás.
Sobre la túnica de los hombres se llevaba un cinturón de gruesa hebilla que se denominaba cíngulum. Estas hebillas abundan en todos los yacimientos de necrópolis visigodas. Los visigodos eran muy amigos de este tipo de elementos de metal, como lo demostraría la profusión de broches de cinturón circulares y las fíbulas para sostener las túnicas, una a cada lado, de tipo de pinza o a modo de alfiler o imperdible, muy trabajadas como vimos en el capítulo del arte visigodo.
En tiempos del invierno la túnica no era suficiente para sobrellevar el frío, por lo que se hacía necesario una prenda de abrigo, es decir, los mantos. Uno era redondo y se llevaba recogido en el brazo izquierdo, pero había más modelos. Estaba el denominado clámide, que era corto y semicircular, y que se anudaba sobre el hombro. San Isidoro escribe también sobre el mantum hispani, que por su nombre parece que era una prenda autóctona. Este manto solamente cubría hasta las manos. Debió ser muy frecuente, por lo menos hasta el siglo X, es decir, más allá de la época visigoda. Por fin, estaba el pallium o manto rectangular, que llevaba una pinza. Así pues, aunque hemos afirmado que la túnica daba cierta impersonalidad al vestido de ambos sexos, los visigodos consiguieron con la variedad de las túnicas y, sobre todo, con los mantos ofrecer una diversidad más sugerente en las vestimentas.
Antes hemos aludido a las calzas. Pues bien, eran unas prendas destinadas para las piernas, y que llegaban hasta la cintura. Había tres tipos, como se nos explica en las Etimologías. Eran las bracae, femoralia y trubucos. Las dos primeras eran cortas, aunque las segundas eran algo más grandes. Los trubucos vendrían a ser una especie de precedente de los pantalones, y se ataban a los tobillos.
Los varones visigodos, por fin, eran muy partidarios de lucir melena. Algunos remataban el pelo largo en bucle a la altura de las orejas.
En cuanto a la vestimenta de las mujeres existía, como hemos visto, también la túnica, pero hay que mencionar que las damas pertenecientes a la aristocracia heredaron el lujo tradicional de las clases elevadas romanas, con el regillum, el peplum o manto de las matronas que se bordaba con púrpura, la palla y la estola. En la época visigoda se empleó mucho el manto conocido como amiculum, que habían llevado las prostitutas en Roma. Pues bien, en el reino visigodo se convirtió en una prenda que simbolizaba la honestidad, lo que no deja de ser curioso.
De Oriente llegaron el theristrum y el sindon o anaboladium, un manto de lino que protegía los hombros femeninos.
Las mujeres casadas llevan un tocado especial, el denominado capitulare, mientas que la solteras solían lucir el cabello suelto. Esta costumbre perduró durante la Edad Media, identificándose esta forma de llevar el pelo con las jóvenes.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.